Parashot 16 de diciembre 2023
Cantar 5-6, II Pedro 3, I Juan 1 y Tehilim 31
Cantar 5
Ya he entrado en mi huerto, hermana mía, novia; he tomado mi mirra con mi bálsamo, he comido mi miel con mi panal, he bebido mi vino con mi leche. ¡Comed, amigos, bebed, oh queridos, embriagaos!
Yo dormía, pero mi corazón velaba. ¡La voz de mi amado que llama!: «¡Abreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, mi perfecta! Que mi cabeza está cubierta de rocío y mis bucles del relente de la noche.»
- «Me he quitado mi túnica, ¿cómo ponérmela de nuevo? He lavado mis pies, ¿cómo volver a mancharlos?»
¡Mi amado metió la mano por la hendedura; y por él se estremecieron mis entrañas.
Me levanté para abrir a mi amado, y mis manos destilaron mirra, mirra fluida mis dedos, en el pestillo de la cerradura.
Abrí a mi amado, pero mi amado se había ido de largo. El alma se me salió a su huída. Le busqué y no le hallé, le llamé, y no me repondió.
Me encontraron los centinelas, los que hacen la ronda en la ciudad. Me golpearon, me hirieron, me quitaron de encima mi chal los guardias de las murallas.
Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, si encontráis a mi amado, ¿qué le habéis de anunciar? Que enferma estoy de amor.
¿Qué distingue a tu amado de los otros, oh la más bella de las mujeres? ¿Qué distingue a tu amado de los otros, para que así nos conjures?
Mi amado es fúlgido y rubio, distinguido entre diez mil.
Su cabeza es oro, oro puro; sus guedejas, racimos de palmera, negras como el cuervo.
Sus ojos como palomas junto a arroyos de agua, bañándose en leche, posadas junto a un estanque.
Sus mejillas, eras de balsameras, macizos de perfumes. Sus labios son lirios que destilan mirra fluida.
Sus manos, aros de oro, engastados de piedras de Tarsis. Su vientre, de pulido marfil, recubierto de zafiros.
Sus piernas, columnas de alabastro, asentadas en basas de oro puro. Su porte es como el Líbano, esbelto cual los cedros.
Su paladar, dulcísimo, y todo él, un encanto. Así es mi amado, así mi amigo, hijas de Jerusalén.
Cantar 6
¿A dónde se fue tu amado, oh la más bella de las mujeres? ¿A dónde tu amado se volvió, para que contigo le busquemos?
Mi amado ha bajado a su huerto, a las eras de balsameras, a apacentar en los huertos, y recoger lirios.
Yo soy para mi amado y mi amado es para mí: él pastorea entre los lirios.
Hermosa eres, amiga mía, como Tirsá, encantadora, como Jerusalén, imponente como batallones.
Retira de mí tus ojos, que me subyugan. Tu melena cual rebaño de cabras que ondulan por el monte Galaad.
Tus dientes, un rebaño de ovejas, que salen de bañarse. Todas tienen mellizas, y entre ellas no hay estéril.
Tus mejillas, como cortes de granada a través de tu velo.
Sesenta son las reinas, ochenta las concubinas, (e innumerables las doncellas).
Unica es mi paloma, mi perfecta. Ella, la única de su madre, la preferida de la que la engendró. Las doncellas que la ven la felicitan, reinas y concubinas la elogian:
«¿Quién es ésta que surge cual la aurora, bella como la luna, refulgente como el sol, imponente como batallones?»
Al nogueral había yo bajado para ver la floración del valle, a ver si la vid estaba en cierne, y si florecían los granados.
¡Sin saberlo, mi deseo me puso en los carros de Aminadib!
II Pedro 3
Esta es ya, queridos, la segunda carta que os escribo; en ambas, con lo que os recuerdo, despierto en vosotros el recto criterio.
Acordaos de las predicciones de los santos profetas y del mandamiento de vuestros apóstoles que es el mismo del Adon y Salvador.
Sabed ante todo que en los últimos días vendrán hombres llenos de sarcasmo, guiados por sus propias pasiones,
que dirán en son de burla: «¿Dónde queda la promesa de su Venida? Pues desde que murieron los Padres, todo sigue como al principio de la creación».
Porque ignoran intencionadamente que hace tiempo existieron unos cielos y también una tierra surgida del agua y establecida entre las aguas por la Palabra de Elohim,
y que, por esto, el mundo de entonces pereció inundado por las aguas del diluvio,
y que los cielos y la tierra presentes, por esa misma Palabra, están reservados para el fuego y guardados hasta el día del Juicio y de la destrucción de los impíos.
Mas una cosa no podéis ignorar, queridos: que ante el Adon un día es como mil años y, mil años, como un día.
No se retrasa el Adon en el cumplimiento de la promesa, como algunos lo suponen, sino que usa de paciencia con vosotros, no queriendo que algunos perezcan, sino que todos lleguen a la conversión.
