Parashot 11 de febrero 2023
Job 3–4, I Corintios 9–10 y Tehilim 137
Job 3
Después de esto, abrió Job la boca y maldijo su día.
Tomó Job la palabra y dijo:
¡Perezca el día en que nací, y la noche que dijo: «Un varón ha sido concebido!»
El día aquel hágase tinieblas, no lo requiera Elohim desde lo alto, ni brille sobre él la luz.
Lo reclamen tinieblas y sombras, un nublado se cierna sobre él, lo estremezca un eclipse.
Sí, la oscuridad de él se apodere, no se añada a los días del año, ni entre en la cuenta de los meses.
Y aquella noche hágase inerte, impenetrable a los clamores de alegría.
Maldíganla los que maldicen el día, los dispuestos a despertar a Leviatán.
Sean tinieblas las estrellas de su aurora, la luz espere en vano, y no vea los párpados del alba.
Porque no me cerró las puertas del vientre donde estaba, ni ocultó a mis ojos el dolor.
¿Por qué no morí cuando salí del seno, o no expiré al salir del vientre?
¿Por qué me acogieron dos rodillas? ¿por qué hubo dos pechos para que mamara?
Pues ahora descansaría tranquilo, dormiría ya en paz,
con los reyes y los notables de la tierra, que se construyen soledades;
o con los príncipes que poseen oro y llenan de plata sus moradas.
O ni habría existido, como aborto ocultado, como los fetos que no vieron la luz.
Allí acaba la agitación de los malvados, allí descansan los exhaustos.
También están tranquilos los cautivos, sin oír más la voz del capataz.
Chicos y grandes son allí lo mismo, y el esclavo se ve libre de su dueño.
¿Para qué dar la luz a un desdichado, la vida a los que tienen amargada el alma,
a los que ansían la muerte que no llega y excavan en su búsqueda más que por un tesoro,
a los que se alegran ante el túmulo y exultan cuando alcanzan la tumba,
a un hombre que ve cerrado su camino, y a quien Yahweh tiene cercado?
Como alimento viene mi suspiro, como el agua se derraman mis lamentos.
Porque si de algo tengo miedo, me acaece, y me sucede lo que temo.
No hay para mí tranquilidad ni calma, no hay reposo: turbación es lo que llega.
Job 4
Elifaz de Temán tomó la palabra y dijo:
Si se intentara hablarte, ¿lo soportarías? Pero ¿quién puede contener sus palabras?
Mira, tú dabas lección a mucha gente, infundías vigor a las manos caídas;
tus razones sostenían al que vacilaba, robustecías las rodillas endebles.
Y ahora que otro tanto te toca, te deprimes, te alcanza el golpe a ti, y todo te turbas.
¿No es tu confianza la piedad, y tu esperanza tu conducta intachable?
¡Recuerda! ¿Qué inocente jamás ha perecido? ¿dónde han sido los justos extirpados?
Así lo he visto: los que labran maldad y siembran vejación, eso cosechan.
Bajo el aliento de Adonay perecen éstos, desaparecen al soplo de su ira.
Ruge el león, brama la leona, mas los dientes de los leoncillos quedan rotos.
Perece el león falto de presa, y los cachorros de la leona se dispersan.
A mí se me ha dicho furtivamente una palabra, mi oído ha percibido su susurro.
En las pesadillas por las visiones de la noche, cuando a los hombres el letargo invade,
un temblor me entró, un escalofrío, que estremeció todos mis huesos…
Se escurre un soplo por mi rostro, eriza los pelos de mi carne.
Alguien surge… no puedo reconocer su cara; una imagen delante de mis ojos. Silencio…, después oigo una voz:
«¿Es justo ante Yahweh algún mortal? ¿ante su Hacedor es puro un hombre?
Si no se fía de sus mismos servidores, y aun a sus ángeles achaca desvarío,
¡cuánto más a los que habitan estas casas de arcilla, ellas mismas hincadas en el polvo! Se les aplasta como a una polilla;
de la noche a la mañana quedan pulverizados. Para siempre perecen sin advertirlo nadie;
se les arranca la cuerda de su tienda, y mueren privados de sabiduría.»
I Corintios 9
¿No soy yo libre? ¿No soy yo apóstol? ¿Acaso no he visto yo a Yeshúa, Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor?
Si para otros no soy yo apóstol, para vosotros sí que lo soy; pues ¡vosotros sois el sello de mi apostolado en el Señor!
He aquí mi defensa contra mis acusadores.
¿Por ventura no tenemos derecho a comer y beber?
¿No tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer cristiana, como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas?
¿Acaso únicamente Bernabé y yo estamos privados del derecho de no trabajar?
¿Quién ha militado alguna vez a cosa propia? ¿Quién planta una viña y no come de sus frutos? ¿Quién apacienta un rebaño y no se alimenta de la leche del rebaño?
¿Hablo acaso al modo humano o no lo dice también la Ley?
Porque está escrito en la Ley de Moisés: «No pondrás bozal al buey que trilla.» ¿Es que se preocupa Yahweh de los bueyes?
O bien, ¿no lo dice expresamente por nosotros? Por nosotros ciertamente se escribió, pues el que ara, en esperanza debe arar; y el que trilla, con la esperanza de recibir su parte.
Si en vosotros hemos sembrado bienes espirituales, ¡qué mucho que recojamos de vosotros bienes materiales!
Si otros tienen estos derechos sobre vosotros, ¿no los tenemos más nosotros? Sin embargo, nunca hemos hecho uso de estos derechos. Al contrario, todo lo soportamos para no crear obstáculo alguno al Evangelio de Yeshúa.
