Parashot 14 de septiembre 2024
Isaías 5-6, Lucas 4-5 y Tehilim 70
Isaías 5
Voy a cantar a mi amigo la canción de su amor por su viña. Una viña tenía mi amigo en un fértil otero.
La cavó y despedregó, y la plantó de cepa exquisita. Edificó una torre en medio de ella, y además excavó en ella un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agraces.
Ahora, pues, habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, venid a juzgar entre mi viña y yo:
¿Qué más se puede hacer ya a mi viña, que no se lo haya hecho yo? Yo esperaba que diese uvas. ¿Por qué ha dado agraces?
Ahora, pues, voy a haceros saber, lo que hago yo a mi viña: quitar su seto, y será quemada; desportillar su cerca, y será pisoteada.
Haré de ella un erial que ni se pode ni se escarde. crecerá la zarza y el espino, y a las nubes prohibiré llover sobre ella.
Pues bien, viña de Yahweh Sebaot es la Casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantío exquisito. Esperaba de ellos justicia, y hay iniquidad; honradez, y hay alaridos.
¡Ay, los que juntáis casa con casa, y campo a campo anexionáis, hasta ocupar todo el sitio y quedaros solos en medio del país!
Así ha jurado a mis oídos Yahweh Sebaot: «¡Han de quedar desiertas muchas casas; grandes y hermosas, pero sin moradores!
Porque diez yugadas de viña darán sólo una medida, y una carga de simiente producirá una medida.»
¡Ay, los que despertando por la mañana andan tras el licor; los que trasnochan, encandilados por el vino!
Sólo hay arpas y cítaras, pandero y flauta en sus libaciones, y no contemplan la obra de Yahweh, no ven la acción de sus manos.
Por eso fue deportado mi pueblo sin sentirlo, sus notables estaban muertos de hambre, y su plebe se resecaba de sed.
Por eso ensanchó el seol su seno dilató su boca sin medida, y a él baja su nobleza y su plebe y su turba gozosa.
Se humilla el hombre, se abaja el varón, los ojos de los altivos son abajados;
es ensalzado Yahweh Sebaot en jucio, el Elohim Santo muestra su santidad por su justicia.
Pacerán los corderos como en su pastizal, y entre las ruinas gordos cabritos ramonearán.
¡Ay, los que arrastran la culpa con coyundas de engaños y el pecado como con bridas de novilla!
Los que dicen: «¡Listo, apresure su acción, de modo que la veamos. Acérquese y venga el plan del Santo de Israel, y que lo sepamos!»
¡Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad; que dan amargo por dulce, y dulce por amargo!
¡Ay, los sabios a sus propios ojos, y para sí mismos discretos!
¡Ay, los campeones en beber vino, los valientes para escanciar licor,
los que absuelven al malo por soborno y quitan al justo su derecho.
Tal devora las espigas una lengua de fuego y el heno en llamas se derrumba: la raíz de ellos será como podre, y su flor subirá como tamo. Pues recusaron la enseñanza de Yahweh Sebaot y despreciaron el dicho del Santo de Israel.
Por eso se ha encendido la ira de Yahweh contra su pueblo, extendió su mano sobre él y le golpeó. Y mató a los príncipes: sus cadáveres yacían como basura en medio de las calles. Con todo eso, no se ha calmado su ira, y aún sigue extendida su mano.
Iza bandera a un pueblo desde lejos y le silba desde los confines de la tierra: vedlo aquí, rápido, viene ligero.
No hay en él quien se canse y tropiece, quien se duerma y se amodorre; nadie se suelta el cinturón de los lomos, ni se rompe la correa de su calzado.
Sus saetas son agudas y todos sus arcos están tensos. Los cascos de sus caballos semejan pedernal y sus ruedas, torbellino.
Tiene un rugido como de leona, ruge como los cachorros, brama y agarra la presa, la arrebata, y no hay quien la libre.
Bramará contra él aquel día como el bramido del mar, y oteará la tierra, y habrá densa oscuridad, pues la luz se habrá oscurecido en la espesa tiniebla.
Isaías 6
El año de la muerte del rey Ozías vi al Adon sentado en un trono excelso y elevado, y sus haldas llenaban el templo.
Unos serafines se mantenían erguidos por encima de él; cada uno tenía seis alas: con un par se cubrían la faz, con otro par se cubrían los pies, y con el otro par aleteaban,
Y se gritaban el uno al otro: «Santo, santo, santo, Yahweh Sebaot: llena está toda la tierra de su gloria.».
Se conmovieron los quicios y los dinteles a la voz de los que clamaban, y la Casa se llenó de humo.
Y dije: «¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros, y entre un pueblo de labios impuros habito: que al rey Yahweh Sebaot han visto mis ojos!»
Entonces voló hacia mí uno de los serafines con una brasa en la mano, que con las tenazas había tomado de sobre el altar,
y tocó mi boca y dijo: «He aquí que esto ha tocado tus labios: se ha retirado tu culpa, tu pecado está expiado.»
Y percibí la voz del Adon que decía: «¿A quién enviaré? ¿y quién irá de parte nuestra»? Dije: «Heme aquí: envíame.»
Dijo: «Ve y di a ese pueblo: "Escuchad bien, pero no entendáis, ved bien, pero no comprendáis."
