Parashot 22 de noviembre 2025
Baruc 6, Ezequiel 1, Efesios 4-5 y Tehilim 132
Baruc 6
"Por los pecados que habéis cometido delante de Elohim, vais a ser llevados cautivos a Babilonia por Nabucodonosor, rey de los babilonios.
Una vez llegados a Babilonia, estaréis allí muchos años y por largo tiempo, hasta siete generaciones; pero después yo os sacaré de allí en paz.
Ahora vais a ver en Babilonia dioses de plata, de oro y de ma madera, que son llevados a hombros y que infunden temor a los gentiles.
Estad alerta, no hagáis vosotros también como los extranjeros de modo que os entre temor de esos dioses,
cuando veáis la turba delante y detrás de ellos adorándoles. Decid entonces en vuestro interior: «A ti solo se debe adoración, Señor.»
Pues mi ángel está con vosotros: él tiene cuidado de vuestras vidas.
Porque la lengua de esos dioses ha sido limada por un artesano, y ellos, por muy dorados y plateados que estén, son falsos y no pueden hablar.
Como para una joven presumida, así ellos toman oro y preparan coronas para las cabezas de sus dioses.
Ocurre a veces que los sacerdotes roban a sus dioses oro y plata y lo emplean en sus propios gastos, y llegan a dárselo incluso a las prostitutas de la terraza.
Los adornan también con vestidos como si fuesen hombres, a esos dioses de plata, oro y madera; pero éstos no se libran ni de la roña ni de los gusanos.
Por muy envueltos que estén en vestidos de púrpura, tienen que lavarles la cara, debido al polvo de la casa que los recubre espesamente.
Hay quien empuña el cetro como un gobernador de provincia, pero no podría aniquilar al que le ha ofendido.
Otro tiene en su diestra espada y hacha, pero no puede defenderse de la guerra ni de los ladrones.
Por donde bien dejan ver que no son dioses. Así que no les temáis.
Como el vaso que un hombre usa, cuando se rompe, se hace inservible, así les pasa a sus dioses una vez colocados en el templo.
Sus ojos están llenos del polvo levantado por los pies de los que entran.
Lo mismo que a uno que ha ofendido al rey se le cierran bien las puertas, como que está condenado a muerte, así los sacerdotes aseguran las casas de estos dioses con puertas, cerrojos y trancas, para que no sean saqueados por los ladrones.
Les encienden lámparas y aun más que para ellos mismos, cuando los dioses no pueden ver ni una sola de ellas.
Les pasa lo mismo que a las vigas de la casa cuyo interior se dice que está aplillado. A los gusanos que suben del suelo y los devoran, a ellos y sus vestidos, no los sienten.
Sus caras están ennegrecidas por la humareda de la casa.
Sobre su cuerpo y sus cabezas revolotean lechuzas vencejos y otros pájaros; y también hay gatos.
Por donde podéis ver que no son dioses; así que no les temáis.
El oro mismo con que los recubren para embellecerlos no lograría hacerlos brillar si no hubiera quien le limpiara la herrumbre, pues ni cuando eran fundidos se daban cuenta.
A enorme precio han sido comprados esos dioses en los que no hay soplo de vida.
Al no tener pies, son llevados a hombros, exhibiendo así a los hombres su propia ignominia; y quedan también en vergüenza sus servidores, porque si aquéllos llegan a caer en tierra, tienen que ser levantados por ellos.
Si se les pone en pie, no pueden moverse por sí mismos; si se les tumba, no logran enderezarse solos; como a muertos, se les presentan las ofrendas.
Sus víctimas las venden los sacerdotes y sacan provecho de ellas; también sus mujeres ponen una parte en conserva, sin repartir nada al pobre ni al enfermo; y las mujeres que acaban de dar a luz y las que están en estado de impureza tocan sus víctimas.
Conociendo, pues, por todo esto que no son dioses, no les temáis.
¿Cómo, en efecto, podrían llamarse dioses? Son mujeres las que presentan ofrendas ante estos dioses de plata, oro y madera.
