Parashot 23 de septiembre 2023
Proverbios 24-25, Hebreos 2-3 y Tehilim 19
Proverbios 24
No tengas envidia de los malos, no desees estar con ellos,
porque su corazón trama violencias, y sus labios hablan de desgracias.
Con la sabiduría se construye una casa, y con la prudencia se afianza;
con la ciencia se llenan los cilleros de todo bien precioso y deseable.
El varón sabio está fuerte, el hombre de ciencia fortalece su vigor;
porque con sabios consejos harás la guerra, y en la abundancia de consejeros está el éxito.
Muy alta está la sabiduría para el necio: no abre su boca en la puerta.
Al que piensa en hacer mal, se le llama maestro en intrigas.
La necedad sólo maquina pecados, el arrogante es abominable a los hombres.
Si te dejas abatir el día de la angustia, angosta es tu fuerza.
Libra a los que son llevados a la muerte, y a los conducidos al suplicio ¡si los puedieras retener!
Si dices: «Mira que no lo sabíamos», ¿acaso el que pesa los corazones no comprende? ¿el que vigila tu alma, no lo sabe? El da a cada hombre según sus obras.
Come miel, hijo mío, porque es buena. Panal de miel es dulce a tu paladar.
Pues sábete que así será la sabiduría para tu alma, y si la hallas, hay un mañana, y tu esperanza no será aniquilada.
No pongas, malvado, asechanzas en la mansión del justo, no hagas violencia a su morada.
Que siete veces cae el justo, pero se levanta, mientras los malos se hunden en la desgracia.
No te alegres por la caída de tu enemigo, no se goce tu corazón cuando se hunde;
no sea que lo vea Yahweh y le desagrade, y aparte de él su ira.
No te enfurezcas por causa de los malvados, ni tengas envidia de los malos.
Porque para el malvado no hay un mañana: la lámpara de los malos se extinguirá.
Teme, hijo mío, a Yahweh y al rey, no te relaciones con los innovadores,
porque al instante surgirá su calamidad, y ¿quién sabe el castigo que pueden ambos dar?
También esto pertenece a los sabios: Hacer acepción de personas en el juicio no está bien.
Al que dice al malo: «Eres justo», le maldicen los pueblos y le detestan las naciones;
los que los castigan, viven felices, y viene sobre ellos la bendición del bien.
Besa en los labios, el que responde con franqueza.
Ordena tus trabajos de fuera y prepara tus faenas en el campo; y después puedes construirte tu casa.
No des testimonio, en vano, contra tu prójimo, ni engañes con tus labios.
No digas: «Como él me ha hecho a mí, le haré yo a él, daré a cada uno según sus obras.»
He pasado junto al campo de un perezoso, y junto a la viña de un hombre insensato,
y estaba todo invadido de ortigas, los cardos cubrían el suelo, la cerca de piedras estaba derruída.
Al verlo, medité en mi corazón, al contemplarlo aprendí la lección:
«Un poco dormir, otro poco dormitar, otro poco tumbarse con los brazos cruzados
y llegará, como vagabundo, tu miseria y como un mendigo tu pobreza.»
Proverbios 25
También estos son proverbios de Salomón, transcritos por los hombres de Ezequías, rey de Judá.
Es gloria de Elohim ocultar una cosa, y gloria de los reyes escrutarla.
Los cielos por su altura, la tierra por su profundidad, y el corazón de los reyes: son inescrutables.
Quita las escorias de la plata, y quedará enteramente pura;
quita al malo de delante del rey, y su trono se afianzará en la justicia.
No te des importancia ante el rey, no te coloques en el sitio de los grandes;
porque es mejor que te digan: «Sube acá», que ser humillado delante del príncipe. Lo que han visto tus ojos,
no te apresures a llevarlo a juicio; pues ¿qué harás a la postre cuando tu prójimo te confunda?
Defiende tu causa contra tu prójimo, pero no descubras los secretos de otro,
no sea que el que lo oye te avergüence, y que tu difamación no tenga vuelta.
Manzanas de oro con adornos de plata, es la palabra dicha a tiempo.
Anillo de oro, o collar de oro fino, la reprensión sabia en oído atento.
Como frescor de nieve el día de la siega el mensajero leal, para el que lo envía: conforta el ánimo de su señor.
Nubes y viento, pero no lluvia, el hombre que se jacta de que va a hacer un regalo, pero miente.
Con paciencia se persuade al juez, una lengua dulce quebranta los huesos.
¿Has hallado miel?, come lo que necesites; no llegues a hartarte y la vomites.
Pon tu pie pocas veces en casa del vecino, no sea que se hastíe y te aborrezca.
Martillo, espada, flecha aguda: es el hombre que da testimonio falso contra su prójimo.
Diente roto, pie titubeante: la confianza en el pérfido, el día de la angustia,
como quitar el vestido en día helado. Poner vinagre sobre salitre, es cantar canciones a un corazón triste.
Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer, si tiene sed, dale de beber;
así amontonas sobre su cabeza brasas y Yahweh te dará la recompensa.
El viento norte trae la lluvia, la lengua que disimula, rostros airados.
Mejor es vivir en la esquina del terrado, que casa en común con mujer litigiosa.
Agua fresca en fauces sedientas: la noticia buena de un país lejano.
Fuente hollada, manantial ensuciado, el justo que titubea ante el malo.
No es bueno comer mucha miel, ni buscar gloria y más gloria.
Ciudad abierta y sin muralla es el hombre que no domina su ánimo.
Hebreos 2
Por tanto, es preciso que prestemos mayor atención a lo que hemos oído, para que no nos extraviemos.
