Parashot 16 de noviembre 2024
Isaías 23-24, Lucas 22-23 y Tehilim 79
Isaías 23
Oráculo sobre Tiro. Ululad, naves de Tarsis, porque ha sido destruida vuestra fortaleza. De vuelta del país de Kittim les ha sido descubierto.
Quedad mudos, habitantes de la costa, mercaderes de Sidón, cuyos viajantes atravesaban el mar
por las aguas inmensas. La siembra del canal, la siega del Nilo, era su riqueza, y ella era el mercado de las naciones.
Avergüénzate, Sidón, porque ha dicho la mar: «No tuve dolores ni di a luz, ni crié mancebos, ni eduqué doncellas.»
En cuanto se oiga la nueva en Egipto, se dolerán de las nuevas de Tiro.
Pasad a Tarsis, ululad, habitantes de la costa:
¿Es ése vuestro emporio arrogante, de remota antigüedad, cuyos pies le llevaron lejos en sus andanzas?
¿Quién ha planeado esto conta Tiro, la coronada cuyos comerciantes eran príncipes, cuyos traficantes eran nobles de la tierra?
Es Yahweh Sebaot quien ha planeado profanar el orgullo de toda su magnificencia y envilecer a todos los nobles de la tierra.
Cultiva tu tierra, hija de Tarsis: no hay puerto ya.
Su mano extendió él sobre la mar, hizo estremecer los reinos. Yahweh mandó respecto a Canaán, demoler sus castillos,
y dijo: No vuelvas más a rebullir, doncella oprimida, hija de Sidón. Levántate y vete a Kittim, que tampoco allí tendrás reposo.
Ahí tienes la tierra de los caldeos; no eran un pueblo; Asur la fundó para las bestias del desierto. Levantaron torres de asalto, demolieron sus alcázares, la convirtieron en ruinas.
Ululad, naves de Tarsis, porque ha sido destruida vuestra fortaleza.
Aquel día quedará en olvido Tiro durante setenta años. En los días de otro rey, al cabo de setenta años, le sucederá a Tiro como en la canción de la ramera:
«Toma el arpa, rodea la ciudad, ramera olvidada: tócala bien, canta a más y mejor, para que seas recordada.»
Bien, al cabo de los setenta años visitará Yahweh a Tiro, y ella volverá a su ganancia y se prostituirá a todos los reinos de la tierra sobre la haz de la tierra.
Será su mercadería y su ganancia consagrada a Yahweh. No será atesorada ni almacenada, sino que para los que moren delante de Yahweh será su mercadería, para comer a saciedad y para cubrirse espléndidamente.
Isaías 24
He aquí que Yahweh estraga la tierra, la despuebla, trastorna su superficie y dispersa a los habitantes de ella:
al pueblo como al sacerdote; al siervo como al señor; a la criada como a su señora; al que compra como al que vende; al que presta como al prestatario; al acreedor como a su deudor.
Devastada será la tierra y del todo saqueada, porque así ha hablado Yahweh.
En duelo se marchitó la tierra, se amustia, se marchita el orbe, el cielo con la tierra se marchita.
La tierra ha sido profanada bajo sus habitantes, pues traspasaron las leyes, violaron el precepto, rompieron la alianza eterna.
Por eso una maldición ha devorado la tierra, y tienen la culpa los que habitan en ella. Por eso han sido consumidos los habitantes de la tierra, y quedan pocos del linaje humano.
El mosto estaba triste, la viña mustia: se trocaron en suspiros todas las alegrías del corazón.
Cesó el alborozo de los tímpanos, suspendióse el estrépito de los alegres, cesó el alborozo del arpa.
No beben vino cantando: amarga el licor a sus bebedores.
Ha quedado la villa vacía, ha sido cerrada toda casa, y no se puede entrar.
Se lamentan en las calles por el vino. Desapareció toda alegría, emigró el alborozo de la tierra.
Ha quedado en la ciudad soledad, y de desolación está herida la puerta.
Porque en medio de la tierra, en mitad de los pueblos, pasa como en el vareo del olivo, como en los rebuscos cuando acaba la vendimia.
Ellos levantan su voz y lanzan hurras; la majestad de Yahweh aclaman desde el mar.
Por eso, en Oriente glorificad a Yahweh, en las islas del mar el nombre de Yahweh, Elohim de Israel.
