Parashot 16 de julio 2022
Judit 6–7, Juan 14–15 y Tehilim 107
Judit 6
Calmado el tumulto provocado por los hombres que estaban en torno al Consejo. Holofernes, jefe supremo del ejército de Asiria, dijo a Ajior delante de todos los pueblos extranjeros y de los moabitas:
«¿Quién eres tú, Ajior, y quiénes los mercenarios de Ammón, que te permites hoy lanzar profecías entre nosotros y nos aconsejas que no luchemos contra esta ralea de Israel, porque su Elohim los cubrirá con su escudo? ¿Qué otro Poderoso hay fuera de Nabucodonosor? Este enviará su fuerza y los aniquilará de sobre la faz de la tierra, sin que su Elohim pueda librarlos.
Nosotros, sus siervos, los batiremos como si fueran sólo un hombre,
y no podrán resistir el empuje de nuestros caballos. Los pasaremos a fuego sin distinción. Sus montes se embriagarán de su sangre y sus llanuras se colmarán con sus cadáveres. No podrán mantenerse a pie firme ante nosotros y serán totalmente destruidos, dice el rey Nabucodonosor, Señor de toda la tierra. Porque lo ha dicho y no quedarán sin cumplimiento sus palabras.
Cuanto a ti, Ajior, mercenario ammonita, que has dicho estas palabras el día de tu iniquidad, a partir de ahora no verás ya mi rostro hasta el día en que tome venganza de esa ralea venida de Egipto.
Entonces, el hierro de mis soldados y la lanza de mis servidores te atravesará los costados y caerás junto a sus heridos, cuando yo me revuelva contra ellos.
Mis servidores te van a llevar a la montaña y te van a dejar en una de las ciudades que están en las subidas.
No perecerás sino cuando seas aniquilado justo con ellos.
Y no muestres un rostro tan abatido ya que en tu corazón esperas que no serán conquistados. Así lo digo y no dejará de cumplirse ni una sola de mis palabras.»
Holofernes ordenó a los servidores que estaban al servicio de su tienda que tomasen a Ajior, lo llevasen a Betulia y lo entregasen en manos de los israelitas.
Los servidores le agarraron y le condujeron fuera del campamento, a la llanura; y de la llanura abierta pasaron a la región montañosa, alcanzando las fuentes que había al pie de Betulia.
Cuando los hombres de la ciudad los divisaron desde la cumbre del monte, corrieron a las armas y salieron fuera de la ciudad, a la cumbre del monte, mientras los honderos dominaban la subida y disparaban sus piedras contra ellos.
Entonces los asirios se deslizaron al pie del monte, ataron a Ajior, lo dejaron tendido en la falda y se volvieron donde su señor.
Los israelitas bajaron de su ciudad, se acercaron y desatándole le llevaron a Betulia y le presentaron a los jefes de la ciudad,
que en aquel tiempo eran Ozías, hijo de Miqueas, de la tribu de Simeón, Jabrís, hijo de Gotoniel, y Jarmís, hijo de Melkiel.
Estos mandaron convocar a todos los ancianos de la ciudad. Se unieron también a la asamblea todos lo jóvenes y las mujeres; pusieron a Ajior en medio de todo el pueblo y Ozías le interrogó acerca de los sucedido.
Ajior respondió narrándoles las deliberaciones habidas en el Consejo de Holofernes, todas las cosas que él mismo había dicho delante de todos los jefes de los asirios y las bravatas que Holofernes había proferido contra la casa de Israel.
Entonces el pueblo se postró, adoró a Elohim y clamó:
«Señor, Elohim del cielo, mira su soberbia, compadécete de la humillación de nuestra raza y mira con piedad el rostro de los que te están consagrados».
Después dieron ánimos a Ajior y le felicitaron calurosamente,
y a la salida de la asamblea, Ozías le condujo a su propia casa y ofreció un banquete a los ancianos. Y estuvieron invocando la ayuda del Elohim de Israel durante toda la noche.
Judit 7
Al día siguiente ordenó Holofernes a todo su ejército y a todos los pueblos que iban como tropas auxiliares mover el campo contra Betulia, ocupar los accesos de la montaña y comenzar las hostilidades contra los israelitas.
El mismo día levantaron el campo todos los hombres de su ejército; el número de sus guerreros era de 120.000 infantes y 12.000 jinetes, sin contar los encargados del bagaje y la gran cantidad de hombres que iban a pie con ellos.
Acamparon en el valle que hay cerca de Betulia, junto a la fuente, y se desplegaron en profundidad desde Dotán hasta Belbáin, y en longitud desde Betulia hasta Kiamón, que está frente a Esdrelón.
Cuando los israelitas vieron su muchedumbre, quedaron sobrecogidos y se dijeron unos a otros: «Estos ahora van a arrasar toda la tierra y ni los montes más altos ni los barrancos ni las colinas podrán soportar su peso.»
