Parashot 21 de diciembre 2024
Isaías 33-34, Juan 8-9 y Tehilim 84
Isaías 33
¡Ay, tú que saqueas, y no has sido saqueado, que despojas, y no has sido despojado! En terminando tú de saquear, serás saqueado; así que acabes de despojar, serás despojado;
Yahweh, ten piedad de nosotros, en ti esperamos. Sé nuestro brazo por las mañanas y nuestra salvación en tiempo de apretura.
Al fragor del estrépito se dispersan los pueblos, al alzarte tú se desperdigan las gentes,
se amontona el botín como quien amontona saltamontes, se alabanzan sobre él, como se alabanzan las langostas.
Exaltado sea Yahweh, pues reposa en lo alto; llene a Sión de equidad y de justicia.
Sean tus días estables; la riqueza que salva son la sabiduría y la ciencia, el temor de Yahweh sea tu tesoro.
¡Mirad! Ariel se lamenta por las calles, los embajadores de paz amargamente lloran.
Han quedado desiertas las calzadas, ya no hay transeúntes por los caminos. Han violado la alianza, han recusado los testimonios, no se tiene en cuenta a nadie.
La tierra está en duelo, languidece; el líbano está ajado y mustio. Ha quedado el Sarón como la estepa, se van pelando el Basán y el Carmelo.
«Ahora me levanto - dice Yahweh - ahora me exalto, ahora me elevo.
Concebiréis forraje, pariréis paja, y mi soplo como fuego os devorará;
los pueblos serán calcinados, espinos cercenados que en fuego arderán.
Oíd, los alejados, lo que he hecho; enteraos, los cercanos, de mi fuerza.»
Se espantaron en Sión los pecadores, sobrecogió el temblor a los impíos: ¿Quién de nosotros podrá habitar con el fuego consumidor? ¿quién de nosotros podrá habitar con las llamas eternas?
El que anda en justicia y habla con rectitud; el que rehúsa ganancias fraudulentas, el que se sacude la palma de la mano para no aceptar soborno, el que se tapa las orejas para no oír hablar de sangre, y cierra sus ojos para no ver el mal.
Ese morará en las alturas, subirá a refugiarse en la fortaleza de las peñas, se le dará su pan y tendrá el agua segura.
Tus ojos contemplarán un rey en su belleza, verán una tierra dilatada.
Tu corazón musitará con sobresalto: «¿Dónde está el que contaba, dónde el que pesaba, dónde el que contaba torres?»
Y no verás al pueblo audaz, pueblo de lenguaje oscuro, incomprensible, al bárbaro cuya lengua no se entiende.
Contempla a Sión, villa de nuestras solemnidades: tus ojos verán a Jerusalén, albergue fijo, tienda sin trashumancia, cuyas clavijas no serán removidas nunca y cuyas cuerdas no serán rotas.
Sino que allí Yahweh será magnífico para con nosotros; como un lugar de ríos y amplios canales, por donde no ande ninguna embarcación de remos, ni navío de alto bordo lo atraviese.
(Porque Yahweh es nuestro juez, Yahweh nuestro legislador, Yahweh nuestro rey: él nos salvará.)
Se han distendido las cuerdas, no sujetan derecho el mástil, no despliegan estandarte. Entonces será repartido un botín numeroso: hasta los cojos tendrán botín,
y no dirá ningún habitante: «Estoy enfermo»; al pueblo que allí mora le será perdonada su culpa.
Isaías 34
Acercaos, naciones, a oír, atended, pueblos; oiga la tierra y cuanto hay en ella, el orbe y cuanto en él brota,
que ira tiene Yahweh contra todas las naciones, y cólera contra todas sus mesnadas. Las ha anatematizado, las ha entregado a la matanza.
Sus heridos yacen tirados, de sus cadáveres sube el hedor, y sus montes chorrean sangre;
se esfuma todo el ejército de los cielos. Se enrollan como un libro los cielos, y todo su ejército palidece como palidece el sarmiento de la cepa, como una hoja mustia de higuera.
Porque se ha emborrachado en los cielos mi espada; ya desciende sobre Edom y sobre el pueblo de mi anatema para hacer justicia.
La espada de Yahweh está llena de sangre, engrasada de sebo, de sangre de carneros y machos cabríos, de sebo de riñones de carneros, porque tiene Yahweh un sacrificio en Bosrá, y gran matanza en Edom.
En vez de búfalos caerán pueblos, y en vez de toros un pueblo de valientes. Se emborrachará su tierra con sangre, y su polvo será engrasado de sebo.
Porque es día de venganza para Yahweh, año de desquite del defensor de Sión.