Desde el confín de la tierra cánticos hemos oído: «¡Gloria al justo!» Y digo: «¡Menguado de mí, menguado de mí! ¡Ay de mí, y de estos malvados que hacen maldad, los maldados que han consumado la maldad!»
¡Pánico, hoya y trampa contra ti, morador de la tierra!
Sucederá que el que escape del pánico, caerá en la hoya, y el que suba de la hoya, será preso en la trampa. Porque las esclusas de lo alto han sido abiertas, y se estremecen los cimientos de la tierra,
Estalla, estalla la tierra, se hace pedazos la tierra, sacudida se bambolea la tierra,
vacila, vacila la tierra como un beodo, se balancea como una cabaña; pesa sobre ella su rebeldía, cae, y no volverá a levantarse.
Aquel día castigará Yahweh al ejército de lo alto en lo alto y a los reyes de la tierra en la tierra;
serán amontonados en montón los prisioneros en el pozo, serán encerrados en la cárcel y al cabo de muchos días serán visitados.
Se afrentará la luna llena, se avergonzará el pleno sol, cuando reine Yahweh Sebaot en el monte Sión y en Jerusalén, y esté la Gloria en presencia de sus ancianos.
Lucas 22
Se acercaba la fiesta de los Azimos, llamada Pascua.
Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo hacerle desaparecer, pues temían al pueblo.
Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los Doce;
y se fue a tratar con los sumos sacerdotes y los jefes de la guardia del modo de entregárselo.
Ellos se alegraron y quedaron con él en darle dinero.
El aceptó y andaba buscando una oportunidad para entregarle sin que la gente lo advirtiera.
Llegó el día de los Azimos, en el que se había de sacrificar el cordero de Pascua;
y envió a Pedro y a Juan, diciendo: «Id y preparadnos la Pascua para que la comamos.»
Ellos le dijeron: «¿Dónde quieres que la preparemos?»
Les dijo: «Cuando entréis en la ciudad, os saldrá al paso un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle hasta la casa en que entre,
y diréis al dueño de la casa: "El Maestro te dice: ¿Dónde está la sala donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?"
El os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta; haced allí los preparativos.»
Fueron y lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.
Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles;
y les dijo: «Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer;
porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Elohim.»
Y recibiendo una copa, dadas las gracias, dijo: «Tomad esto y repartidlo entre vosotros;
porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Elohim.»
Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío.»
De igual modo, después de cenar, la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros.
«Pero la mano del que me entrega está aquí conmigo sobre la mesa.
Porque el Hijo del hombre se marcha según está determinado. Pero, ¡ay de aquel por quien es entregado!»
Entonces se pusieron a discutir entre sí quién de ellos sería el que iba a hacer aquello.
Entre ellos hubo también un altercado sobre quién de ellos parecía ser el mayor.
El les dijo: «Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los que ejercen el poder sobre ellas se hacen llamar Bienhechores;
pero no así vosotros, sino que el mayor entre vosotros sea como el más joven y el que gobierna como el que sirve.
Porque, ¿quién es mayor, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.
«Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas;
yo, por mi parte, dispongo un Reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí,
para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
«¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo;
pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.»
El dijo: «Señor, estoy dispuesto a ir contigo hasta la cárcel y la muerte.»
Pero él dijo: «Te digo, Pedro: No cantará hoy el gallo antes que hayas negado tres veces que me conoces.»
Y les dijo: «Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin sandalias, ¿os faltó algo?» Ellos dijeron: «Nada.»
Les dijo: «Pues ahora, el que tenga bolsa que la tome y lo mismo alforja, y el que no tenga que venda su manto y compre una espada;
porque os digo que es necesario que se cumpla en mí esto que está escrito: "Ha sido contado entre los malhechores." Porque lo mío toca a su fin.»
Ellos dijeron: «Adon, aquí hay dos espadas.» El les dijo: «Basta.»
Salió y, como de costumbre, fue al monte de los Olivos, y los discípulos le siguieron.
Llegado al lugar les dijo: «Pedid que no caigáis en tentación.»
Y se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba
diciendo: «Abba, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.»
Entonces, se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba.
Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra.
Levantándose de la oración, vino donde los discípulos y los encontró dormidos por la tristeza;
y les dijo: «¿Cómo es que estáis dormidos? Levantaos y orad para que no caigáis en tentación.»
