Parashot 17 de febrero 2024
Sabiduría 15-16, Apocalípsis 10-11 y Tehilim 40
Sabiduría 15
Mas tú, Elohim nuestro, eres bueno y verdadero, paciente y que con misericordia gobiernas el universo.
\Aunque pequemos, tuyos somos, porque conocemos tu poder; pero no pecaremos, porque sabemos que somos contados por tuyos.
Pues el conocerte a ti es la perfecta justicia y conocer tu poder, la raíz de la inmortalidad.
A nosotros no nos extraviaron las creaciones humanas de un arte perverso, ni el inútil trabajo de los pintores, figuras embadurnadas de colores abigarrados,
cuya contemplación despierta la pasión en los insensatos que codician la figura sin aliento de una imagen muerta.
Apasionados del mal son y dignos de tales esperanzas los que las crean, los que las codician, los que las adoran.
Un alfarero trabaja laboriosamente la tierra blanda y modela diversas piezas, todas para nuestro uso; unas van destinadas a usos nobles, otras al contrario, pero todas las modela de igual manera y de la misma arcilla. Sobre el servicio diverso que unas y otras han de prestar, es el alfarero quien decide.
Pero luego - ¡mala pena que se toma! - de la misma arcilla modela una vana divinidad. Y la modela él, que poco ha nació de la tierra y que pronto habrá de volver a la tierra de donde fue sacado, cuando le reclamen la devolución de su alma.
Pero no se preocupa de que va a morir, de que es efímera su vida; antes rivaliza con orfebres y plateros, imita las obras del broncista y se ufana de modelar falsificaciones.
Escoria es su corazón, más vil que la tierra su esperanza, más abyecta que la arcilla su vida,
porque desconoció al que le modeló a él, al que le inspiró un alma activa y le infundió un espíritu vivificante.
Piensa que la existencia es un juego de niños y la vida, un lucrativo mercado: «Es preciso ganar, dice, por todos los medios, aun malos.»
Este hombre más que nadie sabe que peca, como quien de una misma masa de tierra fabrica frágiles piezas y estatuas de ídolos.
Insensatos todos en sumo grado y más infelices que el alma de un niño, los enemigos de tu pueblo que un día le oprimieron;
como que tuvieron por dioses a todos los ídolos de los gentiles, que no pueden valerse de los ojos para ver, ni de la nariz para respirar, ni de los oídos para oír, ni de los dedos de las manos para tocar, y sus pies son torpes para andar.
Al fin, un hombre los hizo, uno que recibió en préstamo el espíritu los modeló; y no hay hombre que modele un dios igual a sí mismo;
mortal como es, un ser muerto produce con sus manos impías. Vale ciertamente más que las cosas que adora: él, un tiempo al menos, goza de vida, ellos jamás.
Adoran, además, a los bichos más repugnantes que en estupidez superan a todos los demás;
ni siquiera poseen la belleza de los animales que, a su modo, cautiva al contemplarlos; están excluidos de la aprobación de Elohim y de su bendición.
Sabiduría 16
Por eso, mediante seres semejantes, fueron justamente castigados; una multitud de bichos les sometieron a tormento.
En vez de tal castigo, concediste favores a tu pueblo: para satisfacer su voraz apetito, les preparaste como alimento un manjar exquisito: codornices;
para que aquéllos, aun ansiando el alimento, por el asqueroso aspecto de los bichos que les enviabas, hasta el apetito natural perdiesen, y éstos, pasadas unas breves privaciones, viniesen a gustar manjares exquisitos.
Era razón que aquéllos, los opresores, sufrieran un hambre irremediable, mientras a éstos bastaba mostrarles la clase de tormento que sus enemigos padecían.
Incluso cuando cayó sobre ellos la ira terrible de animales feroces, cuando por mordeduras de sinuosas serpientes perecían, no persistió tu cólera hasta el fin.
Como advertencia se vieron atribulados por breve tiempo, pues tenían una señal de salvación como recuerdo del mandamiento de tu Ley;
y el que a ella se volvía, se salvaba, no por lo que contemplaba, sino por ti, Salvador de todos.
De este modo convenciste a nuestros enemigos de que tú eres el que libras de todo mal:
a ellos picaduras de langostas y moscas los mataban, - y bien merecían que bichos tales los castigasen - sin que remedio hallaran para su vida;
a tus hijos, en cambio, ni dientes de serpientes venenosas los vencieron, pues vino tu misericordia en su socorro y los sanó.
Las mordeduras - pronto curadas - les recordaban tus preceptos no fuera que, cayendo en profundo olvido, se vieran excluidos de tu liberalidad.