¿No sabéis que los ministros del templo viven del templo? ¿Que los que sirven al altar, del altar participan?
Del mismo modo, también el Señor ha ordenado que los que predican el Evangelio vivan del Evangelio.
Mas yo, de ninguno de esos derechos he hecho uso. Y no escribo esto para que se haga así conmigo. ¡Antes morir que…! Mi timbre de gloria ¡nadie lo eliminará!
Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio!
Si lo hiciera por propia iniciativa, ciertamente tendría derecho a una recompensa. Mas si lo hago forzado, es una misión que se me ha confiado.
Ahora bien, ¿cuál es mi recompensa? Predicar el Evangelio entregándolo gratuitamente, renunciando al derecho que me confiere el Evangelio.
Efectivamente, siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda.
Con los judíos me he hecho judío para ganar a los judíos; con los que están bajo la Ley, como quien está bajo la Ley — aun sin estarlo — para ganar a los que están bajo ella.
Con los que están sin ley, como quien está sin ley para ganar a los que están sin ley, no estando yo sin ley de Elohim sino bajo la ley de Yeshúa.
Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos.
Y todo esto lo hago por el Evangelio para ser partícipe del mismo.
¿No sabéis que en las carreras del estadio todos corren, mas uno solo recibe el premio? ¡Corred de manera que lo consigáis!
Los atletas se privan de todo; y eso ¡por una corona corruptible!; nosotros, en cambio, por una incorruptible.
Así pues, yo corro, no como a la ventura; y ejerzo el pugilato, no como dando golpes en el vacío,
sino que golpeo mi cuerpo y lo esclavizo; no sea que, habiendo proclamado a los demás, resulte yo mismo descalificado.
I Corintios 10
No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar;
y todos fueron bautizados en Moisés, por la nube y el mar;
y todos comieron el mismo alimento espiritual;
y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que les seguía; y la roca era Yeshúa.
Pero la mayoría de ellos no fueron del agrado de Elohim, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.
Estas cosas sucedieron en figura para nosotros para que no codiciemos lo malo como ellos lo codiciaron.
No os hagáis idólatras al igual de algunos de ellos, como dice la Escritura: «Sentóse el pueblo a comer y a beber y se levantó a divertirse.»
Ni forniquemos como algunos de ellos fornicaron y cayeron muertos 23.000 en un solo día.
Ni tentemos al Señor como algunos de ellos le tentaron y perecieron víctimas de las serpientes.
Ni murmuréis como algunos de ellos murmuraron y perecieron bajo el Exterminador.
Todo esto les acontecía en figura, y fue escrito para aviso de los que hemos llegado a la plenitud de los tiempos.
Así pues, el que crea estar en pie, mire no caiga.
No habéis sufrido tentación superior a la medida humana. Y fiel es Yahweh que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la tentación os dará modo de poderla resistir con éxito.
Por eso, queridos, huid de la idolatría.
Os hablo como a prudentes. Juzgad vosotros lo que digo.
La copa de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Yeshúa? Y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Yeshúa?
Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan.
Fijaos en el Israel según la carne. Los que comen de las víctimas ¿no están acaso en comunión con el altar?
¿Qué digo, pues? ¿Que lo inmolado a los ídolos es algo? O ¿que los ídolos son algo?
Pero si lo que inmolan los gentiles, ¡lo inmolan a los demonios y no a Yahweh! Y yo no quiero que entréis en comunión con los demonios.
No podéis beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios.
¿O es que queremos provocar los celos del Señor? ¿Somos acaso más fuertes que él?
«Todo es lícito», mas no todo es conveniente. «Todo es lícito», mas no todo edifica.
Que nadie procure su propio interés, sino el de los demás.
Comed todo lo que se vende en el mercado sin plantearos cuestiones de conciencia;
pues del Señor es la tierra y todo cuanto contiene.
Si un infiel os invita y vosotros aceptáis, comed todo lo que os presente sin plantearos cuestiones de conciencia.
Mas si alguien os dice: «Esto ha sido ofrecido en sacrificio», no lo comáis, a causa del que lo advirtió y por motivos de conciencia.
No me refiero a tu conciencia, sino a la del otro; pues ¿cómo va a ser juzgada la libertad de mi conciencia por una conciencia ajena?
Si yo tomo algo dando gracias, ¿por qué voy a ser reprendido por aquello mismo que tomo dando gracias?
Por tanto, ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Yahweh.
No deis escándalo ni a judíos ni a griegos ni a la Iglesia de Yahweh;
lo mismo que yo, que me esfuerzo por agradar a todos en todo, sin procurar mi propio interés, sino el de la mayoría, para que se salven.
Tehilim 137
A orillas de los ríos de Babilonia estábamos sentados y llorábamos, acordándonos de Sión;
en los álamos de la orilla teníamos colgadas nuestras cítaras.
Allí nos pidieron nuestros deportadores cánticos, nuestros raptores alegría: «¡Cantad para nosotros un cantar de Sión!»
¿Cómo podríamos cantar un canto de Yahweh en una tierra extraña?
¡Jerusalén, si yo de ti me olvido, que se seque mi diestra!
¡Mi lengua se me pegue al paladar si de ti no me acuerdo, si no alzo a Jerusalén al colmo de mi gozo!
Acuérdate, Yahweh, contra los hijos de Edom, del día de Jerusalén, cuando ellos decían: ¡Arrasad, arrasadla hasta sus cimientos!
¡Hija de Babel, devastadora, feliz quien te devuelva el mal que nos hiciste,
feliz quien agarre y estrelle contra la roca a tus pequeños!