Tomó cada cual su equipo de guerra, encendieron hogueras en las torres y permanecieron sobre las armas toda aquella noche.
Al segundo día, Holofernes hizo desfilar toda su caballería ante los israelitas que había en Betulia.
Inspeccionó todas las subidas de la ciudad, reconoció las fuentes y las ocupó, dejando en ellas guarniciones de soldados; y él se volvió donde su ejército.
Se acercaron entonces a él los príncipes de los hijos de Esaú, todos los jefes de los moabitas y los generales del litoral, y le dijeron:
«Que nuestro señor escuche una palabra y no habrá ni un solo herido en tu ejército.
Este pueblo de los israelitas no confía tanto en sus lanzas como en las alturas de los montes en que habitan. De hecho no es fácil escalar la cumbre de estos montes.
«Por eso, señor, no pelees contra ellos en el orden de batalla acostumbrado, para que no caiga ni un solo hombre de los tuyos.
Quédate en el campamento y conserva todos los hombres de tu ejército. Que tus siervos se apoderen de la fuente que brota en la falda de la montaña,
porque de ella se abastecen todos los habitantes de Betulia. La sed los destruirá y tendrán que entregarte la ciudad. Nosotros y nuestro pueblo ocuparemos las alturas de los montes cercanos y acamparemos en ellas, vigilando para que no salga de la ciudad ni un solo hombre.
Ellos, sus mujeres y sus hijos, serán consumidos por el hambre y, aun antes de que la espada les alcance, caerán tendidos por las plazas de su ciudad.
Entonces les impondrás un duro castigo por haberse rebelado y no haber salido a tu encuentro en son de paz.»
Parecieron bien estos consejos a Holofernes y a todos sus oficiales, y ordenó que se ejecutara lo que proponían.
Se puso en marcha el ejército moabita, reforzado por 5.000 asirios, acamparon en el valle y se apoderaron de los depósitos de agua y de las fuentes de los israelitas.
Los edomitas y ammonitas, por su parte, acamparon en el monte, frente a Dotán, y enviaron destacamentos hacia el sur y el este, frente a Egrebel, que está al lado de Jus, sobre el torrente Mojmur. El resto del ejército asirio quedó acampado en la llanura y cubría toda la superficie del suelo. Sus tiendas y bagajes formaban un campamento inmenso, porque eran una enorme muchedumbre.
Clamaron los israelitas al Señor su Elohim, pues su ánimo empezaba a flaquear, viendo que el enemigo les había cercado y cortado toda retirada.
34 días estuvieron cercados por todo el ejército asirio, infantes, carros y jinetes. A todos las habitantes de Betulia se les acabaron las reservas de agua;
las cisternas se agotaron; ni un solo día podían beber a satisfacción, porque se les daba el agua racionada.
Los niños aparecían abatidos, las mujeres y los adolescentes desfallecían de sed y caían en las plazas y a las salidas de las puertas de la ciudad, faltos de fuerzas.
Todo el pueblo, los adolescentes, las mujeres y los niños, se reunieron en torno a Ozías y a los jefes de la ciudad y clamaron a grandes voces, diciendo delante de los ancianos:
«Juzgue Elohim entre nosotros y vosotros, pues habéis cometido una gran injusticia contra nosotros, por no haber hecho tentativas de paz con los asirios.
Y ahora no hay nadie que pueda valernos. Elohim nos ha vendido en sus manos, para sucumbir ante ellos de sed y destrucción total.
Llamadles ahora mismo y entregad toda la ciudad al saqueo de la gente de Holofernes y de todo su ejército.
Mejor nos es convertirnos en botín suyo. Seremos sus esclavos, pero salvaremos la vida y no tendremos que ver cómo, a nuestros ojos, se mueren nuestros niños y expiran nuestras mujeres y nuestros hijos.
Os conjuramos por el cielo y por la tierra, y por nuestro Elohim, Señor de nuestros padres, que nos ha castigado por nuestros pecados, y por los pecados de nuestros padres, que cumpláis ahora mismo nuestros deseos.»
Y toda la asamblea, a una, prorrumpió en gran llanto y clamaron, a grandes voces al Adon.
Ozías les dijo: «Tened confianza, hermanos; resistamos aún cinco días, y en este tiempo nuestro Elohim volverá su compasión hacia nosotros, porque no nos ha de abandonar por siempre.
Pero si pasan estos días sin recibir ayuda cumpliré vuestros deseos.»
Y despidió a la gente, cada cual a su puesto. Los hombres fueron a las murallas y torres de la ciudad, y a las mujeres y niños los enviaron a casa. Había en la ciudad un gran abatimiento.
Juan 14
«No se turbe vuestro corazón. Creéis en Elohim: creed también en mí.
En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar.
Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros.