Todavía estaba hablando, cuando se presentó un grupo; el llamado Judas, uno de los Doce, iba el primero, y se acercó a Yeshúa para darle un beso.
Yeshúa le dijo: «¡Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre!»
Viendo los que estaban con él lo que iba a suceder, dijeron: «Adon, ¿herimos a espada?»
y uno de ellos hirió al siervo del Sumo Sacerdote y le llevó la oreja derecha.
51 Pero Yeshúa dijo: «¡Dejad! ¡Basta ya!» Y tocando la oreja le curó.
52 Dijo Yeshúa a los sumos sacerdotes, jefes de la guardia del Templo y ancianos que habían venido contra él: «¿Como contra un salteador habéis salido con espadas y palos?
53 Estando yo todos los días en el Templo con vosotros, no me pusisteis las manos encima; pero esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas.»
54 Entonces le prendieron, se lo llevaron y le hicieron entrar en la casa del Sumo Sacerdote; Pedro le iba siguiendo de lejos.
55 Habían encendido una hoguera en medio del patio y estaban sentados alrededor; Pedro se sentó entre ellos.
56 Una criada, al verle sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y dijo: «Este también estaba con él.»
57 Pero él lo negó: «¡Mujer, no le conozco!»
58 Poco después, otro, viéndole, dijo: «Tú también eres uno de ellos.» Pedro dijo: «Hombre, no lo soy!»
59 Pasada como una hora, otro aseguraba: «Cierto que éste también estaba con él, pues además es galileo.»
60 Le dijo Pedro: «¡Hombre, no sé de qué hablas!» Y en aquel momento, estando aún hablando, cantó un gallo,
61 y el Señor se volvió y miró a Pedro, y recordó Pedro las palabras del Señor, cuando le dijo: «Antes que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces.»
62 Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.
63 Los hombres que le tenían preso se burlaban de él y le golpeaban;
64 y cubriéndole con un velo le preguntaban: «¡Adivina! ¿Quién es el que te ha pegado?»
65 Y le insultaban diciéndole otras muchas cosas.
66 En cuanto se hizo de día, se reunió el Consejo de Ancianos del pueblo, sumos sacerdotes y escribas, le hiceron venir a su Sanedrín
67 y le dijeron: «Si tú eres el Cristo, dínoslo.» El respondió: «Si os lo digo, no me creeréis.
68 Si os pregunto, no me responderéis.
69 De ahora en adelante, el Hijo del hombre estará sentado a la diestra del poder de Elohim.»
70 Dijeron todos: «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Elohim?» El les dijo: «Vosotros lo decís: Yo soy.»
71 Dijeron ellos: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos, pues nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca?»
Lucas 23
Y levantándose todos ellos, le llevaron ante Pilato.
Comenzaron a acusarle diciendo: «Hemos encontrado a éste alborotando a nuestro pueblo, prohibiendo pagar tributos al César y diciendo que él es Cristo Rey.»
Pilato le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» El le respondió: «Sí, tú lo dices.»
Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente: «Ningún delito encuentro en este hombre.»
Pero ellos insistían diciendo: «Solivianta al pueblo, enseñando por toda Judea, desde Galilea, donde comenzó, hasta aquí.»
Al oír esto, Pilato preguntó si aquel hombre era galileo.
Y, al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que por aquellos días estaba también en Jerusalén.
Cuando Herodes vio a Yeshúa se alegró mucho, pues hacía largo tiempo que deseaba verle, por las cosas que oía de él, y esperaba presenciar alguna señal que él hiciera.
Le preguntó con mucha palabrería, pero él no respondió nada.
Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándole con insistencia.
Pero Herodes, con su guardia, después de despreciarle y burlarse de él, le puso un espléndido vestido y le remitió a Pilato.
Aquel día Herodes y Pilato se hicieron amigos, pues antes estaban enemistados.
Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo
y les dijo: «Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo, pero yo le he interrogado delante de vosotros y no he hallado en este hombre ninguno de los delitos de que le acusáis.
Ni tampoco Herodes, porque nos lo ha remitido. Nada ha hecho, pues, que merezca la muerte.
Así que le castigaré y le soltaré.»
Toda la muchedumbre se puso a gritar a una: «¡Fuera ése, suéltanos a Barrabás!»