Pues si la palabra promulgada por medio de los ángeles obtuvo tal firmeza que toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución,
¿cómo saldremos absueltos nosotros si descuidamos tan gran salvación? La cual comenzó a ser anunciada por el Adom, y nos fue luego confirmada por quienes la oyeron,
testificando también Elohim con señales y prodigios, con toda suerte de milagros y dones del Ruaj Hakodesh repartidos según su voluntad.
En efecto, Elohim no sometió a los ángeles el mundo venidero del cual estamos hablando.
Pues atestiguó alguien en algún lugar: ¿Qué es el hombre, que te acuerdas de él? ¿O el hijo del hombre, que de él te preocupas?
Le hiciste por un poco inferior a los ángeles; de gloria y honor le coronaste.
Todo lo sometiste debajo de sus pies. Al someterle todo, nada dejó que no le estuviera sometido. Mas al presente, no vemos todavía que le esté sometido todo.
Y a aquel que fue hecho inferior a los ángeles por un poco, a Yeshúa, le vemos coronado de gloria y honor por haber padecido la muerte, pues por la gracia de Elohim gustó la muerte para bien de todos.
Convenía, en verdad, que Aquel por quien es todo y para quien es todo, llevara muchos hijos a la gloria, perfeccionando mediante el sufrimiento al que iba a guiarlos a la salvación.
Pues tanto el santificador como los santificados tienen todos el mismo origen. Por eso no se avergüenza de llamarles hermanos
cando dice: Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la asamblea te cantaré himnos. Y también:
Pondré en él mi confianza. Y nuevamente: Henos aquí, a mí y a los hijos que Elohim me dio.
Por tanto, así como los hijos participan de la sangre y de la carne, así también participó él de las mismas, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al Diablo,
y libertar a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud.
Porque, ciertamente, no se ocupa de los ángeles, sino de la descendencia de Abraham.
Por eso tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, para ser misericordioso y Sumo Sacerdote fiel en lo que toca a Elohim, en orden a expiar los pecados del pueblo.
Pues, habiendo sido probado en el sufrimiento, puede ayudar a los que se ven probados.
Hebreos 3
Por tanto, hermanos santos, partícipes de una vocación celestial, considerad al apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra emuna, a Yeshúa,
que es fiel al que le instituyó, como lo fue también Moisés en toda su casa.
Pues ha sido juzgado digno de una gloria en tanto superior a la de Moisés, en cuanto la dignidad del constructor de la casa supera a la casa misma.
Porque toda casa tiene su constructor; mas el constructor del universo es Elohim.
Ciertamente, Moisés fue fiel en toda su casa, como servidor, para atestiguar cuanto había de anunciarse,
pero Yeshúa lo fue como hijo, al frente de su propia casa, que somos nosotros, si es que mantenemos la entereza y la gozosa satisfacción de la esperanza.
Por eso, como dice el Ruaj Hakodesh: Si oís hoy su voz,
no endurezcáis vuestros corazones como en la Querella, el día de la provocación en el desierto,
donde me provocaron vuestros padres y me pusieron a prueba, aun después de haber visto mis obras
durante cuarenta años. Por eso me irrité contra esa generación y dije: Andan siempre errados en su corazón; no conocieron mis caminos.
Por eso juré en mi cólera: ¡No entrarán en mi descanso!
¡Mirad, hermanos!, que no haya en ninguno de vosotros un corazón maleado por la incredulidad que le haga apostatar de Elohim vivo;
antes bien, exhortaos mutuamente cada día mientras dure este hoy, para que ninguno de vosotros se endurezca seducido por el pecado.
Pues hemos venido a ser partícipes de Yeshúa, a condición de que mantengamos firme hasta el fin la segura confianza del principio.
Al decir: Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones como en la Querella,
¿quiénes son los que, habiéndole oído, le movieron querella? ¿Es que no fueron todos los que salieron de Egipto por medio de Moisés?
Y ¿contra quiénes se irritó durante cuarenta años? ¿No fue acaso contra los que pecaron, cuyos cadáveres cayeron en el desierto?
Y ¿a quiénes juró que no entrarían en su descanso sino a los que desobedecieron?
Así, vemos que no pudieron entrar a causa de su incredulidad.
Tehilim 19
Del maestro de coro. Salmo. De David.
Los cielos cuentan la gloria de Elohim, la obra de sus manos anuncia el firmamento;
el día al día comunica el mensaje, y la noche a la noche trasmite la noticia.
No es un mensaje, no hay palabras, ni su voz se puede oír;
mas por toda la tierra se adivinan los rasgos, y sus giros hasta el confín del mundo. En el mar levantó para el sol una tienda,
y él, como un esposo que sale de su tálamo, se recrea, cual atleta, corriendo su carrera.
A un extremo del cielo es su salida, y su órbita llega al otro extremo, sin que haya nada que a su ardor escape.
La ley de Yahweh es perfecta, consolación del alma, el dictamen de Yahweh, veraz, sabiduría del sencillo.
Los preceptos de Yahweh son rectos, gozo del corazón; claro el mandamiento de Yahweh, luz de los ojos.
El temor de Yahweh es puro, por siempre estable; verdad, los juicios de Yahweh, justos todos ellos,
apetecibles más que el oro, más que el oro más fino; sus palabras más dulces que la miel, más que el jugo de panales.
Por eso tu servidor se empapa en ellos, gran ganancia es guardarlos.
Pero ¿quién se da cuenta de sus yerros? De las faltas ocultas límpiame.
Guarda también a tu siervo del orgullo, no tenga dominio sobre mí. Entonces seré irreprochable, de delito grave exento.
¡Sean gratas las palabras de mi boca, y el susurro de mi corazón, sin tregua ante ti, Yahweh, roca mía, mi redentor.

