Parashot 23 de agosto 2025
Jeremías 37-38, 1 Corintios 13-14 y Tehilim 119
Jeremías 37
" Vino a reinar, en vez de Konías, hijo de Yoyaquim, el rey Sedecías, hijo de Josías, al que Nabucodonosor, rey de Babilonia, puso por rey en tierra de Judá,
pero tampoco él ni sus siervos, ni el pueblo de la tierra, hicieron caso de las palabras que Yahweh había hablado por medio del profeta Jeremías.
El rey Sedecías envió a Yukal, hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maaseías, a decir al profeta Jeremías: «¡Ea! Ruega por nosotros a nuestro Elohim Yahweh.»
Y Jeremías iba y venía en público, pues no le habían encarcelado.
Las fuerzas de Faraón salieron de Egipto, y al oír hablar de ellos los caldeos que sitiaban a Jerusalén, levantaron el sitio de Jerusalén.
Entonces fue dirigida la palabra de Yahweh al profeta Jeremías:
Así dice Yahweh, el Elohim de Israel: Así diréis al rey de Judá que os envía a mí, a consultarme: He aquí que las fuerzas de Faraón que salían en vuestro socorro se han vuelto a su tierra de Egipto,
y volverán los caldeos que atacan a esta ciudad, la tomarán y la incendiarán.
Así dice Yahweh: No cobréis ánimos diciendo: «Seguro que los caldeos terminarán por dejarnos y marcharse»; porque no se marcharán,
pues aunque hubieseis derrotado a todas las fuerzas de los caldeos que os atacan y les quedaren sólo hombres acribillados, se levantarían cada cual en su tienda e incendiarían esta ciudad.
Cuando las tropas caldeas estaban levantando el sitio de Jerusalén, replegándose ante las tropas del Faraón, aconteció que
Jeremías salía de Jerusalén para ir a tierra de Benjamín a asistir a un reparto en el pueblo.
Y encontrándose él en la puerta de Benjamín, donde había un vigilante llamado Yiriyías, hijo de Selemías, hijo de Jananías, éste prendió al profeta Jeremías diciendo: «¡Tú te pasas a los caldeos!»
Dice Jeremías: «¡Falso! Yo no me paso a los caldeos.» Pero Yiriyías no le hizo caso, y poniendo preso a Jeremías, le llevó a los jefes,
los cuales se irritaron contra Jeremías, le dieron de golpes y le encarcelaron en casa del escriba Jonatán, convertida en prisión.
Así que Jeremías ingresó en el calabozo y en las bóvedas y permaneció allí mucho tiempo.
El rey Sedecías mandó traerle, y le interrogó en su casa, en secreto: «¿Hay algo de parte de Yahweh?» Dijo Jeremías: «Lo hay.» Y añadió: «En mano del rey de Babilonia serás entregado.»
Y dijo Jeremías al rey Sedecías: «¿En qué te he faltado a ti, a tus siervos y a este pueblo, para que me hayáis puesto en prisión?
¿Pues dónde están vuestros profetas que os profetizaban: "No vendrá el rey de Babilonia contra vosotros ni contra esta tierra?
Ahora, pues, oiga el rey mi señor, caiga bien en tu presencia mi petición de gracia y no me vuelvas a casa del escriba Jonatán, no muera yo allí.»
Entonces el rey Sedecías mandó que custodiasen a Jeremías en el patio de la guardia y se le diese un rosco de pan por día de la calle de los panaderos, hasta que se acabase todo el pan de la ciudad. Y Jeremías permaneció en el patio de la guardia.
Jeremías 38
Oyeron Sefatías, hijo de Mattán, Guedalías, hijo de Pasjur, hijo de Malkiyías, las palabras que Jeremías hablaba a todo el pueblo:
«Así dice Yahweh: Quien se quede en esta ciudad, morirá de espada, de hambre y de peste, mas el que se entregue a los caldeos vivirá, y eso saldrá ganando.