Ni los curó hierba ni emplasto alguno, sino tu palabra, Adon, que todo lo sana.
Pues tú tienes el poder sobre la vida y sobre la muerte, haces bajar a las puertas del Hades y de allí subir.
El hombre, en cambio, puede matar por su maldad, pero no hacer tornar al espíritu que se fue, ni liberar al alma ya acogida en el Hades.
Es imposible escapar de tu mano.
Los impíos que rehusaban conocerte fueron fustigados por la fuerza de tu brazo; lluvias insólitas, granizadas, aguaceros implacables los persigueron y el fuego los devoró.
Y lo más extraño era que con el agua, que todo lo apaga, el fuego cobraba una violencia mayor. El universo, en efecto, combate en favor de los justos.
Las llamas unas veces se amansaban para no consumir a los animales enviados contra los impíos, y darles a entender, por lo que veían, que el juicio de Elohim les hostigaba;
pero otras, aun en medio de las aguas, abrasaban con fuerza superior a la del fuego para destruir las cosechas de una tierra inicua.
A tu pueblo, por el contrario, le alimentaste con manjar de ángeles; les suministraste, sin cesar desde el ciel un pan ya preparado que podía brindar todas las delicias y satisfacer todos los gustos.
El sustento que les dabas revelaba tu dulzura con tus hijos pues, adaptándose al deseo del que lo tomaba, se tranformaba en lo que cada uno quería.
Nieve y hielo resistían al fuego sin fundirse, para que supieran que el fuego, para destruir las cosechas de sus enemigos, entre el granizo abrasaba y fulguraba entre la lluvia,
mientras que, para que los justos pudieran sustentarse, hasta de su natural poder se olvidaba.
Porque la creación, sirviéndote a ti, su Hacedor, se embravece para castigo de los inicuos y se amansa en favor de los que en ti confían.
Por eso, también entonces, cambiándose en todo, servía a tu liberalidad que a todos sustenta, conforme al deseo de los necesitados.
De este modo enseñabas a tus hijos queridos, Adon, que no son las diversas especies de frutos los que alimentan al hombre, sino que es tu palabra la que mantiene a los que creen en ti.
El fuego no alcanzaba a disolver lo que sencillamente derretía el calor de un breve rayo de sol.
Con ello le enseñabas que debían adelantarse al sol para darte gracias y recurrir a ti al rayar el día,
pues la esperanza del ingrato como escarcha invernal se derrite y corre como agua inútil.
Apocalipsis 10
Vi también a otro Angel poderoso, que bajaba del cielo envuelto en una nube, con el arcoiris sobre su cabeza, su rostro como el sol y sus piernas como columnas de fuego.
En su mano tenía un librito abierto. Puso el pie derecho sobre el mar y izquierdo sobre la tierra,
y gritó con fuerte voz, como ruge el león. Y cuando gritó, siete truenos hicieron oír su fragor.
Apenas hicieron oír su voz los siete truenos, me dipsonía a escribir, cuando oí una voz del cielo que decía: « Sella lo que han dicho los siete truenos y no lo escribas».
Entonces el Angel que había visto yo de pie sobre el mar y la tierra, levantó al cielo su mano derecha
y juró por el que vive por los siglos de los siglos, el que creó el cielo y cuanto hay en él, la tierra y cuanto hay en ella, el mar y cuanto hay en él: «¡Ya no habrá dilación!
sino que en los días en que se oiga la voz del séptimo Angel, cuando se ponga a tocar la trompeta, se habrá consumado el Misterio de Elohim, según lo había anunciado como buena nueva a sus siervos los profetas.»
Y la voz de cielo que yo había oído me habló otra vez y me dijo: «Vete, toma el librito que está abierto en la mano del Angel, el que está de pie sobre el mar y sobre la tierra.»
Fui donde el Angel y le dije que me diera el librito. Y me dice: «Toma, devóralo; te amargará las entrñas, pero en tu boca será dulce como la miel.»
Tomé el librito de la mano del Angel y lo devoré; y fue mi boca dulce como la miel; pero, cuando lo comí, se me amargaron las entrañas.
Entonces me dicen: «Tienes que profetizar otra vez contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.»
Apocalipsis 11
Luego me fue dada una caña de medir parecida a una vara, diciéndome: «Levántate y mide el Santuario de Elohim y el altar, y a los que adoran en él.
El patio exterior del Santuario, déjalo aparte, no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles, que pisotearán la Ciudad Santa 42 meses.
Pero haré que mis dos testigos profeticen durante 1260 días, cubiertos de sayal».
Ellos son los dos olivos y los dos candeleros que están en pie delante del Adon de la tierra.