Y adonde yo voy sabéis el camino.»
Le dice Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Le dice Yeshúa: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.
Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.»
Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
Le dice Yeshúa: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”?
¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras.
Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre.
Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.
Si me amáis, guardaréis mis mandamientos;
y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre,
el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros.
No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros.
Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros si me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis.
Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros.
El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.»
Le dice Judas — no el Iscariote: «Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?»
Yeshúa le respondió: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él.
El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado.
Os he dicho estas cosas estando entre vosotros.
Pero el Paráclito, el Espíritu de santidad, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho.
Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde.
Habéis oído que os he dicho: “Me voy y volveré a vosotros.” Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo.
Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.
Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder;
pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado. Levantaos. Vámonos de aquí.»
Juan 15
«Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador.
Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto.
Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado.
Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada.
Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden.
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis.
La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.
Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.
Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado.
Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado.
Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda.
Lo que os mando es que os améis los unos a los otros.»
«Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros.
Su fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo.
Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán.
Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.
Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa de su pecado.
El que me odia, odia también a mi Padre.
Si no hubiera hecho entre ellos obras que no ha hecho ningún otro, no tendrían pecado; pero ahora las han visto, y nos odian a mí y a mi Padre.
Pero es para que se cumpla lo que está escrito en su Ley: Me han odiado sin motivo.
Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí.
Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio.
Tehilim 107
Dad gracias a Yahweh, porque es bueno, porque es eterno su amor.
Que lo digan los redimidos de Yahweh, los que él ha redimido del poder del adversario,
los que ha reunido de entre los países, de oriente y de poniente, del norte y mediodía.
En el desierto erraban, por la estepa, no encontraban camino de ciudad habitada;
hambrientos, y sedientos, desfallecía en ellos su alma.
Y hacia Yahweh gritaron en su apuro, y él los libró de sus angustias,
les condujo por camino recto, hasta llegar a ciudad habitada.
¡Den gracias a Yahweh por su amor, por sus prodigios con los hijos de Adán!
Porque él sació el alma anhelante, el alma hambrienta saturó de bienes.
Habitantes de tiniebla y sombra, cautivos de la miseria y de los hierros,
por haber sido rebeldes a las órdenes de Dios y haber despreciado el consejo del Altísimo,
él sometió su corazón a la fatiga, sucumbían, y no había quien socorriera.
Y hacia Yahweh gritaron en su apuro, y él los salvó de sus angustias,
los sacó de la tiniebla y de la sombra, y rompió sus cadenas.
¡Den gracias a Yahweh por su amor, por sus prodigios con los hijos de Adán!
Pues las puertas de bronce quebrantó, y los barrotes de hierro hizo pedazos.
Embotados de resultas de sus yerros, miserables a causa de sus culpas,
todo manjar les daba náusea, tocaban ya a las puertas de la muerte.
Y hacia Yahweh gritaron en su apuro, y él los salvó de sus angustias;
su palabra envió para sanarlos y arrancar sus vidas de la fosa.
¡Den gracias a Yahweh por su amor, por sus prodigios con los hijos de Adán!
Ofrezcan sacrificios de acción de gracias, y sus obras pregonen con gritos de alegría.
Los que a la mar se hicieron en sus naves, llevando su negocio por las muchas aguas,
vieron las obras de Yahweh , sus maravillas en el piélago.
Dijo, y suscitó un viento de borrasca, que entumeció las olas;
subiendo hasta los cielos, bajando hasta el abismo, bajo el peso del mal su alma se hundía;
dando vuelcos, vacilando como un ebrio, tragada estaba toda su pericia.
Y hacia Yahweh gritaron en su apuro, y él los sacó de sus angustias;
a silencio redujo la borrasca, y las olas callaron.
Se alegraron de verlas amansarse, y él los llevó hasta el puerto deseado.
¡Den gracias a Yahweh por su amor, por sus prodigios con los hijos de Adán!
¡Ensálcenle en la asamblea del pueblo, en el concejo de los ancianos le celebren!
El cambia los ríos en desierto, y en suelo de sed los manantiales,
la tierra fértil en salinas, por la malicia de sus habitantes.
Y él cambia el desierto en un estanque, y la árida tierra en manantial.
Allí asienta a los hambrientos, y ellos fundan una ciudad habitada.
Y siembran campos, plantan viñas, que producen sus frutos de cosecha.
El los bendice y crecen mucho y no deja que mengüen sus ganados.
Menguados estaban, y abatidos por la tenaza del mal y la aflicción.
El que vierte desprecio sobre príncipes, los hacía errar por caos sin camino.
Mas él recobra de la miseria al pobre, aumenta como un rebaño las familias;
los hombres rectos lo ven y se recrean, y toda iniquidad cierra su boca.
¿Hay algún sabio? ¡Que guarde estas cosas, y comprenda el amor de Yahweh!