Así dice Yahweh: Sin remisión será entregada esta ciudad en mano de las tropas del rey de Babilonia, que la tomará.»
Y dijeron aquellos jefes al rey: «Ea, hágase morir a ese hombre, porque con eso desmoraliza a los guerreros que quedan en esta ciudad y a toda la plebe, diciéndoles tales cosas. Porque este hombre no procura en absoluto el bien del pueblo, sino su daño.»
Dijo el rey Sedecías: «Ahí le tenéis en vuestras manos, pues nada podría el rey contra vosotros.»
Ellos se apoderaron de Jeremías, y lo echaron a la cisterna de Malkiyías, hijo del rey, que había en el patio de la guardia, descolgando a Jeremías con sogas. En el pozo no había agua, sino fango, y Jeremías se hundió en el fango.
Pero Ebed Mélek el kusita - un eunuco de la casa del rey - oyó que habían metido a Jeremías en la cisterna. El rey estaba sentado en la puerta de Benjamín.
Salió Ebed Mélek de la casa del rey, y habló al rey en estos términos:
«Oh mi señor el rey, está mal hecho todo cuanto esos hombres han hecho con el profeta Jeremías, arrojándole a la cisterna. Total lo mismo se iba a morir de hambre, pues no quedan ya víveres en la ciudad.»
Entonces ordenó el rey a Ebed Mélek el kusita: «Toma tú mismo de aquí treinta hombres, y subes al profeta Jeremías del pozo antes de que muera.»
Ebed Mélek tomó consigo a los hombres y entrando en la casa del rey, al vestuario del tesoro, tomó allí deshechos de paños y telas, y con sogas los descolgó por la cisterna hasta Jeremías.
Dijo Ebed Mélek el kusita a Jeremías: «Hala, ponte los deshechos de paños y telas entre los sobacos y las sogas.» Así lo hizo Jeremías,
y halando a Jeremías con las sogas le subieron de la cisterna. Y Jeremías se quedó en el patio de la guardia.
Entonces el rey Sedecías mandó traer al profeta Jeremías a la entrada tercera que había en la Casa de Yahweh, y dijo el rey a Jeremías: «Yo te pregunto una cosa: no me ocultes nada.»
Dijo Jeremías a Sedecías: «Si te soy sincero, seguro que me matarás; y aunque te aconseje, no me escucharás.»
El rey Sedecías juró a Jeremías en secreto: «Por vida de Yahweh, y por la vida que nos ha dado, que no te haré morir ni te entregaré en manos de estos hombres que andan buscando tu muerte.»
Dijo Jeremías a Sedecías: «Así dice Yahweh, el Elohim Sebaot, el Elohim de Israel: Si sales a entregarte a los jefes del rey de Babilonia, vivirás tú mismo y esta ciudad no será incendiada: tanto tú como los tuyos viviréis.
Pero si no te entregas a los jefes del rey de Babilonia, esta ciudad será puesta en manos de los caldeos e incendiada, y tú no escaparás de sus manos.»
Dijo el rey Sedecías a Jeremías: «Me preocupan los judíos que se han pasado a los caldeos, no vaya a ser que me entreguen en sus manos, y éstos hagan mofa de mí.»
Pero replicó Jeremías: «No te entregarán. ¡Ea!, oye la voz de Yahweh en esto que te digo, que te resultará bien y quedarás con vida.
Mas si rehusas a salir, esto es lo que me ha mostrado Yahweh.
Mira que todas las mujeres que han permanecido en la casa del rey de Judá serán sacadas adonde los jefes del rey de Babilonia, e irán diciendo: Te empujaron y pudieron contigo aquellos con quienes te saludabas. Se hundieron en el lodo tus pies, hiciéronse atrás.
Y a todas tus mujeres y tus hijos irán sacando adonde los caldeos, y tú no escaparás de ellos, sino que en manos del rey de Babilonia serás puesto, y esta ciudad será incendiada.»