Y en sus templos los sacerdotes se están sentados, con las túnicas desgarradas, las cabezas y las barbas rapadas y la cabeza descubierta;
y vocean chillando delante de sus dioses como hacen algunos en un banquete fúnebre.
Los sacerdotes les quitan la vestimenta para vestir a sus mujeres y sus hijos.
Si alguien les hace daño o favor, no pueden darle su merecido. Ni pueden poner ni quitar rey.
Tampoco son capaces de dar ni riquezas ni dinero. Si alguien les hace un voto y no lo cumple, no le piden cuentas.
Jamás libran a un hombre de la muerte, ni arrancan al débil de las manos del poderoso.
No pueden devolver la vista al ciego, ni liberar al hombre que se halla en necesidad.
No tienen piedad de la viuda ni hacen bien al huérfano.
A los peñasos sacados del monte se parecen esos maderos recubiertos de oro y plata, y sus servidores quedan en vergüenza.
¿Cómo, pues, se puede creer o afirmar que son dioses?
Más aún, los mismos caldeos los desacreditan cuando, al ver a un mudo que no puede hablar, lo llevan donde Bel, pidiéndole que le devuelva el habla, como si este dios pudiera percibir.
Y no pueden ellos, que piensan, abandonar a sus dioses que no sienten nada.
Las mujeres, ceñidas de cuerdas, se sientan junto a los casminos quemando como incienso el salvado,
y, cuando una de ellas, solicitada por algún transeúnte, se acuesta con él, reprocha a su vecina de no haber sido hallada digna como ella y de no haber sido rota su cuerda.
Todo lo que se hace en honor de ellos es engaño. ¿Cómo, pues, se puede creer o afirmar que son dioses?
Han sido fabricados por artesanos y orfebres, y no son cosa que lo que sus artífices quieren que sean.
Los mismos que los han fabricado no duran mucho tiempo; ¿cómo, pues, van a ser dioses las cosas fabricadas por ellos?
Sólo mentira y oprobio han dejado a su posteridad.
Y cuando les sobrevienen guerras o calamidades, los sacerdotes deliberan entre sí dónde esconderse con ellos.
¿Cómo, pues, no darse cuenta de que no son dioses los que no pueden salvarse a sí mismos de la guerra ni de las calamidades?
No siendo otra cosa que madera dorada y plateada, se reconocer reconocerá más tarde que no son más que mentira. Para todos, naciones y reyes, quedará claro que no son dioses, sino obras de manos de hombres, y que no hay en ellos obra alguna de un dios.
¿A quién, pues, no parecerá evidente que no son dioses?
No pueden poner rey en un país, ni dar a los hombres la lluvia.
No saben juzgar sus pleitos, ni liberar y proteger al agraviado, porque son incapaces; como cornejas son entre el cielo y la tierra.
Pues si llega a prender el fuego en la casa de esos dioses de madera, dorados y plateados, sus sacerdotes escaparán y se pondrán a salvo, pero ellos serán, como postes, presa de las llamas.
Tampoco pueden resistir a rey ni a ejército enemigo.
¿Cómo pues, admitir o creer que son dioses?
Ni de ladrones y salteadores pueden defenderse estos dioses de madera, plateados y dorados; aquéllos, más fuertes que ellos, les quitan el oro, la plata y la vestimenta que los recubre, y se van con ello, sin que los dioses puedan socorrerse a sí mismos.
De modo que es mucho mejor ser un rey que ostenda su poder, o un utensilio provechoso en una casa, del cual se sirve su dueño, que no estos falsos dioses; o una puerta en una casa, que guarda cuanto hay dentro de ella, que no estos falsos dioses; o bien un poste de madera en un palacio, que no estos falsos dioses.
El sol, la luna y las estrellas, que brillan y tienen una misión, son obedientes:
igualmente el relámpago, cuando aparece, es bien visible; asimismo el viento sopla en todo país;
las nubes, cuando reciben de Elohim la orden de recorrer toda la tierra, la ejecutan al punto; y el fuego, enviado de lo alto a consumir montes y bosques, hace lo que se le ha ordenado.