Se convertirán sus torrentes en pez, su polvo en azufre, y se hará su tierra pez ardiente.
Ni de noche ni de día se apagará, por siempre subirá el humo de ella. De generación en generación quedará arruinada, y nunca jamás habrá quien pase por ella.
La heredarán el pelícano y el erizo, el ibis y el cuervo residirán en ella. Tenderá Yahweh sobre ella la plomada del caos y el nivel del vacío.
Los sátiros habitarán en ella, ya no habrá en ella nobles que proclamen la realeza, y todos sus príncipes serán aniquilados.
En sus alcázares crecerán espinos, ortigas y cardos en sus fortalezas; será morada de chacales y dominio de avestruces.
Los gatos salvajes se juntarán con hienas y un sátiro llamará al otro; también allí reposará Lilit y en él encontrará descanso.
Allí anidará la víbora, pondrá, incubará y hará salir del huevo. También allí se juntarán los buitres.
Buscad el libro de Yahweh y leed; no faltará ninguno de ellos, ninguno de ellos echará en falta a otro. Pues su misma boca lo ha ordenado y su mismo espíritu los junta.
Es él mismo el que los echa a suertes, con su mano les reparte el país a cordel; lo poseerán por siempre y morarán en él de generación en generación.
Juan 8
Mas Yeshúa se fue al monte de los Olivos.
Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles.
Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio
y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.
Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?»
Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acuasarle. Pero Yeshúa, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra.
Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.»
E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra.
Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Yeshúa con la mujer, que seguía en medio.
Incorporándose Yeshúa le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?»
Ella respondió: «Nadie, Señor.» Yeshúa le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más.»
Yeshúa les habló otra vez diciendo: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.»
Los fariseos le dijeron: «Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale.»
Yeshúa les respondió: «Aunque yo dé testimonio de mí mismo, mi testimonio vale, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni a dónde voy.
Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie;
y si juzgo, mi juicio es verdadero, porque no estoy yo solo, sino yo y el que me ha enviado.
Y en vuestra Ley está escrito que el testimonio de dos personas es válido.
Yo soy el que doy testimonio de mí mismo y también el que me ha enviado, el Padre, da testimonio de mí.»
Entonces le decían: «¿Dónde está tu Padre?» Respondió Yeshúa: «No me conocéis ni a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre.»
Estas palabras las pronunció en el Tesoro, mientras enseñaba en el Templo. Y nadie le prendió, porque aún no había llegado su hora.
Yeshúa les dijo otra vez: «Yo me voy y vosotros me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado. Adonde yo voy, vosotros no podéis ir.»
Los judíos se decían: «¿Es que se va a suicidar, pues dice: "Adonde yo voy, vosotros no podéis ir?»
El les decía: «Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.
Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados.»
Entonces le decían: «¿Quién eres tú?» Yeshúa les respondió: «Desde el principio, lo que os estoy diciendo.
Mucho podría hablar de vosotros y juzgar pero el que me ha enviado es veraz, y lo que le he oído a él es lo que hablo al mundo.»
No comprendieron que les hablaba del Padre.
Les dijo, pues, Yeshúa: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo.
Y el que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a él.»
Al hablar así, muchos creyeron en él.
Decía, pues, Yeshúa a los judíos que habían creído en él: «Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos,
y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.»
Ellos le respondieron: «Nosotros somos descendencia de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres?»
Yeshúa les respondió: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo.
Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre.
Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres.
Ya sé que sois descendencia de Abraham; pero tratáis de matarme, porque mi Palabra no prende en vosotros.
Yo hablo lo que he visto donde mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído donde vuestro padre.»
Ellos le respondieron: «Nuestro padre es Abraham.» Yeshúa les dice: «Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham.
Pero tratáis de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Elohim. Eso no lo hizo Abraham.
Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.» Ellos le dijeron: «Nosotros no hemos nacido de la prostitución; no tenemos más padre que a Elohim.»
Yeshúa les respondió: «Si Elohim fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido y vengo de Elohim; no he venido por mi cuenta, sino que él me ha enviado.
¿Por qué no reconocéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi Palabra.
Vosotros sois de vuestro padre el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Este era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira.
Pero a mí, como os digo la verdad, no me creéis.
¿Quién de vosotros puede probar que soy pecador? Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis?
El que es de Elohim, escucha las palabras de Elohim; vosotros no las escucháis, porque no sois de Elohim.»
Los judíos le respondieron: «¿No decimos, con razón, que eres samaritano y que tienes un demonio?»
Respondió Yeshúa: «Yo no tengo un demonio; sino que honro a mi Padre, y vosotros me deshonráis a mí.
