Parashot 25 de febrero 2023
Job 7–8, I Corintios 13–14 y Tehilim 139
Job 7
¿No es una milicia lo que hace el hombre en la tierra? ¿no son jornadas de mercenario sus jornadas?
Como esclavo que suspira por la sombra, o como jornalero que espera su salario,
así meses de desencanto son mi herencia, y mi suerte noches de dolor.
Al acostarme, digo: «¿Cuándo llegará el día?» Al levantarme: «¿Cuándo será de noche?», y hasta el crepúsculo ahíto estoy de sobresaltos.
Mi carne está cubierta de gusanos y de costras terrosas, mi piel se agrieta y supura.
Mis días han sido más raudos que la lanzadera, han desaparecido al acabarse el hilo.
Recuerda que mi vida es un soplo, que mis ojos no volverán a ver la dicha.
El ojo que me miraba ya no me verá, pondrás en mí tus ojos y ya no existiré.
Una nube se disipa y pasa, así el que baja al seol no sube más.
No regresa otra vez a su casa, no vuelve a verle su lugar.
Por eso yo no he de contener mi boca, hablaré en la angustia de mi espíritu, me quejaré en la amargura de mi alma.
¿Acaso soy yo el Mar, soy el monstruo marino, para que pongas guardia contra mí?
Si digo: «Mi cama me consolará, compartirá mi lecho mis lamentos»,
con sueños entonces tú me espantas, me sobresaltas con visiones.
¡Preferiría mi alma el estrangulamiento, la muerte más que mis dolores!
Ya me disuelvo, no he de vivir por siempre; ¡déjame ya; sólo un soplo son mis días!
¿Qué es el hombre para que tanto de él te ocupes, para que pongas en él tu corazón,
para que le escrutes todas las mañanas y a cada instante le escudriñes?
¿Cuándo retirarás tu mirada de mí? ¿no me dejarás ni el tiempo de tragar saliva?
Si he pecado, ¿qué te he hecho a ti, oh guardián de los hombres? ¿Por qué me has hecho blanco tuyo? ¿Por qué te sirvo de cuidado?
¿Y por qué no toleras mi delito y dejas pasar mi falta? Pues ahora me acostaré en el polvo, me buscarás y ya no existiré.
Job 8
Bildad de Súaj tomó la palabra y dijo:
¿Hasta cuándo estarás hablando de ese modo, y un gran viento serán las razones de tu boca?
¿Acaso Adonay tuerce el derecho, Shaday pervierte la justicia?
Si tus hijos pecaron contra él, ya los dejó a merced de sus delitos.
Mas si tú a Yahweh recurres e imploras a Shaday,
si eres irreprochable y recto, desde ahora él velará sobre ti y restaurará tu morada de justicia.
Tu pasado parecerá insignificante el lado de tu espléndido futuro.
Pregunta, si no, a la generación pasada, medita en la experiencia de sus padres.
Nosotros de ayer somos y no sabemos nada, como una sombra nuestros días en la tierra.
Pero ellos te instruirán y te hablarán, y de su corazón sacarán estas máximas:
«¿Brota acaso el papiro sin marismas? ¿Crece sin agua el junco?
Aún en su verdor, sin ser cortado, antes que toda otra hierba se marchita.
Tal es el fin de los que a Yahweh olvidan, así fenece la esperanza del impío.
Su confianza es un hilo solamente, su seguridad una tela de araña.
Se apoya en su morada, y no le aguanta, se agarra a ella y no resiste.
Bien regado ante la faz del sol, por encima de su huerto salían sus renuevos.
Sobre un majano entrelazadas sus raíces, vivía en una casa de piedra.
Mas cuando se le arranca de su sitio, éste le niega: “¡No te he visto jamás!”
Y vedle ya cómo se pudre en el camino, mientras que del suelo brotan otros.»
No, Yahweh no rechaza al íntegro, ni da la mano a los malvados.