Pero aquéllos no pueden compararse a ninguna de estas cosas, ni en presencia, ni en potentia.
Así que no se puede creer ni afirmar que sean dioses, puesto que no son capaces de hacer justicia ni de proporcionar bien alguno a los hombres.
Sabiendo, pues, que no son dioses, no les temáis.
Tampoco pueden maldecir ni bendecir a los reyes;
ni hacer ver a las naciones señales en el cielo; ni resplandecen como el sol, ni alumbran como la luna.
Las bestias valen más que ellos, porque pueden, refugiándose bajo cubierto, ser útiles a sí mismas.
Por ningún lado, pues, aparece que sean dioses; así que no les temáis.
Como espantajo en cohombral, que no guarda nada, así son sus dioses de madera, dorados y plateados.
También a un espino en un huerto, en el que todos los pájaros se posan, o a un muerto echado en lugar oscuro, se pueden comparar sus dioses de madera, dorados y plateados.
Por la púrpura y el lino que se pudre encima de ellos, conoceréis también que no son dioses. Ellos mismos serán al fin devorados y serán un oprobio para el país.
Mucho más vale, pues, el hombre justo, que no tiene ídolos; él estará lejos del oprobio."
Ezequiel 1
" El año treinta, el día cinco el cuarto mes, encontrándome yo entre los deportados, a orillas del río Kebar, se abrió el cielo y contemplé visiones divinas.
El día cinco del mes - era el año quinto de la deportación del rey Joaquín -
la palabra de Yahweh fue dirigida al sacerdote Ezequiel, hijo de Buzí, en el país de los caldeos, a orillas del río Kebar, y allí fue sobre él la mano de Yahweh.
Yo miré: vi un viento huracanado que venía del norte, una gran nube con fuego fulgurante y resplandores en torno, y en el medio como el fulgor del electro, en medio del fuego.
Había en el centro como una forma de cuatro seres cuyo aspecto era el siguiente: tenían forma humana.
Tenían cada uno cuatro caras, y cuatro alas cada uno.
Sus piernas eran rectas y la planta de sus pies era como la planta de la pezuña del buey, y relucían como el fulgor del bronce bruñido.
Bajo sus alas había unas manos humanas vueltas hacia las cuatro direcciones, lo mismo que sus caras y sus alas, las de los cuatro.
Sus alas estaban unidas una con otra; al andar no se volvían; cada uno marchaba de frente.
En cuanto a la forma de sus caras, era una cara de hombre, y los cuatro tenían cara de león a la derecha, los cuatro tenían cara de toro a la izquierda, y los cuatro tenían cara de águila.
Sus alas estaban desplegadas hacia lo alto; cada uno tenía dos alas que se tocaban entre sí y otras dos que le cubrían el cuerpo;
y cada uno marchaba de frente; donde el espíritu les hacía ir, allí iban, y no se volvían en su marcha.
Entre los seres había algo como brasas incandescentes, con aspecto de antorchas, que se movía entre los seres; el fuego despedía un resplandor, y del fuego salían rayos.
Y los seres iban y venían con el aspecto del relámpago.
Miré entonces a los seres y vi que había una rueda en el suelo, al lado de los seres de cuatro caras.
El aspecto de las ruedas y su estructura era como el destello del crisólito. Tenían las cuatro la misma forma y parecían dispuestas como si una rueda estuviese dentro de la otra.
En su marcha avanzaban en las cuatro direcciones; no se volvían en su marcha.
Su circunferencia tenía gran altura, era imponente, y la circunferencia de las cuatro estaba llena de destellos todo alrededor.
Cuando los seres avanzaban, avanzaban las ruedas junto a ellos, y cuando los seres se elevaban del suelo, se elevaban las ruedas.
Donde el espíritu les hacía ir, allí iban, y las ruedas se elevaban juntamente con ellos, porque el espíritu del ser estaba en las ruedas.
Cuando avanzaban ellos, avanzaban ellas, cuando ellos se paraban, se paraban ellas, y cuando ellos se elevaban del suelo, las ruedas se elevaban juntamente con ellos, porque el espíritu del ser estaba en las ruedas.