Engorda el corazón de ese pueblo hazle duro de oídos, y pégale los ojos, no sea que vea con sus ojos. y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y se convierta y se le cure.»
Yo dije: «¿Hasta dónde, Adon?» Dijo: «Hasta que se vacíen las ciudades y queden sin habitantes, las casas sin hombres, la campiña desolada,
y haya alejado Yahweh a las gentes, y cunda el abandono dentro del país.
Aun el décimo que quede en él volverá a ser devastado como la encina o el roble, en cuya tala queda un tocón: semilla santa será su tocón.»
Lucas 4
Yeshúa, lleno de Ruaj Hakodesh, se volvió del Jordán, y era conducido por el Ruaj en el desierto,
durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre.
Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Elohim, di a esta piedra que se convierta en pan.»
Yeshúa le respondió: «Esta escrito: No sólo de pan vive el hombre.»
Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra;
y le dijo el diablo: «Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero.
Si, pues, me adoras, toda será tuya.»
Yeshúa le respondió: «Esta escrito: Adorarás al Adon tu Elohim y sólo a él darás culto.»
Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: «Si eres Hijo de Elohim, tírate de aquí abajo;
porque está escrito: A sus ángeles te encomendará para que te guarden.
Y: En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna.»
Yeshúa le respondió: «Está dicho: No tentarás al Adon tu Elohim.»
Acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno.
Yeshúa volvió a Galilea por la fuerza del Ruaj, y su fama se extendió por toda la región.
El iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos.
Vino a Nazará, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura.
Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito:
El Ruaj del Adon sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos
y proclamar un año de gracia del Adon.
Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él.
Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy.»
Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»
El les dijo: «Seguramente me vais a decir el refrán: Médico, cúrate a ti mismo. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria.»
Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria.»
«Os digo de verdad: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país;
y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón.
Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio.»
Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira;
y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle.
Pero él, pasando por medio de ellos, se marchó.
Bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba.
Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad.
Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces:
«¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Yeshúa de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Elohim.»
Yeshúa entonces le conminó diciendo: «Cállate, y sal de él.» Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño.
Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: «¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen.»
Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.
Saliendo de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella.
Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles.
A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba.
Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Elohim.» Pero él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Hamashiaj.
Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde él, trataban de retenerle para que no les dejara.
Pero él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Elohim, porque a esto he sido enviado.»
E iba predicando por las sinagogas de Judea.
Lucas 5
Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Elohim,
cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes.
Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.»
Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes.»
Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse.
Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.
Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Yeshúa, diciendo: «Aléjate de mí, Adon, que soy un hombre pecador.»
Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado.
Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Yeshúa dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.»
Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.
Y sucedió que, estando en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra que, al ver a Yeshúa, se echó rostro en tierra, y le rogó diciendo: «Adon, si quieres, puedes limpiarme.»
El extendió la mano, le tocó, y dijo: «Quiero, queda limpio.» Y al instante le desapareció la lepra.
Y él le ordenó que no se lo dijera a nadie. Y añadió: «Vete, muéstrate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.»
Su fama se extendía cada vez más y una numerosa multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades.
Pero él se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba.
Un día que estaba enseñando, había sentados algunos fariseos y doctores de la ley que habían venido de todos los pueblos de Galilea y Judea, y de Jerusalén. El poder del Adon le hacía obrar curaciones.
En esto, unos hombres trajeron en una camilla a un paralítico y trataban de introducirle, para ponerle delante de él.
Pero no encontrando por dónde meterle, a causa de la multitud, subieron al terrado, le bajaron con la camilla a través de las tejas, y le pusieron en medio, delante de Yeshúa.
Viendo Yeshúa la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados te quedan perdonados.»
Los escribas y fariseos empezaron a pensar: «¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Elohim?»
Conociendo Yeshúa sus pensamientos, les dijo: «¿Qué estáis pensando en vuestros corazones?
¿Qué es más fácil, decir: "Tus pecados te quedan perdonados", o decir: "Levántate y anda"?
Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados, - dijo al paralítico -: "A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".»
Y al instante, levantándose delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa, glorificando a Elohim.
El asombro se apoderó de todos, y glorificaban a Elohim. Y llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto cosas increíbles.»
Después de esto, salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme.»
El, dejándolo todo, se levantó y le siguió.
Leví le ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos, y de otros que estaban a la mesa con ellos.
Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: «¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?»
Les respondió Jesús: «No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal.
No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores.»
Ellos le dijeron: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben.»
Yeshúa les dijo: «¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?
Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días.»
Les dijo también una parábola: «Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo.
«Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder;
sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos.
Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: «El añejo es el bueno.»
Tehilim 70
Del maestro de coro. De David. En memoria.
¡Oh Elohim, ven a librarme, Yahweh, corre en mi ayuda!
¡Queden avergonzados y confusos los que buscan mi vida! ¡Atrás!, sean confundidos los que desean mi mal,
retrocedan de vergüenza los que dicen: ¡Ja, ja!
¡En ti se gocen y se alegren todos los que te buscan! ¡Repitan sin cesar: «Grande es Elohim», los que aman tu salvación!
¡Y yo, desventurado y pobre, oh Elohim, ven presto a mí! ¡Tú, mi socorro y mi libertador, Yahweh, no tardes!