Entonces dijo Sedecías a Jeremías: «Que nadie sepa nada de esto, y no morirás.
Aunque se enteren los jefes de que he estado hablando contigo, y viniendo a ti te digan: "Decláranos qué has dicho al rey sin ocultárnoslo, y así no te mataremos, como también lo que el rey te ha hablado",
tú les dirás: "He pedido al rey la gracia de que no se me devuelva a casa de Jonatán a morirme allí."»
En efecto, vinieron todos los jefes a Jeremías, le interrogaron, y él les respondió conforme a lo que queda dicho que le había mandado el rey: y ellos quedaron satisfechos, porque nada se sabía de lo hablado.
Así quedó Jeremías en el patio de la guardia, hasta el día en que fue tomada Jerusalén. Ahora bien, cuando fue tomada Jerusalén..."
Corintios 13
"Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe.
Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy.
Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha.
La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe;
es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal;
no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad.
Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.
La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia.
Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía.
Cuando vendrá lo perfecto, desaparecerá lo parcial.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño.
Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido.
Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad.
Corintios 14
Buscad la caridad; pero aspirad también a los dones espirituales, especialmente a la profecía.
Pues el que habla en lengua no habla a los hombres sino a Elohim. En efecto, nadie le entiende: dice en espíritu cosas misteriosas.
Por el contrario, el que profetiza, habla a los hombres para su edificación, exhortación y consolación.
El que habla en lengua, se edifica a sí mismo; el que profetiza, edifica a toda la asamblea.
Deseo que habléis todos en lenguas; prefiero, sin embargo, que profeticéis. Pues el que profetiza, supera al que habla en lenguas, a no ser que también interprete, para que la asamblea reciba edificación.
Y ahora, hermanos, supongamos que yo vaya donde vosotros hablándoos en lenguas, ¿qué os aprovecharía yo, si mi palabra no os trajese ni revelación ni ciencia ni profecía ni enseñanza?
Así sucede con los instrumentos de música inanimados, tales como la flauta o la cítara. Si no dan distintamente los sonidos, ¿cómo se conocerá lo que toca la flauta o la cítara?
Y si la trompeta no da sino un sonido confuso, ¿quién se preparará para la batalla?
Así también vosotros: si al hablar no pronunciáis palabras inteligibles, ¿cómo se entenderá lo que decís? Es como si hablarais al viento.
Hay en el mundo no sé cuántas variedades de lenguas, y nada hay sin lenguaje.
Mas si yo desconozco el valor del lenguaje seré un bárbaro para el que me habla; y el que me habla, un bárbaro para mí.
Así pues, ya que aspiráis a los dones espirituales, procurad abundar en ellos para la edificación de la asamblea.
Por tanto, el que habla en lengua, pida el don de interpretar.
Porque si oro en lengua, mi espíritu ora, pero mi mente queda sin fruto.
Entonces, ¿qué hacer? Oraré con el espíritu, pero oraré también con la mente. Cantaré salmos con el espíritu, pero también los cantaré con la mente.
Porque si no bendices más que con el espíritu ¿cómo dirá «amén» a tu acción de gracias el que ocupa el lugar del no iniciado, pues no sabe lo que dices?
¡Cierto!, tu acción de gracias es excelente; pero el otro no se edifica.
Doy gracias a Elohim porque hablo en lenguas más que todos vosotros;
pero en la asamblea, prefiero decir cinco palabras con mi mente, para instruir a los demás, que 10.000 en lengua.
Hermanos, no seáis niños en juicio. Sed niños en malicia, pero hombres maduros en juicio.
Está escrito en la Ley:Por hombres de lenguas extrañas y por boca de extraños hablaré yo a este pueblo, y ni así me escucharán, dice el Señor.
Así pues, las lenguas sirven de señal no para los creyentes, sino para los infieles; en cambio la profecía, no para los infieles, sino para los creyentes.
