Parashot 23 de diciembre 2023
Cantar 7-8, I Juan 2-3 y Tehilim 32
Cantar 7
¡Vuelve, vuelve, Sulamita, vuelve, vuelve, que te miremos! ¿Por qué miráis a la Sulamita, como en una danza de dos coros?
¡Qué lindos son tus pies en las sandalias, hija de príncipe! Las curvas de tus caderas son como collares, obra de manos de artista.
Tu ombligo es un ánfora redonda, donde no falta el vino. Tu vientre, un montón de trigo, de lirios rodeado.
Tus dos pechos, cual dos crías mellizas de gacela.
Tu cuello, como torre de marfil. Tus ojos, las piscinas de Jesbón, junto a la puerta de Bat Rabbim. Tu nariz, como la torre del Líbano, centinela que mira hacia Damasco.
Tu cabeza sobre ti, como el Carmelo, y tu melena, como la púrpura; ¡un rey en esas trenzas está preso!
¡Qué bella eres, qué encantadora, oh amor, oh delicias!
Tu talle se parece a la palmera, tus pechos, a los racimos.
Me dije: Subiré a la palmera, recogeré sus frutos. ¡Sean tus pechos como racimos de uvas, el perfume de tu aliento como el de las manzanas,
tu paladar como vino generoso! El va derecho hacia mi amado, como fluye en los labios de los que dormitan.
Yo soy para mi amado, y hacia mí tiende su deseo.
¡Oh, ven, amado mío, salgamos al campo! Pasaremos la noche en las aldeas.
De mañana iremos a las viñas; veremos si la vid está en cierne, si las yemas se abren, y si florecen los granados. Allí te entregaré el don de mis amores.
Las mandrágoras exhalan su fragancia. A nuestras puertas hay toda suerte de frutos exquisitos. Los nuevos, igual que los añejos, los he guardado, amado mío, para ti.
Cantar 8
¡Ah, si fueras tú un hermano mío, amamantado a los pechos de mi madre! Podría besarte, al encontrarte afuera, sin que me despreciaran.
Te llevaría, te introduciría en la casa de mi madre, y tú me enseñarías. Te daría a beber vino aromado, el licor de mis granadas.
Su izquierda está bajo mi cabeza, y su diestra me abraza.
Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, no despertéis, no desveléis al amor, hasta que le plazca.
¿Quién es ésta que sube del desierto, apoyada en su amado? Debajo del manzano te desperté, allí donde te concibió tu madre, donde concibió la que te dio a luz.
Ponme cual sello sobre tu corazón, como un sello en tu brazo. Porque es fuerte el amor como la Muerte, implacable como el seol la pasión. Saetas de fuego, sus saetas, una llama de Yahweh.
Grandes aguas no pueden apagar el amor, ni los ríos anegarlo. Si alguien ofreciera todos los haberes de su casa por el amor, se granjearía desprecio.
Tenemos una hermana pequeña: no tiene pechos todavía. ¿Qué haremos con nuestra hermana el día que se hable de ella?
- Si es una muralla, construiremos sobre ella almenas de plata si es una puerta, apoyaremos contra ella barras de cedro.
- Yo soy una muralla, y mis pechos, como torres. Así soy a sus ojos como quien ha hallado la paz.
Salomón tenía una viña en Baal Hamón. Encomendó la viña a los guardas, y cada uno le traía por sus frutos mil siclos de plata.
Mi viña, la mía, está ante mí; los mil siclos para ti, Salomón; y doscientos para los guardas de su fruto.
¡Oh tú, que moras en los huertos, mis compañeros prestan oído a tu voz: ¡deja que la oiga!
¡Huye, amado mío, sé como la gacela o el joven cervatillo, por los montes de las balsameras!
I Juan 2
Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Abba a Yeshúa, el Justo.
El es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.
En esto sabemos que le conocemos: en que guardamos sus mandamientos.
Quien dice: «Yo le conozco» y no guarda sus mandamientos es un mentiroso y la verdad no está en él.
Pero quien guarda su Palabra, ciertamente en él el amor de Elohim ha llegado a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él.
Quien dice que permanece en él, debe vivir como vivió él.
Queridos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo, que tenéis desde el principio. Este mandamiento antiguo es la Palabra que habéis escuchado.
Y sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo - lo cual es verdadero en él y en vosotros - pues las tinieblas pasan y la luz verdadera brilla ya.
Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano, está aún en las tinieblas.
Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza.
Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.
