Parashot 22 de febrero 2025
Isaías 51-52, Hechos 5-6 y Tehilim 93
Isaías 51
Prestadme oído, seguidores de lo justo, los que buscáis a Yahweh. Reparad en la peña de donde fuisteis tallados, y en la cavidad de pozo de donde fuisteis excavados.
Reparad en Abraham vuestro padre, y en Sara, que os dio a luz; pues uno solo era cuando le llamé, pero le bendije y le multipliqué.
Cuando haya consolado Yahweh a Sión, haya consolado todas sus ruinas y haya trocado el desierto en Edén y la estepa en Paraíso de Yahweh, regocijo y alegría se encontrarán en ella, alabanza y son de canciones.
Préstame atención, pueblo mío, mi nación, escúchame; que una instrucción saldrá de mí, y juicio mío para luz de las naciones. Inminente,
cercana está mi justicia, saldrá mi liberación, y mis brazos juzgarán a los pueblos. Las islas esperan en mí y cuentan con mi brazo.
Alzad a los cielos vuestros ojos y contemplad la tierra abajo, pues los cielos como humareda se disiparán, la tierra como un vestido se gastará y sus moradores como el mosquito morirán. Pero mi salvación por siempre será, y mi justicia se mantendrá intacta.
Prestadme oído, sabedores de lo justo, pueblo consciente de mi ley. No temáis las injurias de los hombres, y de sus ultrajes no os asustéis;
pues como un vestido se los comerá la polilla, y como lana los comerá la tiña. Pero mi justicia por siempre será, y mi salvación por generaciones de generaciones.
¡Despierta, despierta, revístete de poderío, oh brazo de Yahweh! ¡Despierta como en los días de antaño, en las generaciones pasadas! ¿No eres tú el que partió a Ráhab, el que atravesó al Dragón?
¿No eres tú el que secó la Mar, las aguas del gran Océano, el que trocó las honduras del mar en camino para que pasasen los rescatados?
Los redimidos de Yahweh volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones, y habrá alegría eterna sobre sus cabezas. ¡Regocijo y alegría les acompañarán! ¡Adiós, el penar y suspiros!
Yo, yo soy tu consolador. ¿Quién eres tú, que tienes miedo del mortal y del hijo del hombre, al heno equiparado?
Olvidas a Yahweh, tu hacedor, el que extendió los cielos y cimentó la tierra; y te estás despavorido todo a lo largo del día ante la furia del opresor, en cuanto se aplica a destruir. Pues ¿dónde está esa furia del opresor?
Pronto saldrá libre el que está en la cárcel, no morirá en la hoya, no le faltará el pan.
Yo soy Yahweh tu Elohim, que agito el mar y hago bramar sus olas; Yahweh Sebaot es mi nombre.
Yo he puesto mis palabras en tu boca y te he escondido a la sombra de mi mano, cuando extendía los cielos y cimentaba la tierra, diciendo a Sión: «Mi pueblo eres tú.»
¡Despierta, despierta! ¡Levántate, Jerusalén! Tú, que has bebido de mano de Yahweh la copa de su ira. El cáliz del vértigo has bebido hasta vaciarlo.
No hay quien la guíe de entre todos los hijos que ha dado a luz, no hay quien la tome de la mano de entre todos los hijos que ha criado.
Estas dos cosas te han acaecido - ¿quién te conduele? - saqueo y quebranto, hambre y espada - ¿quién te consuela? -
Tus hijos desfallecen, yacen, en la esquina de todas las calles como antílope en la red, llenos de la ira de Yahweh, de la amenaza de tu Elohim.
Por eso, escucha esto, pobrecilla, ebria, pero no de vino.
Así dice tu Señor Yahweh, tu Elohim, defensor de tu pueblo. Mira que yo te quito de la mano la copa del vértigo, el cáliz de mi ira; ya no tendrás que seguir bebiéndolo.
Yo lo pondré en la mano de los que te afligían, de los que a ti misma te decían: «Póstrate para que pasemos», y tú pusiste tu espalda como suelo y como calle de los que pasaban."
Isaías 52
¡Despierta, despierta! ¡Revístete de tu fortaleza, Sión! ¡Vístete tus ropas de gala, Jerusalén, Ciudad Santa! Porque no volverán a entrar en ti incircuncisos ni impuros.
Sacúdete el polvo, levántate, cautiva Jerusalén, Líbrate de las ligaduras de tu cerviz, cautiva hija de Sión.
Porque así dice Yahweh: De balde fuisteis vendidos, y sin plata seréis rescatados.
Sí, así dice el Señor Yahweh: A Egipto bajó mi pueblo en un principio, a ser forastero allí, y luego Asiria le oprimió sin motivo.
