Parashot 1 de marzo 2025
Isaías 53-54, Hechos 7-8 y Tehilim 94
Isaías 53
¿Quién dio crédito a nuestra noticia? Y el brazo de Yahweh ¿a quién se le reveló?
Creció como un retoño delante de él, como raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni presencia; (le vimos) y no tenía aspecto que pudiésemos estimar.
Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta.
¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Elohim y humillado.
El ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados.
Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno marchó por su camino, y Yahweh descargó sobre él la culpa de todos nosotros.
Fue oprimido, y él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él abrió la boca.
Tras arresto y juicio fue arrebatado, y de sus contemporáneos, ¿quién se preocupa? Fue arrancado de la tierra de los vivos; por las rebeldías de su pueblo ha sido herido;
y se puso su sepultura entre los malvados y con los ricos su tumba, por más que no hizo atropello ni hubo engaño en su boca.
Mas plugo a Yahweh quebrantarle con dolencias. Si se da a sí mismo en expiación, verá descendencia, alargará sus días, y lo que plazca a Yahweh se cumplirá por su mano.
Por las fatigas de su alma, verá luz, se saciará. Por su conocimiento justificará mi Siervo a muchos y las culpas de ellos él soportará.
Por eso le daré su parte entre los grandes y con poderosos repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado, cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes."
Isaías 54
Grita de júbilo, estéril que no das a luz, rompe en gritos de júbilo y alegría, la que no ha tenido los dolores; que más son los hijos de la abandonada, que los hijos de la casada, dice Yahweh.
Ensancha el espacio de tu tienda las cortinas extiende, no te detengas; alarga tus sogas, tus clavijas asegura;
porque a derecha e izquierda te expandirás, tu prole heredará naciones y ciudades desoladas poblarán.
No temas, que no te avergonzarás, ni te sonrojes, que no quedarás confundida, pues la vergüenza de tu mocedad olvidarás, y la afrenta de tu viudez no recordarás jamás.
Porque tu esposo es tu Hacedor, Yahweh Sebaot es su nombre; y el que te rescata, el Santo de Israel, Elohim de toda la tierra se llama.
Porque como a mujer abandonada y de contristado espíritu, te llamó Yahweh; y la mujer de la juventud ¿es repudiada? - dice tu Elohim.
Por un breve instante te abandoné, pero con gran compasión te recogeré.
En un arranque de furor te oculté mi rostro por un instante, pero con amor eterno te he compadecido - dice Yahweh tu Redentor.
Será para mí como en tiempos de Noé: como juré que no pasarían las aguas de Noé más sobre la tierra, así he jurado que no me irritaré mas contra ti ni te amenazaré.
Porque los montes se correrán y las colinas se moverán, mas mi amor de tu lado no se apartará y mi alianza de paz no se moverá - dice Yahweh, que tiene compasión de ti.
Pobrecilla, azotada por los vientos, no consolada, mira que yo asiento en carbunclos tus piedras y voy a cimentarte con zafiros.
Haré de rubí tus baluartes, tus puertas de piedras de cuarzo y todo tu término de piedras preciosas.
Todos tus hijos serán discípulos de Yahweh, y será grande la dicha de tus hijos.
En justicia serás consolidada. Manténte lejos de la opresión, pues ya no temerás, y del terror, pues no se acercará a ti.
Si alguien te ataca, no será de parte mía; quienquiera que te ataque, contra ti se estrellará.
He aquí que yo he creado al herrero, que sopla en el fuego las brasas y saca los instrumentos para su trabajo.
Yo he creado al destructor para aniquilar. Ningún arma forjada contra ti tendrá éxito, e impugnarás a toda lengua que se levante a juicio contigo. Tal será la heredad de los siervos de Yahweh y las victorias que alcanzarán por mí - oráculo de Yahweh
Hechos 7
El Sumo Sacerdote preguntó: «¿Es así?»
El respondió: «Hermanos y padres, escuchad. El Elohim de la gloria se apareció a nuestro padre Abraham cuando estaba en Mesopotamia, antes de que se estableciese en Jarán
y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela y vete a la tierra que yo te muestre.
Entonces salió de la tierra de los caldeos y se estableció en Jarán. Y después de morir su padre, Elohim le hizo emigrar de allí a esta tierra que vosotros habitáis ahora.
Y no le dio en ella en heredad ni la medida de la planta del pie; sino que prometió dársela en posesión a él y a su descendencia después de él, aunque no tenía ningún hijo.
