Parashot 12 de abril 2025
Isaías 65-66, Hechos 19-20 y Tehilim 100
Isaías 65
Me he hecho encontradizo de quienes no preguntaban por mí; me he dejado hallar de quienes no me buscaban. Dije: «Aquí estoy, aquí estoy» a gente que no invocaba mi nombre.
Alargué mis manos todo el día hacia un pueblo rebelde que sigue un camino equivocado en pos de sus pensamientos;
pueblo que me irrita en mi propia cara de continuo, que sacrifican en los jardines y queman incienso sobre ladrillos;
que habitan en tumbas y en antros hacen noche; que comen carne de cerdo y bazofia descompuesta en sus cacharros;
los que dicen: «Quédate ahí, no te llegues a mí, que te santificaría.» Estos son humo en mi nariz, fuego que abrasa siempre.
Mirad que está escrito delante de mí: no callaré hasta no haber puesto su paga en su seno,
la de vuestras culpas y las de vuestros padres juntamente - dice Yahweh - que quemaron incienso en los montes y en las colinas me afrentaron; pero yo voy a medirles la paga de su obra y se la pondré en su seno.
Así dice Yahweh: Como cuando se encuentra mosto en el racimo y se dice: «No lo eches a perder, porque es una bendición», así haré yo por amor de mis siervos, evitando destruirlos a todos.
Sacaré de Jacob simiente y de Judá heredero de mis montes; los heredarán mis elegidos y mis siervos morarán allí.
Sarón será majada de ovejas y el valle de Akor corral de vacas para mi pueblo, los que me buscaron.
Mas vosotros, los que abandonáis a Yahweh, los que olvidáis mi monte santo, los que ponéis una mesa a Gad y llenáis una copa a Mení,
Yo os destino a la espada y todos vosotros caeréis degollados, porque os llamé y no respondisteis, hablé y no oísteis, sino que hicisteis lo que me desagrada, y lo que no me gusta elegisteis.
Por tanto, así dice el Señor Yahweh: Mirad que mis siervos comerán, mas vosotros tendréis hambre; mirad que mis siervos beberán, mas vosotros tendréis sed; mirad que mis siervos se alegrarán, mas vosotros padeceréis vergüenza;
mirad que mis siervos cantarán con corazón dichoso, mas vosotros gritaréis con corazón triste, y con espíritu quebrantado gemiréis.
Dejaréis vuestro nombre a mis elegidos para que sirva de imprecación: «¡Así te haga morir el Señor Yahweh...!», pero a sus siervos les dará un nombre nuevo
tal que, quien desee ser bendecido en la tierra, deseará serlo en el Elohim del Amén, y quien jurare en la tierra, jurará en el Elohim del Amén; cuando se hayan olvidado las angustias primeras, y cuando estén ocultas a mis ojos.
Pues he aquí que yo creo cielos nuevos y tierra nueva, y no serán mentados los primeros ni vendrán a la memoria;
antes habrá gozo y regocijo por siempre jamás por lo que voy a crear. Pues he aquí que yo voy a crear a Jerusalén «Regocijo», y a su pueblo «Alegría»;
me regocijaré por Jerusalén y me alegraré por mi pueblo, sin que se oiga allí jamás lloro ni quejido.
No habrá allí jamás niño que viva pocos días, o viejo que no llene sus días, pues morir joven será morir a los cien años, y el que no alcance los cien años será porque está maldito.
Edificarán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán su fruto.
No edificarán para que otro habite, no plantarán para que otro coma, pues cuanto vive un árbol vivirá mi pueblo, y mis elegidos disfrutarán del trabajo de sus manos.
No se fatigarán en vano ni tendrán hijos para sobresalto, pues serán raza bendita de Yahweh ellos y sus retoños con ellos.
Antes que me llamen, yo responderé; aún estarán hablando, y yo les escucharé.
Lobo y cordero pacerán a una, el león comerá paja como el buey, y la serpiente se alimentará de polvo, no harán más daño ni perjuicio en todo mi santo monte - dice Yahweh."
Isaías 66
Así dice Yahweh: Los cielos son mi trono y la tierra el estrado de mis pies, Pues ¿qué casa vais a edificarme, o qué lugar para mi reposo,
si todo lo hizo mi mano, y es mío todo ello? - Oráculo de Yahweh -. Y ¿en quién voy a fijarme? En el humilde y contrito que tiembla a mi palabra.
Se inmola un buey, se abate un hombre, se sacrifica una oveja, se desnuca un perro, se ofrece en oblación sangre de cerdo, se hace un memorial de incienso, se bendice a los ídolos. Ellos mismos eligieron sus propios caminos y en sus monstruos abominables halló su alma complacencia.