Si, pues, se reúne toda la asamblea y todos hablan en lenguas y entran en ella no iniciados o infieles, ¿no dirán que estáis locos?
Por el contrario, si todos profetizan y entra un infiel o un no iniciado, será convencido por todos, juzgado por todos.
Los secretos de su corazón quedarán al descubierto y, postrado rostro en tierra, adorará a Elohim confesando que Elohim está verdaderamente entre vosotros.
¿Qué concluir, hermanos? Cuando os reunís, cada cual puede tener un salmo, una instrucción, una revelación, un discurso en lengua, una interpretación; pero que todo sea para edificación.
Si se habla en lengua, que hablen dos, o a lo más, tres, y por turno; y que haya un interprete.
Si no hay quien interprete, guárdese silencio en la asamblea; hable cada cual consigo mismo y con Elohim.
En cuanto a los profetas, hablen dos o tres, y los demás juzguen.
Si algún otro que está sentado tiene una revelación, cállese el primero.
Pues podéis profetizar todos por turno para que todos aprendan y sean exhortados.
Los espíritus de los profetas están sometidos a los profetas,
pues Elohim no es un Elohim de confusión, sino de paz. Como en todas la Iglesias de los santos,
las mujeres cállense en las asambleas; que no les está permitido tomar la palabra antes bien, estén sumisas como también la Ley lo dice.
Si quieren aprender algo, pregúntenlo a sus propios maridos en casa; pues es indecoroso que la mujer hable en la asamblea.
¿Acaso ha salido de vosotros la palabra de Elohim? O ¿solamente a vosotros ha llegado?
Si alguien se cree profeta o inspirado por el Ruaj, reconozca en lo que os escribo un mandato del Señor.
Si no lo conoce, tampoco él es conocido.
Por tanto, hermanos, aspirad al don de la profecía, y no estorbéis que se hable en lenguas.
Pero hágase todo con decoro y orden."
Tehilim 119
"Alef Dichosos los que van por camino perfecto, los que proceden en la ley de Yahweh.
Dichosos los que guardan sus dictámenes, los que le buscan de todo corazón,
y los que, sin cometer iniquidad, andan por sus caminos.
Tú tus ordenanzas promulgaste, para que sean guardadas cabalmente.
¡Ojalá mis caminos se aseguren para observar tus preceptos!
Entonces no tendré vergüenza alguna al mirar a todos tus mandamientos.
Con rectitud de corazón te daré gracias, al aprender tus justos juicios.
Tus preceptos, los observaré, no me abandones tú del todo.
Bet. ¿Cómo el joven guardará puro su camino? Observando tu palabra.
De todo corazón ando buscándote, no me desvíes de tus mandamientos.
Dentro del corazón he guardado tu promesa, para no pecar contra ti.
Bendito tú, Yahweh, enséñame tus preceptos.
Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca.
En el camino de tus dictámenes me recreo más que en toda riqueza.
En tus ordenanzas quiero meditar y mirar a tus caminos.
En tus preceptos tengo mis delicias, no olvido tu palabra.
Guímel. Haz merced a tu siervo y viviré. y guardaré tu palabra.
Abre mis ojos para que contemple las maravillas de tu ley.
Un forastero soy sobre la tierra, tus mandamientos no me ocultes.
Mi alma se consume deseando tus juicios en todo tiempo.
Tú increpas a los soberbios, los malditos, que se desvían de tus mandamientos.
Echa lejos de mí oprobio y menosprecio, porque he guardado tus dictámenes.
Aunque los príncipes hablen en sesión contra mí, tu servidor medita en tus preceptos.
Tus dictámenes hacen mis delicias, mis consejeros, tus preceptos.
Dálet. Mi alma está pegada al polvo, hazme vivir conforme a tu palabra.
Mis caminos expuse, y tú me respondiste, enséñame tus preceptos.