Elohim habló así: Tus descendientes residirán como forasteros en tierra extraña y les esclavizarán y les maltratarán durante cuatrocientos años.
Pero yo juzgaré - dijo Elohim - a la nación a la que sirvan como esclavos, y después saldrán y me darán culto en este mismo lugar.
Le dio, además, la alianza de la circuncisión; y así, al engendrar a Isaac, Abraham le circuncidó el octavo día, y lo mismo Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas.
«Los patriarcas, envidiosos de José, le vendieron con destino a Egipto. Pero Elohim estaba con él
y le libró de todas sus tribulaciones y le dio gracia y sabiduría ante Faraón, rey de Egipto, quien le nombró gobernador de Egipto y de toda su casa.
Sobrevino entonces en todo Egipto y Canaán hambre y gran tribulación; nuestros padres no encontraban víveres.
Pero al oír Jacob que había trigo en Egipto, envió a nuestros padres una primera vez;
la segunda vez José se dio a conocer a sus hermanos y conoció Faraón el linaje de José.
José envió a buscar a su padre Jacob y a toda su parentela que se componía de 75 personas.
Jacob bajó a Egipto donde murió él y también nuestros padres;
y fueron trasladados a Siquem y depositados en el sepulcro que había comprado Abraham a precio de plata a los hijos de Jamor, padre de Siquem.
«Conforme se iba acercando el tiempo de la promesa que Elohim había hecho a Abraham, creció el pueblo y se multiplicó en Egipto,
hasta que se alzó un nuevo rey en Egipto que no se acordó de José.
Obrando astutamente contra nuestro linaje, este rey maltrató a nuestros padres hasta obligarles a exponer sus niños, para que no vivieran.
En esta coyuntura nació Moisés, que era hermoso a los ojos de Elohim. Durante tres meses fue criado en la casa de su padre;
después fue expuesto y le recogió la hija de Faraón, quien le crió como hijo suyo.
Moisés fue educado en toda la sabiduría de los egipcios y fue poderoso en sus palabras y en sus obras.
«Cuando cumplió la edad de cuarenta años, se le ocurrió la idea de visitar a sus hermanos, los hijos de Israel.
Y al ver que uno de ellos era maltratado, tomó su defensa y vengó al oprimido matando al egipcio.
Pensaba él que sus hermanos comprenderían que Elohim les daría la salvación por su mano; pero ellos no lo comprendieron.
Al día siguiente se les presentó mientras estaban peleándose y trataba de ponerles en paz diciendo: "Amigos, que sois hermanos, ¿por qué os maltratáis uno a otro?"
Pero el que maltrataba a su compañero le rechazó diciendo: "¿Quién te ha nombrado jefe y juez sobre nosotros?
¿Es que quieres matarme a mí como mataste ayer al egipcio?"
Al oír esto Moisés huyó y vivió como forastero en la tierra de Madián, donde tuvo dos hijos.
«Al cabo de cuarenta años se le apareció un ángel en el desierto del monte Sinaí, sobre la llama de una zarza ardiendo.
Moisés se maravilló al ver la visión, y al acercarse a mirarla, se dejó oír la voz del Señor:
"Yo soy el Elohim de tus padres, el Elohim de Abraham, de Isaac y de Jacob." Moisés temblaba y no se atrevía a mirar.
El Señor le dijo: "Quítate las sandalias de los pies, pues el lugar donde estás es tierra santa.
Bien vista tengo la opresión de mi pueblo que está en Egipto y he oído sus gemidos y he bajado a librarles. Y ahora ven, que te enviaré a Egipto."
«A este Moisés, de quien renegaron diciéndole: ¿quién te ha nombrado jefe y juez?, a éste envió Elohim como jefe y redentor por mano del ángel que se le apareció en la zarza.
Este les sacó, realizando prodigios y señales en la tierra de Egipto, en el mar Rojo y en el desierto durante cuarenta años.
Este es el Moisés que dijo a los israelitas: Elohim os suscitará un profeta como yo de entre vuestros hermanos.
Este es el que, en la asamblea del desierto, estuvo con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres; el que recibió palabras de vida para comunicárnoslas;
este es aquel a quien no quisieron obedecer nuestros padres, sino que le rechazaron para volver su corazón hacia Egipto,
y dijeron a Aarón: "Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque este Moisés que nos sacó de la tierra de Egipto no sabemos qué ha sido de él."
E hicieron aquellos días un becerro y ofrecieron un sacrificio al ídolo e hicieron una fiesta a las obras de sus manos.