También yo elegiré el vejarlos y sus temores traeré sobre ellos, por cuanto que llamé y nadie respondió, hablé y no escucharon, sino que hicieron lo que me parece mal y lo que no me gusta eligieron.
Escuchad la palabra de Yahweh, los que tembláis a su palabra. Dijeron vuestros hermanos que os aborrecen, que os rechazan por causa de mi nombre: «Que Yahweh muestre su gloria y veamos vuestra alegría.» Pero ellos quedarán avergonzados.
Voz estruendosa viene de la ciudad, voz del Templo: la voz de Yahweh que paga el merecido a sus enemigos.
Antes de tener dolores dio a luz, antes de llegarle el parto dio a luz varón.
¿Quién oyó tal? ¿Quién vio cosa semejante? ¿Es dado a luz un país en un solo día? ¿O nace un pueblo todo de una vez? Pues bien: Tuvo dolores y dio a luz Sión a sus hijos.
¿Abriré yo el seno sin hacer dar a luz - dice Yahweh - o lo cerraré yo, que hago dar a luz? - Dice tu Elohim.
Alegraos, Jerusalén, y regocijaos por ella todos los que la amáis, llenaos de alegría por ella todos los que por ella hacíais duelo;
de modo que maméis y os hartéis del seno de sus consuelos, de modo que chupéis y os deleitéis de los pechos de su gloria.
Porque así dice Yahweh: Mirad que yo tiendo hacia ella, como río la paz, y como raudal desbordante la gloria de las naciones, seréis alimentados, en brazos seréis llevados y sobre las rodillas seréis acariciados.
Como uno a quien su madre le consuela, así yo os consolaré (y por Jerusalén seréis consolados).
Al verlo se os regocijará el corazón, vuestros huesos como el césped florecerán, la mano de Yahweh se dará a conocer a sus siervos, y su enojo a sus enemigos.
Pues he aquí que Yahweh en fuego viene y como torbellino son sus carros, para desfogar su cólera con ira y su amenaza con llamas de fuego.
Porque con fuego Yahweh va a juzgar y con su espada a toda carne, y serán muchas las víctimas de Yahweh.
Los que se consagran y los que se purifican en los jardines, detrás de uno que está en medio, que comen carne de cerdo, cosas inmundas y de rata, a una serán eliminados con sus acciones y sus pensamientos, - oráculo de Yahweh -.
Yo vengo a reunir a todas las naciones y lenguas; vendrán y verán mi gloria.
Pondré en ellos señal y enviaré de ellos algunos escapados a las naciones: a Tarsis, Put y Lud, Mések, Ros, Túbal, Yaván; a las islas remotas que no oyeron mi fama ni vieron mi gloria. Ellos anunciarán mi gloria a las naciones.
Y traerán a todos vuestros hermanos de todas las naciones como oblación a Yahweh - en caballos, carros, literas, mulos y dromedarios - a mi monte santo de Jerusalén - dice Yahweh - como traen los hijos de Israel la oblación en recipiente limpio a la Casa de Yahweh.
Y también de entre ellos tomaré para sacerdotes y levitas - dice Yahweh.
Porque así como los cielos nuevos y la tierra nueva que yo hago permanecen en mi presencia - oráculo de Yahweh - así permanecerá vuestra raza y vuestro nombre.
Así pues, de luna en luna nueva y de sábado en sábado, vendrá todo el mundo a prosternarse ante mí - dice Yahweh.
Y en saliendo, verán los cadáveres de aquellos que se rebelaron contra mí; su gusano no morirá su fuego no se apagará, y serán el asco de todo el mundo."
Hechos 19
Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó las regiones altas y llegó a Éfeso donde encontró algunos discípulos;
les preguntó: «¿Recibisteis el Ruaj HaKodesh cuando abrazasteis la fe?» Ellos contestaron: «Pero si nosotros no hemos oído decir siquiera que exista el Ruaj HaKodesh.»
Él replicó: «¿Pues qué bautismo habéis recibido?» - «El bautismo de Juan», respondieron.
Pablo añadió: «Juan bautizó con un bautismo de conversión, diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, o sea en Yeshúa.»
Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Yeshúa.
Y, habiéndoles Pablo impuesto las manos, vino sobre ellos el Ruaj HaKodesh y se pusieron a hablar en lenguas y a profetizar.
Eran en total unos doce hombres.
Entró en la sinagoga y durante tres meses hablaba con valentía, discutiendo acerca del Reino de Elohim e intentando convencerles.
Pero como algunos, obstinados e incrédulos, hablaban mal del Camino ante la gente, rompió con ellos y formó grupo aparte con los discípulos; y diariamente les hablaba en la escuela de Tirano.
Esto duró dos años, de forma que pudieron oír la Palabra del Señor todos los habitantes de Asia, tanto judíos como griegos.