El Día del Adon llegará como un ladrón; en aquel día, los cielos, con ruido ensordecedor, se desharán; los elementos, abrasados, se disolverán, y la tierra y cuanto ella encierra se consumirá.
Puesto que todas estas cosas han de disolverse así, ¿cómo conviene que seáis en vuestra santa conducta y en la piedad,
esperando y acelerando la venida del Día de Elohim, en el que los cielos, en llamas, se disolverán, y los elementos, abrasados, se fundirán?
Pero esperamos, según nos lo tiene prometido, nuevos cielos y nueva tierra, en lo que habite la justicia.
Por lo tanto, queridos, en espera de estos acontecimientos, esforzaos por ser hallados en paz ante él, sin mancilla y sin tacha.
La paciencia de nuestro Adon juzgadla como salvación, como os lo escribió también Pablo, nuestro querido hermano, según la sabiduría que le fue otorgada.
Lo escribe también en todas las cartas cuando habla en ellas de esto. Aunque hay en ellas cosas difíciles de entender, que los ignorantes y los débiles interpretan torcidamente - como también las demás Escrituras - para su propia perdición.
Vosotros, pues, queridos, estando ya advertidos, vivid alerta, no sea que, arrastrados por el error de esos disolutos, os veáis derribados de vuestra firme postura.
Creced, pues, en la gracia y en el conocimiento de nuestro Adon y Salvador, Yeshúa. A él la gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.
I Juan 1
Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida,
pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la Vida eterna, que estaba vuelta hacia el Padre y que se nos manifestó
Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Yeshúa.
Os escribimos esto para que nuestro gozo sea completo.
Y este es el mensaje que hemos oído de él y que os anunciamos: Elohim es Luz, en él no hay tiniebla alguna.
Si decimos que estamos en comunión con él, y caminamos en tinieblas, mentimos y no obramos la verdad.
Pero si caminamos en la luz, como él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Yrshúa nos purifica de todo pecado.
Si decimos: «No tenemos pecado», nos engañamos y la verdad no está en nosotros.
Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia.
Si decimos: «No hemos pecado», le hacemos mentiroso y su Palabra no está en nosotros.
Tehilim 31
Del maestro de coro. Salmo. De David.
En ti, Yahweh, me cobijo, ¡oh, no sea confundido jamás! ¡Recóbrame por tu justicia, líbrame,
tiende hacia mí tu oído, date prisa! Sé para mí una roca de refugio, alcázar fuerte que me salve;
pues mi roca eres tú, mi fortaleza, y, por tu nombre, me guías y diriges.
Sácame de la red que me han tendido, que tú eres mi refugio;
en tus manos mi espíritu encomiendo, tú, Yahweh, me rescatas. Elohim de verdad,
tú detestas a los que veneran vanos ídolos; mas yo en Yahveh confío:
¡exulte yo y en tu amor me regocije! Tú que has visto mi miseria, y has conocido las angustias de mi alma,
no me has entregado en manos del enemigo, y has puesto mis pies en campo abierto.
Tenme piedad, Yahweh, que en angustias estoy. De tedio se corroen mis ojos, mi alma, mis entrañas.
Pues mi vida se consume en aflicción, y en suspiros mis años; sucumbe mi vigor a la miseria, mis huesos se corroen.
De todos mis opresores me he hecho el oprobio; asco soy de mis vecinos, espanto de mis familiares. Los que me ven en la calle huyen lejos de mí;
dejado estoy de la memoria como un muerto, como un objeto de desecho.
Escucho las calumnias de la turba, terror por todos lados, mientras se aúnan contra mí en conjura, tratando de quitarme la vida.
Mas yo confío en ti, Yahweh, me digo: «¡Tú eres mi Elohim!»
Está en tus manos mi destino, líbrame de las manos de mis enemigos y perseguidores;
haz que alumbre a tu siervo tu semblante, ¡sálvame, por tu amor!
Yahweh, no haya confusión para mí, que te invoco, ¡confusión sólo para los impíos; que bajen en silencio al seol,
enmudezcan los labios mentirosos que hablan con insolencia contra el justo, con orgullo y desprecio!
¡Qué grande es tu bondad, Yahweh! Tú la reservas para los que te temen, se la brindas a los que a ti se acogen, ante los hijos de Adán.
Tú los escondes en el secreto de tu rostro, lejos de las intrigas de los hombres; bajo techo los pones a cubierto de la querella de las lenguas.
¡Bendito sea Yahweh que me ha brindado maravillas de amor (en ciudad fortificada)!
¡Y yo que decía en mi inquietud: «Estoy dejado de tus ojos!» Mas tú oías la voz de mis plegarias, cuando clamaba a ti.
Amad a Yahweh, todos sus amigos; a los fieles protege Yahweh, pero devuelve muy sobrado al que obra por orgullo.
¡Valor, que vuestro corazón se afirme, vosotros todos que esperáis en Yahweh!