Hazme entender el camino de tus ordenanzas, y meditaré en tus maravillas.
Se va en lágrimas mi alma por el tedio, sosténme conforme a tu palabra.
Aléjame del camino de mentira, y dame la gracia de tu ley,
He escogido el camino de la lealtad, a tus juicios me conformo.
A tus dictámenes me mantengo adherido, no me confundas, tú, Yahweh.
Corro por el camino de tus mandamientos, pues tú mi corazón dilatas.
He. Enséñame, Yahweh, el camino de tus preceptos, yo lo quiero guardar en recompensa.
Hazme entender, para guardar tu ley y observarla de todo corazón.
Llévame por la senda de tus mandamientos porque mi complacencia tengo en ella.
Inclina mi corazón hacia tus dictámenes, y no a ganancia injusta.
Aparta mis ojos de mirar vanidades, por tu palabra vivifícame.
Mantén a tu siervo tu promesa, que conduce a tu temor.
Aparta de mí el oprobio que me espanta, pues son buenos tus juicios.
Mira que deseo tus ordenanzas, hazme vivir por tu justicia.
Vau. ¡Llegue hasta mí tu amor, Yahweh, tu salvación, conforme a tu promesa!
Y daré respuesta al que me insulta, porque confío en tu palabra.
No quites de mi boca la palabra de verdad, porque espero en tus juicios.
Yo observaré sin descanso tu ley para siempre jamás.
Y andaré por camino anchuroso, porque tus ordenanzas voy buscando.
De tus dictámenes hablaré ante los reyes, y no tendré que avergonzarme.
Y me deleitaré en tus mandamientos, que amo mucho.
Tiendo mis manos hacia tus mandamientos, en tus preceptos medito.
Zain. Recuerda la palabra dada a tu servidor, de la que has hecho mi esperanza.
Este es mi consuelo en mi miseria: que tu promesa me da vida.
Los soberbios me insultan hasta el colmo, yo no me aparto de tu ley.
Me acuerdo de tus juicios de otro tiempo, oh Yahweh, y me consuelo.
Me arrebata el furor por los impíos que abandonan tu ley.
Tus preceptos son cantares para mí en mi mansión de forastero.
Me acuerdo por la noche de tu nombre, Yahweh, quiero guardar tu ley.
Esta es mi tarea: guardar tus ordenanzas.
Jet. Mi porción, Yahweh, he dicho, es guardar tus palabras.
Con todo el corazón busco tu favor, tenme piedad conforme a tu promesa.
He examinado mis caminos y quiero volver mis pies a tus dictámenes.
Me doy prisa y no me tardo en observar tus mandamientos.
Las redes de los impíos me aprisionan, yo no olvido tu ley.
Me levanto a medianoche a darte gracias por tus justos juicios.
Amigo soy de todos los que te temen y observan tus ordenanzas.
De tu amor, Yahweh, está la tierra llena, enséñame tus preceptos.
Tet. Has sido generoso con tu siervo, oh Yahweh, conforme a tu palabra.
Cordura y sabiduría enséñame, pues tengo fe en tus mandamientos.
Antes de ser humillado, me descarriaba, mas ahora observo tu promesa.
Tú, que eres bueno y bienhechor, enséñame tus preceptos.
Los soberbios me enredan con mentira, yo guardo tus ordenanzas de todo corazón.
Como de grasa su corazón está embotado. mas yo en tu ley tengo mis delicias.
Un bien para mí ser humillado, para que aprenda tus preceptos.
Un bien para mí la ley de tu boca, más que miles de oro y plata.
Yod. Tus manos me han hecho y me han formado, hazme entender, y aprenderé tus mandamientos.
Los que te temen me ven con alegría, porque espero en tu palabra.
Yo sé, Yahweh, que son justos tus juicios, que con lealtad me humillas tú.
Sea tu amor consuelo para mí, según tu promesa a tu servidor.