Y ahora, ¿qué voy a hacer aquí - oráculo de Yahweh - pues mi pueblo ha sido arrebatado sin motivo? Sus dominadores profieren gritos - oráculo de Yahweh - y todo a lo largo del día mi nombre es blasfemado.
Por eso mi pueblo conocerá mi nombre en aquel día y comprenderá que yo soy el que decía: «Aquí estoy.»
¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: «Ya reina tu Elohim!»
¡Una voz! Tus vigías alzan la voz, a una dan gritos de júbilo, porque con sus propios ojos ven el retorno de Yahweh a Sión.
Prorrumpid a una en gritos de júbilo, soledades de Jerusalén, porque ha consolado Yahweh a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén.
Ha desnudado Yahweh su santo brazo a los ojos de todas las naciones, y han visto todos los cabos de la tierra la salvación de nuestro Elohim.
¡Apartaos, apartaos, salid de allí! ¡Cosa impura no toquéis! ¡Salid de en medio de ella, manteneos limpios, portadores del ajuar de Yahweh!
Pues sin prisa habréis de salir, no iréis a la desbandada, que va al frente de vosotros Yahweh, y os cierra la retaguardia el Elohim de Israel.
He aquí que prosperará mi Siervo, será enaltecido, levantado y ensalzado sobremanera.
Así como se asombraron de él muchos - pues tan desfigurado tenía el aspecto que no parecía hombre, ni su apariencia era humana -
otro tanto se admirarán muchas naciones; ante él cerrarán los reyes la boca, pues lo que nunca se les contó verán, y lo que nunca oyeron reconocerán."
Hechos 5
Un hombre llamado Ananías, de acuerdo con su mujer Safira, vendió una propiedad,
y se quedó con una parte del precio, sabiéndolo también su mujer; la otra parte la trajo y la puso a los pies de los apóstoles.
Pedro le dijo: «Ananías, ¿cómo es que Satanás llenó tu corazón para mentir al Ruaj HaKodesh, y quedarte con parte del precio del campo?
¿Es que mientras lo tenías no era tuyo, y una vez vendido no podías disponer del precio? ¿Por qué determinaste en tu corazón hacer esto? Nos has mentido a los hombres, sino a Elohim.»
Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y un gran temor se apoderó de cuantos lo oyeron.
Se levantaron los jóvenes, le amortajaron y le llevaron a enterrar.
Unas tres horas más tarde entró su mujer que ignoraba lo que había pasado.
Pedro le preguntó: «Dime, ¿habéis vendido en tanto el campo?» Ella respondió: «Sí, en eso.»
Y Pedro le replicó: «¿Cómo os habéis puesto de acuerdo para poner a prueba al Ruaj del Señor? Mira, aquí a la puerta están los pies de los que han enterrado a tu marido; ellos te llevarán a ti.»
Al instante ella cayó a sus pies y expiró. Entrando los jóvenes, la hallaron muerta, y la llevaron a enterrar junto a su marido.
Un gran temor se apoderó de toda la Iglesia y de todos cuantos oyeron esto.
Por mano de los apóstoles se realizaban muchas señales y prodigios en el pueblo... Y solían estar todos con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón,
pero nadie de los otros se atrevía a juntarse a ellos, aunque el pueblo hablaba de ellos con elogio.
Los creyentes cada vez en mayor número se adherían al Señor, una multitud de hombres y mujeres.
hasta tal punto que incluso sacaban los enfermos a las plazas y los colocaban en lechos y camillas, para que, al pasar Pedro, siquiera su sombra cubriese a alguno de ellos.
También acudía la multitud de las ciudades vecinas a Jerusalén trayendo enfermos y atormentados por espíritus inmundos; y todos eran curados.
Entonces se levantó el Sumo Sacerdote, y todos los suyos, los de la secta de los saduceos, y llenos de envidia,
echaron mano a los apóstoles y les metieron en la cárcel pública.
Pero el Ángel del Señor, por la noche, abrió las puertas de la prisión, les sacó y les dijo:
«Id, presentaos en el Templo y decid al pueblo todo lo referente a esta Vida.»
Obedecieron, y al amanecer entraron en el Templo y se pusieron a enseñar. Llegó el Sumo Sacerdote con los suyos, convocaron el Sanedrín y todo el Senado de los hijos de Israel, y enviaron a buscarlos a la cárcel.
Cuando llegaron allí los alguaciles, no los encontraron en la prisión; y volvieron a darles cuenta
y les dijeron: «Hemos hallado la cárcel cuidadosamente cerrada y los guardias firmes ante las puertas; pero cuando abrimos, no encontramos a nadie dentro.»