Elohim obraba por medio de Pablo milagros no comunes,
de forma que bastaba aplicar a los enfermos los pañuelos o mandiles que había usado y se alejaban de ellos las enfermedades y salían los espíritus malos.
Algunos exorcistas judíos ambulantes intentaron también invocar el nombre del Señor Yeshúa sobre los que tenían espíritus malos, y decían: «Os conjuro por Yeshúa a quien predica Pablo.»
Eran siete hijos de un tal Esceva, sumo sacerdote judío, los que hacían esto.
Pero el espíritu malo les respondió: «A Yeshúa le conozco y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?»
Y arrojándose sobre ellos el hombre poseído del mal espíritu, dominó a unos y otros y pudo con ellos de forma que tuvieron que huir de aquella casa desnudos y cubiertos de heridas.
Llegaron a enterarse de esto todos los habitantes de Éfeso, tanto judíos como griegos. El temor se apoderó de todos ellos y fue glorificado el nombre del Señor Yeshúa.
Muchos de los que habían creído venían a confesar y declarar sus prácticas.
Bastantes de los que habían practicado la magia reunieron los libros y los quemaron delante de todos. Calcularon el precio de los libros y hallaron que subía a 50.000 monedas de plata.
De esta forma la Palabra del Señor crecía y se robustecía poderosamente.
Después de estos sucesos, Pablo tomó la decisión de ir a Jerusalén pasando por Macedonia y Acaya. Y decía: «Después de estar allí he de visitar también Roma.»
Envió a Macedonia a dos de sus auxiliares, Timoteo y Erasto, mientras él se quedaba algún tiempo en Asia.
Por entonces se produjo un tumulto no pequeño con motivo del Camino.
Cierto platero, llamado Demetrio, que labraba en plata templetes de Artemisa y proporcionaba no pocas ganancias a los artífices,
reunió a éstos y también a los obreros de este ramo y les dijo: «Compañeros, vosotros sabéis que a esta industria debemos el bienestar;
pero estáis viendo y oyendo decir que no solamente en Éfeso, sino en casi toda el Asia, ese Pablo persuade y aparta a mucha gente, diciendo que no son dioses los que se fabrican con las manos.
Y esto no solamente trae el peligro de que nuestra profesión caiga en descrédito, sino también de que el templo de la gran diosa Artemisa sea tenido en nada y venga a ser despojada de su grandeza aquella a quien adora toda el Asia y toda la tierra.»
Al oír esto, llenos de furor se pusieron a gritar: «¡Grande es la Artemisa de los efesios!»
La ciudad se llenó de confusión. Todos a una se precipitaron en el teatro arrastrando consigo a Gayo y a Aristarco, macedonios, compañeros de viaje de Pablo.
Pablo quiso entrar y presentarse al pueblo, pero se lo impidieron los discípulos.
Incluso algunos asiarcas, que eran amigos suyos, le enviaron a rogar que no se arriesgase a ir al teatro.
Unos gritaban una cosa y otros otra. Había gran confusión en la asamblea y la mayoría no sabía por qué se habían reunido.
Algunos de entre la gente aleccionaron a Alejandro a quien los judíos habían empujado hacia delante. Alejandro pidió silencio con la mano y quería dar explicaciones al pueblo.
Pero al conocer que era judío, todos a una voz se pusieron a gritar durante casi dos horas: «¡Grande es la Artemisa de los efesios!»
Cuando el magistrado logró calmar a la gente, dijo: «Efesios, ¿quién hay que no sepa que la ciudad de los efesios es la guardiana del templo de la gran Artemisa y de su estatua caída del cielo?
Siendo, pues, esto indiscutible, conviene que os calméis y no hagáis nada inconsideradamente.
Habéis traído acá a estos hombres que no son sacrílegos ni blasfeman contra nuestra diosa.
Si Demetrio y los artífices que le acompañan tienen quejas contra alguno, audiencias y procónsules hay; que presenten sus reclamaciones.
Y si tenéis algún otro asunto, se resolverá en la asamblea legal.
Porque, además, corremos peligro de ser acusados de sedición por lo de hoy, no existiendo motivo alguno que nos permita justificar este tumulto.» Dicho esto disolvió la asamblea."
Hechos 20
Cuando hubo cesado el tumulto, Pablo mandó llamar a los discípulos, los animó, se despidió de ellos y salió camino de Macedonia.
Recorrió aquellas regiones y exhortó a los fieles con largos discursos; después marchó a Grecia.
Pasó allí tres meses. Los judíos tramaron una conjuración contra él cuando estaba a punto de embarcarse para Siria; entonces él tomó la determinación de volver por Macedonia.
Le acompañaban Sópatros, hijo de Pirro, de Berea; Aristarco y Segundo, de Tesalónica; Gayo, de Doberes, y Timoteo; Tíquico y Trófimo, de Asia.