Sobre las cabezas del ser había una forma de bóveda resplandeciente como el cristal, extendida por encima de sus cabezas,
y bajo la bóveda sus alas estaban rectas, una paralela a la otra; cada uno tenía dos que le cubrían el cuerpo.
Y oí el ruido de sus alas, como un ruido de muchas aguas, como la voz de Sadday; cuando marchaban, era un ruido atronador, como ruido de batalla; cuando se paraban, replegaban sus alas.
Y se produjo un ruido.
Por encima de la bóveda que estaba sobre sus cabezas, había algo como una piedra de zafiro en forma de trono, y sobre esta forma de trono, por encima, en lo más alto, una figura de apariencia humana.
Vi luego como el fulgor del electro, algo como un fuego que formaba una envoltura, todo alrededor, desde lo que parecía ser sus caderas para arriba; y desde lo que parecía ser sus caderas para abajo, vi algo como fuego que producía un resplandor en torno,
con el aspecto del arco iris que aparece en las nubes los días de lluvia: tal era el aspecto de este resplandor, todo en torno. Era algo como la forma de la gloria de Yahweh. A su vista caí rostro en tierra y oí una voz que hablaba."
Efesios 4
"Os exhorto, pues, yo, preso por el Señor, a que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados,
con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros por amor,
poniendo empeño en conservar la unidad del Ruaj con el vínculo de la paz.
Un solo Cuerpo y un solo Ruaj, como una es la esperanza a que habéis sido llamados.
Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo,
un solo Elohim y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.
A cada uno de nosotros le ha sido concedido el favor divino a la medida de los dones de Mashiaj.
Por eso dice: Subiendo a la altura, llevó cautivos y dio dones a los hombres.
¿Qué quiere decir «subió» sino que también bajó a las regiones inferiores de la tierra?
Este que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo.
El mismo «dio» a unos el ser apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelizadores; a otros, pastores y maestros,
para el recto ordenamiento de los santos en orden a las funciones del ministerio, para edificación del Cuerpo de Mashiaj,
hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Elohim, al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Mashiaj.
Para que no seamos ya niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina, a merced de la malicia humana y de la astucia que conduce engañosamente al error,
antes bien, siendo sinceros en el amor, crezcamos en todo hasta Aquel que es la Cabeza, Mashiaj,
de quien todo el Cuerpo recibe trabazón y cohesión por medio de toda clase de junturas que llevan la nutrición según la actividad propia de cada una de las partes, realizando así el crecimiento del cuerpo para su edificación en el amor.
Os digo, pues, esto y os conjuro en el Señor, que no viváis ya como viven los gentiles, según la vaciedad de su mente,
sumergido su pensamiento en las tinieblas y excluidos de la vida de Elohim por la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su cabeza
los cuales, habiendo perdido el sentido moral, se entregaron al libertinaje, hasta practicar con desenfreno toda suerte de impurezas.
Pero no es éste el Mashiaj que vosotros habéis aprendido,
si es que habéis oído hablar de él y en él habéis sido enseñados conforme a la verdad de Yeshúa
a despojaros, en cuanto a vuestra vida anterior, del hombre viejo que se corrompe siguiendo la seducción de las concupiscencias,
a renovar el espíritu de vuestra mente,
y a revestiros del Hombre Nuevo, creado según Elohim, en la justicia y santidad de la verdad.
Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros.
Si os airáis, no pequéis; no se ponga el sol mientras estéis airados,
ni deis ocasión al Diablo.
El que robaba, que ya no robe, sino que trabaje con sus manos, haciendo algo útil para que pueda hacer partícipe al que se halle en necesidad.
No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen.
No entristezcáis al Ruaj HaKodesh de Elohim, con el que fuisteis sellados para el día de la redención.
Toda acritud, ira, cólera, gritos, maledicencia y cualquier clase de maldad, desaparezca de entre vosotros.
Sed más bien buenos entre vosotros, entrañables, perdonándoos mutuamente como os perdonó Elohim en Mashiaj.