Os escribo a vosotros, hijos míos, porque se os han perdonado los pecados por su nombre.
Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al Maligno.
Os he escrito a vosotros, hijos míos, porque conocéis al Padre, Os he escrito, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os he escrito, jóvenes, porque sois fuertes y la Palabra de Elohim permanece en vosotros y habéis vencido al Maligno.
No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Abba no está en él.
Puesto que todo lo que hay en el mundo - la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la jactancia de las riquezas - no viene del Abba, sino del mundo.
El mundo y sus concupiscencias pasan; pero quien cumple la voluntad de Elohim permanece para siempre.
Hijos míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora.
Salieron de entre nosotros; pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros.
En cuanto a vosotros, estáis ungidos por el Santo y todos vosotros lo sabéis.
Os he escrito, no porque desconozcáis la verdad, sino porque la conocéis y porque ninguna mentira viene de la verdad.
¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Yeshúa es el Mashiaj? Ese es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.
Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Abba. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre.
En cuanto a vosotros, lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros. Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre,
y esta es la promesa que él mismo os hizo: la vida eterna.
Os he escrito esto respecto a los que tratan de engañaros.
Y en cuanto a vosotros, la unción que de El habéis recibido permanece en vosotros y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas - y es verdadera y no mentirosa - según os enseñó, permaneced el él.
Y ahora, hijos míos, permaneced en él para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no quedemos avergonzados lejos de él en su Venida.
Si sabéis que él es justo, reconoced que todo el que obra la justicia ha nacido de él.
I Juan 3
Mirad qué amor nos ha tenido el Abba para llamarnos hijos de Elohim, pues ¡lo somos!. El mundo no nos conoce porque no le conoció a él.
Queridos, ahora somos hijos de Elohim y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es.
Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.
Todo el que comete pecado comete también la iniquidad, pues el pecado es la iniquidad.
Y sabéis que él se manifestó para quitar los pecados y en él no hay pecado.
Todo el que permanece en él, no peca. Todo el que peca, no le ha visto ni conocido.
Hijos míos, que nadie os engañe. Quien obra la justicia es justo, como él es justo.
Quien comete el pecado es del Diablo, pues el Diablo peca desde el principio. El Hijo de Elohim se manifestó para deshacer las obras del Diablo.
Todo el que ha nacido de Elohim no comete pecado porque su germen permanece en él; y no puede pecar porque ha nacido de Elohim.
En esto se reconocen los hijos de Elohim y los hijos del Diablo: todo el que no obra la justicia no es de Elohim, ni tampoco el que no ama a su hermano.
Pues este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros.
No como Caín, que, siendo del Maligno, mató a su hermano. Y ¿por qué le mató? Porque sus obras eran malas, mientras que las de su hermano eran justas.
No os extrañéis, hermanos, si el mundo os aborrece.
Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte.
Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él.
En esto hemos conocido lo que es amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos.
Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Elohim?
Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad.
En esto conoceremos que somos de la verdad, y tranquilizaremos nuestra conciencia ante Él,
en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Elohim es mayor que nuestra conciencia y conoce todo.
Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Elohim,
y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Yeshúa, y que nos amemos unos a otros tal como nos lo mandó.
Quien guarda sus mandamientos permanece en Elohim y Elohim en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.
Tehilim 32
De David. Poema. ¡Dichoso el que es perdonado de su culpa, y le queda cubierto su pecado!
Dichoso el hombre a quien Yahweh no le cuenta el delito, y en cuyo espíritu no hay fraude.
Cuando yo me callaba, se sumían mis huesos en mi rugir de cada día,
mientras pesaba, día y noche, tu mano sobre mí; mi corazón se alteraba como un campo en los ardores del estío.
Mi pecado te reconocí, y no oculté mi culpa; dije: «Me confesaré a Yahweh de mis rebeldías.» Y tú absolviste mi culpa, perdonaste mi pecado.
Por eso te suplica todo el que te ama en la hora de la angustia. Y aunque las muchas aguas se desborden, no le alcanzarán.
Tú eres un cobijo para mí, de la angustia me guardas, estás en torno a mí para salvarme.
Voy a instruirte, a mostrarte el camino a seguir; fijos en ti los ojos, seré tu consejero.
No seas cual caballo o mulo sin sentido, rienda y freno hace falta para domar su brío, si no, no se te acercan.
Copiosas son las penas del impío, al que confía en Yahweh el amor le envuelve.
¡Alegraos en Yahweh, oh justos, exultad, gritad de gozo, todos los de recto corazón!