Este había sido encarcelado por un motín que hubo en la ciudad y por asesinato.
Pilato les habló de nuevo, intentando librar a Yeshúa,
pero ellos seguían gritando: «¡Crucifícale, crucifícale!»
Por tercera vez les dijo: «Pero ¿qué mal ha hecho éste? No encuentro en él ningún delito que merezca la muerte; así que le castigaré y le soltaré.»
Pero ellos insistían pidiendo a grandes voces que fuera crucificado y sus gritos eran cada vez más fuertes.
Pilato sentenció que se cumpliera su demanda.
Soltó, pues, al que habían pedido, el que estaba en la cárcel por motín y asesinato, y a Yeshúa se lo entregó a su voluntad.
Cuando le llevaban, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevará detrás de Yeshúa.
Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él.
Yeshúa, volviéndose a ellas, dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos.
Porque llegarán días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron!
Entonces se pondrán a decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! Y a las colinas: ¡Cubridnos!
Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?»
Llevaban además otros dos malhechores para ejecutarlos con él.
Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Yeshúa decía: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.» Se repartieron sus vestidos, echando a suertes.
Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: «A otros salvó; que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Elohim, el Elegido.»
También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre
y le decían: «Si tú eres el Rey de los judíos, ¡sálvate!»
Había encima de él una inscripción: «Este es el Rey de los judíos.»
Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!»
Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Elohim, tú que sufres la misma condena?
Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho.»
Y decía: «Yeshúa, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.»
Yeshúa le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.»
Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona.
El velo del Santuario se rasgó por medio
y Yeshúa, dando un fuerte grito, dijo: «Abba, en tus manos pongo mi espíritu» y, dicho esto, expiró.
Al ver el centurión lo sucedido, glorificaba a Elohim diciendo: «Ciertamente este hombre era justo.»
Y todas las gentes que habían acudido a aquel espectáculo, al ver lo que pasaba, se volvieron golpeándose el pecho.
Estaban a distancia, viendo estas cosas, todos sus conocidos y las mujeres que le habían seguido desde Galilea.
Había un hombre llamado José, miembro del Consejo, hombre bueno y justo,
que no había asentido al consejo y proceder de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Elohim.
52 Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Yeshúa
53 y, después de descolgarle, le envolvió en una sábana y le puso en un sepulcro excavado en la roca en el que nadie había sido puesto todavía.
54 Era el día de la Preparación, y apuntaba el sábado.
55 Las mujeres que habían venido con él desde Galilea, fueron detrás y vieron el sepulcro y cómo era colocado su cuerpo,
56 Y regresando, prepararon aromas y mirra. Y el sábado descansaron según el precepto.
Tehilim 79
Salmo. De Asaf. Oh Elohim, han invadido tu heredad las gentes, han profanado tu sagrado Templo; han dejado en ruinas a Jerusalén,
han entregado el cadáver de tus siervos por comida a los pájaros del cielo, la carne de tus amigos a las bestias de la tierra.
Han derramado como agua su sangre en torno a Jerusalén, ¡y nadie sepultaba!
Nos hemos hecho la irrisión de los vecinos, burla y escarnio de nuestros circundantes.
¿Hasta cuándo, Yahweh, tu cólera? ¿hasta el fin? ¿han de quemar tus celos como fuego?
Derrama tu furor sobre las gentes, que no te reconocen, y sobre los reinos que tu nombre no invocan.
Porque han devorado a Jacob y han devastado su dominio.
No recuerdes contra nosotros culpas de antepasados, vengan presto a nuestro encuentro tus ternuras, pues estamos abatidos del todo;
ayúdanos, Elohim de nuestra salvación, por amor de la gloria de tu nombre; líbranos, borra nuestros pecados, por causa de tu nombre.
¿Por qué han de decir las gentes: «¿Dónde está su Elohim?» ¡Que entre las gentes se conozca, a nuestros propios ojos, la venganza de la sangre de tus siervos derramada!
¡Llegue hasta ti el suspiro del cautivo, con la grandeza de tu brazo preserva a los hijos de la muerte!
¡Devuelve siete veces a nuestros vecinos, en su entraña, su afrenta, la afrenta que te han hecho, Adon!
Y nosotros, tu pueblo, rebaño de tu pasto, eternamente te daremos gracias, de edad en edad repetiremos tu alabanza.