Entonces Elohim se apartó de ellos y los entregó al culto del ejército del cielo, como está escrito en el libro de los Profetas: ¿Es que me ofrecisteis víctimas y sacrificios durante cuarenta años en el desierto, casa de Israel?
Os llevasteis la tienda de Moloc y la estrella del dios Refán, las imágenes que hicisteis para adorarlas; pues yo os llevaré más allá de Babilonia.
«Nuestros padres tenían en el desierto la Tienda del Testimonio, como mandó el que dijo a Moisés que la hiciera según el modelo que había visto.
Nuestros padres que les sucedieron la recibieron y la introdujeron bajo el mando de Josué en el país ocupado por los gentiles, a los que Elohim expulsó delante de nuestros padres, hasta los días de David,
que halló gracia ante Elohim y pidió encontrar una Morada para la casa de Jacob.
Pero fue Salomón el que le edificó Casa,
aunque el Altísimo no habita en casas hechas por mano de hombre como dice el profeta:
El cielo es mi trono y la tierra el escabel de mis pies. Dice el Señor: ¿Qué Casa me edificaréis? O ¿cuál será el lugar de mi descanso?
¿Es que no ha hecho mi mano todas estas cosas?
51 «¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! ¡Vosotros siempre resistís al Ruaj HaKodesh! ¡Como vuestros padres, así vosotros!
52 ¿A qué profeta no persiguieron vuestros padres? Ellos mataron a los que anunciaban de antemano la venida del Justo, de aquel a quien vosotros ahora habéis traicionado y asesinado;
53 vosotros que recibisteis la Ley por mediación de ángeles y no la habéis guardado.»
54 Al oír esto, sus corazones se consumían de rabia y rechinaban sus dientes contra él.
55 Pero él, lleno del Ruaj HaKodesh, miró fijamente al cielo y vio la gloria de Elohim y a Yeshúa que estaba en pie a la diestra de Elohim;
56 y dijo: «Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está en pie a la diestra de Elohim.»
57 Entonces, gritando fuertemente, se taparon sus oídos y se precipitaron todos a una sobre él;
58 le echaron fuera de la ciudad y empezaron a apedrearle. Los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo.
59 Mientras le apedreaban, Esteban hacía esta invocación: «Señor Yeshúa, recibe mi espíritu.»
60 Después dobló las rodillas y dijo con fuerte voz: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y diciendo esto, se durmió."
Hechos 8
Saulo aprobaba su muerte. Aquel día se desató una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Todos, a excepción de los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaria.
Unos hombres piadosos sepultaron a Esteban e hicieron gran duelo por él.
Entretanto Saulo hacía estragos en la Iglesia; entraba por las casas, se llevaba por la fuerza hombres y mujeres, y los metía en la cárcel.
Los que se habían dispersado iban por todas partes anunciando la Buena Nueva de la Palabra.
Felipe bajó a una ciudad de Samaria y les predicaba a Cristo.
La gente escuchaba con atención y con un mismo espíritu lo que decía Felipe, porque le oían y veían las señales que realizaba;
pues de muchos posesos salían los espíritus inmundos dando grandes voces, y muchos paralíticos y cojos quedaron curados.
Y hubo una gran alegría en aquella ciudad.
En la ciudad había ya de tiempo atrás un hombre llamado Simón que practicaba la magia y tenía atónito al pueblo de Samaria y decía que él era algo grande.
Y todos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención y decían: «Este es la Potencia de Elohim llamada la Grande.»
Le prestaban atención porque les había tenido atónitos por mucho tiempo con sus artes mágicas.
Pero cuando creyeron a Felipe que anunciaba la Buena Nueva del Reino de Elohim y el nombre de Jesucristo, empezaron a bautizarse hombres y mujeres.
Hasta el mismo Simón creyó y, una vez bautizado, no se apartaba de Felipe; y estaba atónito al ver las señales y grandes milagros que se realizaban.
Al enterarse los apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaria había aceptado la Palabra de Elohim, les enviaron a Pedro y a Juan.
Estos bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Ruaj HaKodesh;
pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; únicamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Yeshúa.
Entonces les imponían las manos y recibían el Ruaj HaKodesh.
Al ver Simón que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu, les ofreció dinero diciendo:
«Dadme a mí también este poder para que reciba el Ruaj HaKodesh aquel a quien yo imponga las manos.»