Me alcancen tus ternuras y viviré, porque tu ley es mi delicia.
Sean confundidos los soberbios que me afligen con mentira, yo en tus ordenanzas medito.
Vuélvanse hacia mí los que te temen, los que conocen tus dictámenes.
Sea mi corazón perfecto en tus preceptos, para que no sea confundido.
Kaf. En pos de tu salvación mi alma languidece, en tu palabra espero.
Languidecen mis ojos en pos de tu promesa diciendo: «¿Cuándo vas a consolarme?»
Aun hecho igual que un pellejo que se ahúma, de tus preceptos no me olvido.
¿Cuántos serán los días de tu siervo? ¿cuándo harás justicia de mis perseguidores?
Los soberbios han cavado fosas para mí en contra de tu ley.
Todos tus mandamientos son verdad, con mentira se me persigue, ¡ayúdame!
Poco falta para que me borren de la tierra, mas yo tus ordenanzas no abandono.
Según tu amor dame la vida, y guardaré el dictamen de tu boca.
Lámed. Para siempre, Yahweh, tu palabra, firme está en los cielos.
Por todas las edades tu verdad, tú fijaste la tierra, ella persiste.
Por tus juicios subsiste todo hasta este día, pues toda cosa es sierva tuya.
Si tu ley no hubiera sido mi delicia, ya habría perecido en mi miseria.
Jamás olvidaré tus ordenanzas, por ellas tú me das la vida.
Tuyo soy, sálvame, pues tus ordenanzas voy buscando.
Para perderme me acechan los impíos, yo estoy atento a tus dictámenes.
De todo lo perfecto he visto el límite: ¡Qué inmenso es tu mandamiento!
Mem. ¡Oh, cuánto amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.
Más sabio me haces que mis enemigos por tu mandamiento, que por siempre es mío.
Tengo más prudencia que todos mis maestros, porque mi meditación son tus dictámenes.
Poseo más cordura que los viejos, porque guardo tus ordenanzas.
Retraigo mis pasos de toda mala senda para guardar tu palabra.
De tus juicios no me aparto, porque me instruyes tú.
¡Cuán dulce al paladar me es tu promesa, más que miel a mi boca!
Por tus ordenanzas cobro inteligencia, por eso odio toda senda de mentira.
Nun. Para mis pies antorcha es tu palabra, luz para mi sendero.
He jurado, y he de mantenerlo, guardar tus justos juicios.
Humillado en exceso estoy, Yahweh, dame la vida conforme a tu palabra.
Acepta los votos de mi boca, Yahweh, y enséñame tus juicios.
Mi alma está en mis manos sin cesar, mas no olvido tu ley.
Me tienden un lazo los impíos, mas yo no me desvío de tus ordenanzas.
Tus dictámenes son mi herencia por siempre, ellos son la alegría de mi corazón.
Inclino mi corazón a practicar tus preceptos, recompensa por siempre.
Sámek. Aborrezco la doblez y amo tu ley.
Mi refugio y mi escudo eres tú, yo espero en tu palabra.
¡Apartaos de mí, malvados, quiero guardar los mandamientos de mi Elohim!
Sosténme conforme a tu promesa, y viviré, no defraudes mi esperanza.
Sé tú mi apoyo, y seré salvo, y sin cesar tendré a la vista tus preceptos.
Tú deshaces a todos los que se desvían de tus preceptos, mentira es su astucia.
Tienes por escoria a todos los impíos de la tierra, por eso amo yo tus dictámenes.
Por tu terror tiembla mi carne, de tus juicios tengo miedo.
Ain. Juicio y justicia he practicado, a mis opresores no me entregues.
Sé fiador de tu siervo para el bien, no me opriman los soberbios.
En pos de tu salvación languidecen mis ojos, tras tu promesa de justicia.
Según tu amor trata a tu siervo, enséñame tus preceptos.
Yo soy tu servidor, hazme entender, y aprenderé tus dictámenes.