Pero yo no busco mi gloria; ya hay quien la busca y juzga.
51 En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás.»
52 Le dijeron los judíos: «Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas; y tú dices: "Si alguno guarda mi Palabra, no probará la muerte jamás."
53 ¿Eres tú acaso más grande que nuestro padre Abraham, que murió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes a ti mismo?»
54 Yeshúa respondió: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, de quien vosotros decís: "El es nuestro Elohim",
55 y sin embargo no le conocéis, yo sí que le conozco, y si dijera que no le conozco, sería un mentiroso como vosotros. Pero yo le conozco, y guardo su Palabra.
56 Vuestro padre Abraham se regocijó pensando en ver mi Día; lo vio y se alegró.»
57 Entonces los judíos le dijeron: «¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?»
58 Yeshúa les respondió: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy.»
59 Entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Yeshúa se ocultó y salió del Templo.
Juan 9
Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento.
Y le preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?»
Respondió Yeshúa: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Elohim.
Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar.
Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo.»
Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego
y le dijo: «Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo.
Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: «¿No es éste el que se sentaba para mendigar?»
Unos decían: «Es él». «No, decían otros, sino que es uno que se le parece.» Pero él decía: «Soy yo.»
Le dijeron entonces: «¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?»
El respondió: «Ese hombre que se llama Yeshúa, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: "Vete a Siloé y lávate." Yo fui, me lavé y vi.»
Ellos le dijeron: «¿Dónde está ése?» El respondió: «No lo sé.»
Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego.
Pero era sábado el día en que Yeshúa hizo barro y le abrió los ojos.
Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. El les dijo: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.»
Algunos fariseos decían: «Este hombre no viene de Elohim, porque no guarda el sábado.» Otros decían: «Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?» Y había disensión entre ellos.
Entonces le dicen otra vez al ciego: «¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los ojos?» El respondió: «Que es un profeta.»
No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista
y les preguntaron: «¿Es éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?»
Sus padres respondieron: «Nosotros sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego.
Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo.»
Sus padres decían esto por miedo por los judíos, pues los judíos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno le reconocía como MaShiaj, quedara excluido de la sinagoga.
Por eso dijeron sus padres: «Edad tiene; preguntádselo a él.»
Le llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Elohim. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.»
Les respondió: «Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo.»
Le dijeron entonces: «¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?»
El replicó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?»
Ellos le llenaron de injurias y le dijeron: «Tú eres discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés.
Nosotros sabemos que a Moisés le habló Elohim; pero ése no sabemos de dónde es.»
El hombre les respondió: «Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos.
Sabemos que Elohim no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su voluntad, a ése le escucha.
Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento.
Si éste no viniera de Elohim, no podría hacer nada.»
Ellos le respondieron: «Has nacido todo entero en pecado ¿y nos da lecciones a nosotros?» Y le echaron fuera.
Yeshúa se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?»
El respondió: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Yeshúa le dijo: «Le has visto; el que está hablando contigo, ése es.»
El entonces dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.
Y dijo Yeshúa: «Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos.»
Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «Es que también nosotros somos ciegos?»
Yeshúa les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: "Vemos" vuestro pecado permanece.»
Tehilim 84
Del maestro de coro. Según la... de Gat. De los hijos de Coré. Salmo.
¡Qué amables tus moradas, oh Yahweh Sebaot!
Anhela mi alma y languidece tras de los atrios de Yahweh, mi corazón y mi carne gritan de alegría hacia el Elohim vivo.
Hasta el pajarillo ha encontrado una casa, y para sí la golondrina un nido donde poner a sus polluelos: ¡Tus altares, oh Yahweh Sebaot, rey mío y Elohim mío!
Dichosos los que moran en tu casa, te alaban por siempre.
Dichosos los hombres cuya fuerza está en ti, y las subidas en su corazón.
Al pasar por el valle del Bálsamo, lo hacen un hontanar, y la lluvia primera lo cubre de bendiciones.
De altura en altura marchan, y Elohim se les muestra en Sión.
¡Yahweh Elohim Sebaot, escucha mi plegaria, tiende tu oído, oh Elohim de Jacob!
Oh Elohim, escudo nuestro, mira, pon tus ojos en el rostro de tu ungido.
Vale más un día en tus atrios que mil en mis mansiones, estar en el umbral de la Casa de mi Elohim que habitar en las tiendas de impiedad.
Porque Yahweh Elohim es almena y escudo, él da gracia y gloria; Yahweh no niega la ventura a los que caminan en la perfección.
¡Oh Yahweh Sebaot, dichoso el hombre que confía en ti!