Pedro le contestó: «Vaya tu dinero a la perdición y tú con él; pues has pensado que el don de Elohim se compra con dinero.
En este asunto no tienes tú parte ni herencia, pues tu corazón no es recto delante de Elohim.
Arrepiéntete, pues, de esa tu maldad y ruega al Señor, a ver si se te perdona ese pensamiento de tu corazón;
porque veo que tú estás en hiel de amargura y en ataduras de iniquidad.»
Simón respondió: «Rogad vosotros al Señor por mí, para que no venga sobre mí ninguna de esas cosas que habéis dicho.»
Ellos, después de haber dado testimonio y haber predicado la Palabra del Señor, se volvieron a Jerusalén evangelizando muchos pueblos samaritanos.
El Ángel del Señor habló a Felipe diciendo: «Levántate y marcha hacia el mediodía por el camino que baja de Jerusalén a Gaza. Es desierto.»
Se levantó y partió. Y he aquí que un etíope eunuco, alto funcionario de Candace, reina de los etíopes, que estaba a cargo de todos sus tesoros, y había venido a adorar en Jerusalén,
regresaba sentado en su carro, leyendo al profeta Isaías.
El Espíritu dijo a Felipe: «Acércate y ponte junto a ese carro.»
Felipe corrió hasta él y le oyó leer al profeta Isaías; y le dijo: «¿Entiendes lo que vas leyendo?»
El contestó: «¿Cómo lo puedo entender si nadie me hace de guía?» Y rogó a Felipe que subiese y se sentase con él.
El pasaje de la Escritura que iba leyendo era éste: «Fue llevado como una oveja al matadero; y como cordero, mudo delante del que lo trasquila, así él no abre la boca.
En su humillación le fue negada la justicia; ¿quién podrá contar su descendencia? Porque su vida fue arrancada de la tierra.»
El eunuco preguntó a Felipe: «Te ruego me digas de quién dice esto el profeta: ¿de sí mismo o de otro?»
Felipe entonces, partiendo de este texto de la Escritura, se puso a anunciarle la Buena Nueva de Yeshúa.
Siguiendo el camino llegaron a un sitio donde había agua. El eunuco dijo: «Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?»
Y mandó detener el carro. Bajaron ambos al agua, Felipe y el eunuco; y lo bautizó,
y en saliendo del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe y ya no le vio más el eunuco, que siguió gozoso su camino.
Felipe se encontró en Azoto y recorría evangelizando todas las ciudades hasta llegar a Cesarea.
Tehilim 94
¡Elohim de las venganzas, Yahweh, Elohim de las venganzas, aparece!
¡Levántate, juez de la tierra, da su merecido a los soberbios!
¿Hasta cuándo los impíos, Yahweh, hasta cuándo triunfarán los impíos?
Cacarean, dicen insolencias, se pavonean todos los agentes de mal.
A tu pueblo, Yahweh, aplastan, a tu heredad humillan.
Matan al forastero y a la viuda, asesinan al huérfano.
Y dicen: «No lo ve Yahweh, el Elohim de Jacob no se da cuenta.»
¡Comprended, estúpidos del pueblo!, insensatos, ¿cuándo vais a ser cuerdos?
El que plantó la oreja, ¿no va a oír? El que formó los ojos, ¿no ha de ver?
El que corrige a las naciones, ¿no ha de castigar? El que el saber al hombre enseña,
Yahweh, conoce los pensamientos del hombre, que no son más que un soplo.
Dichoso el hombre a quien corriges tú, Yahweh, a quien instruyes por tu ley,
para darle descanso en los días de desgracia, mientras se cava para el impío la fosa.
Pues Yahweh no dejará a su pueblo, no abandonará a su heredad;
sino que el juicio volverá a la justicia, y en pos de ella todos los de recto corazón.
¿Quién se alzará por mí contra los malvados? ¿quién estará por mí contra los agentes de mal?
Si Yahweh no viniese en mi ayuda, bien presto mi alma moraría en el silencio.
Cuando digo: «Vacila mi pie», tu amor, Yahweh, me sostiene;
en el colmo de mis cuitas interiores, tus consuelos recrean mi alma.
¿Eres aliado tú de un tribunal de perdición, que erige en ley la tiranía?
Se atropella la vida del justo, la sangre inocente se condena.
Mas Yahweh es para mí una ciudadela, mi Elohim la roca de mi amparo;
él hará recaer sobre ellos su maldad, los aniquilará por su malicia, Yahweh, nuestro Elohim, los aniquilará.