Si alguien pretendiera hacerles mal, saldría fuego de su boca y devoraría a sus enemigos; si alguien pretendería hacerles mal, así tendría que morir.
Estos tienen poder de cerrar el cielo para que no llueva los días en que profeticen; tienen también poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y poder de herir la tierra con toda clase de plagas, todas las veces que quieran.
Pero cuando hayan terminado de dar testimonio, la Bestia que surja del Abismo les hará la guerra, los vencerá y los matará.
Y sus cadáveres, en la plaza de la Gran Ciudad, que simbólicamente se llama Sodoma o Egipto, allí donde también su Adon fue crucificado.
Y gentes de los pueblos, razas, lenguas y naciones, contemplarán sus cadáveres tres días y medio: no está permitido sepultar sus cadáveres.
Los habitantes de la tierra se alegran y se regocijan por causa de ellos, y se intercambian regalos, porque estos dos profetas habían atormentado a los habitantes de la tierra.
Pero, pasados los tres días y medio, un aliento de vida procedente de Elohim entró en ellos y se pusireon de pie, y un gran espanto se apoderó de quienes los contemplaban.
Oí entonces una fuerte voz que les decía desde el cielo: «Subid acá.» Y subieron al cielo en la nube, a la vista de sus enemigos.
En aquella hora se produjo un violento terremoto, y la décima parte de la ciudad se derrumbó, y con el terremoto perecieron 7.000 personas. Los supervivientes, presa de espanto, dieron gloria al Elohim del cielo.
El segundo ¡Ay! ha pasado. Mira que viene en seguida el tercero.
Tocó el séptimo Angel... Entonces sonaron en el cielo fuertes voces que decían: «Ha llegado el reinado sobre el mundo de nuestro Adon y de su Yeshúa; y reinará por los siglos de los siglos.»
Y los veinticuatro Ancianos que estaban sentados en sus tronos delante de Elohim, se postraron rostro en tierra y adoraron a Elohim diciendo:
«Te damos gracias, Adon Elohin Todopoderoso, "Aquel que es y que era" porque has asumido tu inmenso poder para establecer tu reinado.
Las naciones se habían encolerizado; pero ha llegado tu cólera y el tiempo de que los muertos sean juzgados, el tiempo de dar la recompensa a tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, pequeños y grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.»
Y se abrió el Santuario de Elohim en el cielo, y apareció el arca de su alianza en el Santuario, y se produjeron relámpagos, y fragor, y truenos, y temblor de tierra y fuerte granizada.
Tehilim 40
Del maestro de coro. De David. Salmo.
En Yahweh puse toda mi esperanza, él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.
Me sacó de la fosa fatal, del fango cenagoso; asentó mis pies sobre la roca, consolidó mis pasos.
Puso en mi boca un canto nuevo, una alabanza a nuestro Elohim; muchos verán y temerán, y en Yahweh tendrán confianza.
Dichoso el hombre aquel que en Yahweh pone su confianza, y no se va con los rebeldes, que andan tras la mentira.
¡Cuántas maravillas has hecho, Yahweh, Elohim mío, qué de designios con nosotros: no hay comparable a ti! Yo quisiera publicarlos, pregonarlos, mas su número excede toda cuenta.
Ni sacrificio ni oblación querías, pero el oído me has abierto; no pedías holocaustos ni víctimas,
dije entonces: Heme aquí, que vengo. Se me ha prescrito en el rollo del libro
hacer tu voluntad. Oh Elohim mío, en tu ley me complazco en el fondo de mi ser.
He publicado la justicia en la gran asamblea; mira, no he contenido mis labios, tú lo sabes, Yahweh.
No he escondido tu justicia en el fondo de mi corazón, he proclamado tu lealtad, tu salvación, ne he ocultado tu amor y tu verdad a la gran asamblea.
Y tú, Yahweh, no contengas tus ternuras para mí. Que tu amor y tu verdad incesantes me guarden.
Pues desdichas me envuelven en número incontable. Mis culpas me dan caza, y no puedo ya ver; más numerosas son que los cabellos de mi cabeza, y el corazón me desampara.
¡Dígnate, oh Yahweh, librarme, Yahweh, corre en mi ayuda!
¡Queden avergonzados y confusos todos juntos los que buscan mi vida para cercenarla! ¡Atrás, sean confundidos los que desean mi mal!
Queden consternados de vergüenza los que dicen contra mí: «¡Ja, Ja!»
¡En ti se gocen y se alegren todos los que te buscan! Repitan sin cesar: «¡Grande es Yahweh!», los que aman tu salvación.
Y yo, pobre soy y desdichado, pero el Adon piensa en mí; tú, mi socorro y mi libertador, oh Elohim mío, no tardes.