Cuando oyeron esto, tanto el jefe de la guardia del Templo como los sumos sacerdotes se preguntaban perplejos qué podía significar aquello.
Se presentó entonces uno que les dijo: «Mirad, los hombres que pusisteis en prisión están en el Templo y enseñan al pueblo.»
Entonces el jefe de la guardia marchó con los alguaciles y les trajo, pero sin violencia, porque tenían miedo de que el pueblo les apedrease.
Les trajeron, pues, y les presentaron en el Sanedrín. El Sumo Sacerdote les interrogó
y les dijo: «Os prohibimos severamente enseñar en ese nombre, y sin embargo vosotros habéis llenado Jerusalén con vuestra doctrina y queréis hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre.»
Pedro y los apóstoles contestaron: «Hay que obedecer a Elohim antes que a los hombres.
El Elohim de nuestros padres resucitó a Yeshúa a quien vosotros disteis muerte colgándole de un madero.
A éste le ha exaltado Elohim con su diestra como Jefe y Salvador, para conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados.
Nosotros somos testigos de estas cosas, y también el Ruaj HaKodesh que ha dado Elohim a los que le obedecen.»
Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.
Entonces un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, con prestigio ante todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín. Mandó que se hiciera salir un momento a aquellos hombres,
y les dijo: «Israelitas, mirad bien lo que vais a hacer con estos hombres.
Porque hace algún tiempo se levantó Teudas, que pretendía ser alguien y que reunió a su alrededor unos cuatrocientos hombres; fue muerto y todos los que le seguían se disgregaron y quedaron en nada.
Después de éste, en los días del empadronamiento, se levantó Judas el Galileo, que arrastró al pueblo en pos de sí; también éste pereció y todos los que le habían seguido se dispersaron.
Os digo, pues, ahora: desentendeos de estos hombres y dejadlos. Porque si esta idea o esta obra es de los hombres, se destruirá;
pero si es de Elohim, no conseguiréis destruirles. No sea que os encontréis luchando contra Elohim.» Y aceptaron su parecer.
Entonces llamaron a los apóstoles; y, después de haberles azotado, les intimaron que no hablasen en nombre de Yeshúa. Y les dejaron libres.
Ellos marcharon de la presencia del Sanedrín contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por el Nombre.
Y no cesaban de enseñar y de anunciar la Buena Nueva de Cristo Yeshúa cada día en el Templo y por las casas."
Hechos 6
Por aquellos días, al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana.
Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: «No parece bien que nosotros abandonemos la Palabra de Elohim por servir a las mesas.
Por tanto, hermanos, buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de Ruaj y de sabiduría, y los pondremos al frente de este cargo;
mientras que nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra.»
Pareció bien la propuesta a toda la asamblea y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Ruaj HaKodesh, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía;
los presentaron a los apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos.
La Palabra de Elohim iba creciendo; en Jerusalén se multiplicó considerablemente el número de los discípulos, y multitud de sacerdotes iban aceptando la fe.
Esteban, lleno de gracia y de poder, realizaba entre el pueblo grandes prodigios y señales.
Se levantaron unos de la sinagoga llamada de los Libertos, cirenenses y alejandrinos, y otros de Cilicia y Asia, y se pusieron a disputar con Esteban;
pero no podían resistir a la sabiduría y al Ruaj con que hablaba.
Entonces sobornaron a unos hombres para que dijeran: «Nosotros hemos oído a éste pronunciar palabras blasfemas contra Moisés y contra Elohim.»
De esta forma amotinaron al pueblo, a los ancianos y escribas; vinieron de improviso, le prendieron y le condujeron al Sanedrín.
Presentaron entonces testigos falsos que declararon: «Este hombre no para de hablar en contra del Lugar Santo y de la Ley;
pues le hemos oído decir que Yeshúa, ese Nazoreo, destruiría este Lugar y cambiaría las costumbres que Moisés nos ha transmitido.»
Fijando en él la mirada todos los que estaban sentados en el Sanedrín, vieron su rostro como el rostro de un ángel."
Tehilim 93
Reina Yahweh, de majestad vestido, Yahweh vestido, ceñido de poder, y el orbe está seguro, no vacila.
Desde el principio tu trono esta fijado, desde siempre existes tú.
Levantan los ríos, Yahweh, levantan los ríos su voz, los ríos levantan su bramido;
más que la voz de muchas aguas más imponente que las ondas del mar, es imponente Yahweh en las alturas.
Son veraces del todo tus dictámenes; la santidad es el ornato de tu Casa, oh Yahweh, por el curso de los días.