Estos se adelantaron y nos esperaron en Tróada.
Nosotros, después de los días de los Azimos, nos embarcamos en Filipos y al cabo de cinco días nos unimos a ellos en Tróada donde pasamos siete días.
El primer día de la semana, estando nosotros reunidos para la fracción del pan, Pablo, que debía marchar al día siguiente, conversaba con ellos y alargó la charla hasta la media noche.
Había abundantes lámparas en la estancia superior donde estábamos reunidos.
Un joven, llamado Eutico, estaba sentado en el borde de la ventana; un profundo sueño le iba dominando a medida que Pablo alargaba su discurso. Vencido por el sueño se cayó del piso tercero abajo. Lo levantaron ya cadáver.
Bajó Pablo, se echó sobre él y tomándole en sus brazos dijo: «No os inquietéis, pues su alma está en él.»
Subió luego; partió el pan y comió; después platicó largo tiempo, hasta el amanecer. Entonces se marchó.
Trajeron al muchacho vivo y se consolaron no poco.
Nosotros nos adelantamos a tomar la nave y partimos hacia Asso, donde habíamos de recoger a Pablo; así lo había él determinado; él iría por tierra.
Cuando nos alcanzó en Asso, le tomamos a bordo y llegamos a Mitilene.
Al día siguiente nos hicimos a la mar y llegamos a la altura de Quíos; al otro día atracamos en Samos y, después de hacer escala en Trogilión, llegamos al día siguiente a Mileto.
Pablo había resuelto pasar de largo por Éfeso, para no perder tiempo en Asia. Se daba prisa, porque quería estar, si le era posible, el día de Pentecostés en Jerusalén.
Desde Mileto envió a llamar a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso.
Cuando llegaron donde él, les dijo: «Vosotros sabéis cómo me comporté siempre con vosotros, desde el primer día que entré en Asia,
sirviendo al Señor con toda humildad y lágrimas y con las pruebas que me vinieron por las asechanzas de los judíos;
cómo no me acobardé cuando en algo podía seros útil; os predicaba y enseñaba en público y por las casas,
dando testimonio tanto a judíos como a griegos para que se convirtieran a Elohim y creyeran en nuestro Señor Yeshúa.
«Mirad que ahora yo, encadenado en el espíritu, me dirijo a Jerusalén, sin saber lo que allí me sucederá;
solamente sé que en cada ciudad el Ruaj HaKodesh me testifica que me aguardan prisiones y tribulaciones.
Pero yo no considero mi vida digna de estima, con tal que termine mi carrera y cumpla el ministerio que he recibido del Señor Yeshúa, de dar testimonio del Evangelio de la gracia de Elohim.
«Y ahora yo sé que ya no volveréis a ver mi rostro ninguno de vosotros, entre quienes pasé predicando el Reino.
Por esto os testifico en el día de hoy que yo estoy limpio de la sangre de todos,
pues no me acobardé de anunciaros todo el designio de Elohim.
«Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Ruaj HaKodesh como vigilantes para pastorear la Iglesia de Elohim, que él se adquirió con la sangre de su propio hijo.
«Yo sé que, después de mi partida, se introducirán entre vosotros lobos crueles que no perdonarán al rebaño;
y también que de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas, para arrastrar a los discípulos detrás de sí.
Por tanto, vigilad y acordaos que durante tres años no he cesado de amonestaros día y noche con lágrimas a cada uno de vosotros.
«Ahora os encomiendo a Elohim y a la Palabra de su gracia, que tiene poder para construir el edificio y daros la herencia con todos los santificados.
«Yo de nadie codicié plata, oro o vestidos.
Vosotros sabéis que estas manos proveyeron a mis necesidades y a las de mis compañeros.
En todo os he enseñado que es así, trabajando, como se debe socorrer a los débiles y que hay que tener presentes las palabras del Señor Yeshúa, que dijo: Mayor felicidad hay en dar que en recibir.»
Dicho esto se puso de rodillas y oro con todos ellos.
Rompieron entonces todos a llorar y arrojándose al cuello de Pablo, le besaban,
afligidos sobre todo por lo que había dicho: que ya no volverían a ver su rostro. Y fueron acompañándole hasta la nave."
Tehilim 100
¡Aclamad a Yahweh, toda la tierra,
servid a Yahweh con alegría, llegaos ante él entre gritos de júbilo!
Sabed que Yahweh es Elohim, él nos ha hecho y suyos somos, su pueblo y el rebaño de su pasto.
¡Entrad en sus pórticos con acciones de gracias, con alabanzas en sus atrios, dadle gracias, bendecid su nombre!
Porque es bueno Yahweh, para siempre su amor, por todas las edades su lealtad.