Efesios 5
Sed, pues, imitadores de Elohim, como hijos queridos,
y vivid en el amor como Mashiaj os amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave aroma.
La fornicación, y toda impureza o codicia, ni siquiera se mencione entre vosotros, como conviene a los santos.
Lo mismo de la grosería, las necedades o las chocarrerías, cosas que no están bien; sino más bien, acciones de gracias.
Porque tened entendido que ningún fornicario o impuro o codicioso - que es ser idólatra - participará en la herencia del Reino de Mashiaj y de Elohim.
Que nadie os engañe con vanas razones, pues por eso viene le cólera de Elohim sobre los rebeldes.
No tengáis parte con ellos.
Porque en otro tiempo fuisteis tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor. Vivid como hijos de la luz;
pues el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad.
Examinad qué es lo que agrada al Señor,
y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denunciadlas.
Cierto que ya sólo el mencionar las cosas que hacen ocultamente da vergüenza;
pero, al ser denunciadas, se manifiestan a la luz.
Pues todo lo que queda manifiesto es luz. Por eso se dice: Despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te iluminará Mashiaj.
Así pues, mirad atentamente cómo vivís; que no sea como imprudentes, sino como prudentes;
aprovechando bien el tiempo presente, porque los días son malos.
Por tanto, no seáis insensatos, sino comprended cuál es la voluntad de Señor.
No os embriaguéis con vino, que es causa de libertinaje; llenaos más bien del Ruaj.
Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor,
dando gracias continuamente y por todo a Elohim Padre, en nombre de nuestro Señor Yeshúa HaMashiaj.
Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Mashiaj.
Las mujeres a sus maridos, como al Señor,
porque el marido es cabeza de la mujer, como Mashiaj es Cabeza de la Iglesia, el salvador del Cuerpo.
Así como la Iglesia está sumisa a Mashiaj, así también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo.
Maridos, amad a vuestras mujeres como Mashiaj amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella,
para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra,
y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada.
Así deben amar los maridos a sus mujeres como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer se ama a sí mismo.
Porque nadie aborreció jamás su propia carne; antes bien, la alimenta y la cuida con cariño, lo mismo que Mashiaj a la Iglesia,
pues somos miembros de su Cuerpo.
Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne.
Gran misterio es éste, lo digo respecto a Mashiaj y la Iglesia.
En todo caso, en cuanto a vosotros, que cada uno ame a su mujer como a sí mismo; y la mujer, que respete al marido."
Tehilim 132
"Acuérdate, Yahweh, en favor de David, de todos sus desvelos,
del juramento que hizo a Yahweh, de su voto al Fuerte de Jacob:
«No he de entrar bajo el techo de mi casa, no he de subir al lecho en que reposo,
sueño a mis ojos no he de conceder ni quietud a mis párpados,
mientras no encuentre un lugar para Yahweh, una Morada para el Fuerte de Jacob.»
Mirad: hemos oído de Ella que está en Efratá, ¡la hemos encontrado en los Campos del Bosque!
¡Vayamos a la Morada de él, ante el estrado de sus pies postrémonos!
¡Levántate, Yahweh, hacia tu reposo, tú y el arca de tu fuerza!
Tus sacerdotes se vistan de justicia, griten de alegría tus amigos.
En gracia a David, tu servidor, no rechaces el rostro de tu ungido.
Juró Yahweh a David, verdad que no retractará: «El fruto de tu seno asentaré en tu trono.
«Si tus hijos guardan mi alianza, el dictamen que yo les enseño, también sus hijos para siempre se sentarán sobre tu trono.»
Porque Yahweh ha escogido a Sión, la ha querido como sede para sí:
«Aquí está mi reposo para siempre, en él me sentaré, pues lo he querido.
«Sus provisiones bendeciré sin tasa, a sus pobres hartaré de pan,
de salvación vestiré a sus sacerdotes, y sus amigos gritarán de júbilo.
«Allí suscitaré a David un fuerte vástago, aprestaré una lámpara a mi ungido;
de vergüenza cubriré a sus enemigos, y sobre él brillará su diadema»."