Ya es hora de actuar, Yahweh, se ha violado tu ley.
Por eso amo yo tus mandamientos más que el oro, más que el oro fino.
Por eso me guío por todas tus ordenanzas y odio toda senda de mentira.
Pe. Maravillas son tus dictámenes, por eso mi alma los guarda.
Al abrirse, tus palabras iluminan dando inteligencia a los sencillos.
Abro mi boca franca, y hondo aspiro, que estoy ansioso de tus mandamientos.
Vuélvete a mí y tenme piedad, como es justo para los que aman tu nombre.
Mis pasos asegura en tu promesa, que no me domine ningún mal.
Rescátame de la opresión del hombre, y tus ordenanzas guardaré.
Haz que brille tu faz para tu siervo, y enséñame tus preceptos.
Mis ojos destilan ríos de lágrimas, porque tu ley no se guarda.
Sade. ¡Justo eres tú, Yahweh, y rectitud tus juicios!
Con justicia impones tus dictámenes, con colmada verdad.
Mi celo me consume, porque mis adversarios olvidan tus palabras.
Acendrada en extremo es tu promesa, tu servidor la ama.
Pequeño soy y despreciado, mas no olvido tus ordenanzas.
Justicia eterna es tu justicia, verdad tu ley.
Angustia y opresión me han alcanzado, tus mandamientos hacen mis delicias.
Justicia eterna tus dictámenes, hazme entender para que viva.
Qof. Invoco con todo el corazón, respóndeme, Yahweh, y guardaré tus preceptos.
Yo te invoco, sálvame, y guardaré tus dictámenes.
Me adelanto a la aurora y pido auxilio, en tu palabra espero.
Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche, a fin de meditar en tu promesa.
Por tu amor, Yahweh, escucha mi voz, por tus juicios, vivifícame.
Se acercan a la infamia los que me persiguen, se alejan de tu ley.
Tú estás cerca, Yahweh, todos tus mandamientos son verdad.
De tus dictámenes sé desde hace tiempo que para siempre los fundaste.
Res Mira mi aflicción y líbrame, porque tu ley no olvido.
Aboga por mi causa tú, rescátame, dame la vida conforme a tu promesa.
Lejos de los impíos la salvación, pues no van buscando tus preceptos.
Muchas son tus ternuras, Yahweh, por tus juicios, vivifícame.
Numerosos mis perseguidores y adversarios, yo no me aparto de tus dictámenes.
He visto a los traidores, me disgusta que no guarden tu promesa.
Mira que amo tus ordenanzas, Yahweh, dame la vida por tu amor.
Es verdad el principio de tu palabra, por siempre, todos tus justos juicios.
Sin. Príncipes me persiguen sin razón, mas mi corazón teme tus palabras.
Me regocijo en tu promesa como quien halla un gran botín.
La mentira detesto y abomino, amo tu ley.
Siete veces al día te alabo por tus justos juicios.
Mucha es la paz de los que aman tu ley, no hay tropiezo para ellos.
Espero tu salvación, Yahweh, tus mandamientos cumplo.
Mi alma guarda tus dictámenes, mucho los amo.
Guardo tus ordenanzas y dictámenes que ante ti están todos mis caminos.
Tau. Mi grito llegue hasta tu faz, Yahweh, por tu palabra dame inteligencia.
Mi súplica llegue ante tu rostro, por tu promesa líbrame.
Mis labios proclaman tu alabanza, pues tú me enseñas tus preceptos.
Mi lengua repita tu promesa, pues todos tus mandamientos son justicia.
Venga tu mano en mi socorro, porque tus ordenanzas he escogido.
Anhelo tu salvación, Yahweh, tu ley hace mis delicias.
Viva mi alma para alabarte, y ayúdenme tus juicios.
Me he descarriado como oveja perdida: ven en busca de tu siervo. No, no me olvido de tus mandamientos."