La risa ha de llenar aún tu boca y tus labios el clamor de júbilo.
Tus enemigos serán cubiertos de vergüenza, y desaparecerá la tienda de los malos.
I Corintios 13
Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe.
Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy.
Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha.
La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe;
es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal;
no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad.
Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.
La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia.
Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía.
Cuando vendrá lo perfecto, desaparecerá lo parcial.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño.
Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido.
Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad.
I Corintios 14
Buscad la caridad; pero aspirad también a los dones espirituales, especialmente a la profecía.
Pues el que habla en lengua no habla a los hombres sino a Yahweh. En efecto, nadie le entiende: dice en espíritu cosas misteriosas.
Por el contrario, el que profetiza, habla a los hombres para su edificación, exhortación y consolación.
El que habla en lengua, se edifica a sí mismo; el que profetiza, edifica a toda la asamblea.
Deseo que habléis todos en lenguas; prefiero, sin embargo, que profeticéis. Pues el que profetiza, supera al que habla en lenguas, a no ser que también interprete, para que la asamblea reciba edificación.
Y ahora, hermanos, supongamos que yo vaya donde vosotros hablándoos en lenguas, ¿qué os aprovecharía yo, si mi palabra no os trajese ni revelación ni ciencia ni profecía ni enseñanza?
Así sucede con los instrumentos de música inanimados, tales como la flauta o la cítara. Si no dan distintamente los sonidos, ¿cómo se conocerá lo que toca la flauta o la cítara?
Y si la trompeta no da sino un sonido confuso, ¿quién se preparará para la batalla?
Así también vosotros: si al hablar no pronunciáis palabras inteligibles, ¿cómo se entenderá lo que decís? Es como si hablarais al viento.
Hay en el mundo no sé cuántas variedades de lenguas, y nada hay sin lenguaje.
Mas si yo desconozco el valor del lenguaje seré un bárbaro para el que me habla; y el que me habla, un bárbaro para mí.
Así pues, ya que aspiráis a los dones espirituales, procurad abundar en ellos para la edificación de la asamblea.
Por tanto, el que habla en lengua, pida el don de interpretar.
Porque si oro en lengua, mi espíritu ora, pero mi mente queda sin fruto.
Entonces, ¿qué hacer? Oraré con el espíritu, pero oraré también con la mente. Cantaré salmos con el espíritu, pero también los cantaré con la mente.
Porque si no bendices más que con el espíritu ¿cómo dirá «amén» a tu acción de gracias el que ocupa el lugar del no iniciado, pues no sabe lo que dices?
¡Cierto!, tu acción de gracias es excelente; pero el otro no se edifica.
Doy gracias a Yahweh porque hablo en lenguas más que todos vosotros;
pero en la asamblea, prefiero decir cinco palabras con mi mente, para instruir a los demás, que 10.000 en lengua.
Hermanos, no seáis niños en juicio. Sed niños en malicia, pero hombres maduros en juicio.
Está escrito en la Ley: Por hombres de lenguas extrañas y por boca de extraños hablaré yo a este pueblo, y ni así me escucharán, dice el Señor.
Así pues, las lenguas sirven de señal no para los creyentes, sino para los infieles; en cambio la profecía, no para los infieles, sino para los creyentes.
Si, pues, se reúne toda la asamblea y todos hablan en lenguas y entran en ella no iniciados o infieles, ¿no dirán que estáis locos?
Por el contrario, si todos profetizan y entra un infiel o un no iniciado, será convencido por todos, juzgado por todos.
Los secretos de su corazón quedarán al descubierto y, postrado rostro en tierra, adorará a Yahweh confesando que Yahweh está verdaderamente entre vosotros.
¿Qué concluir, hermanos? Cuando os reunís, cada cual puede tener un salmo, una instrucción, una revelación, un discurso en lengua, una interpretación; pero que todo sea para edificación.
Si se habla en lengua, que hablen dos, o a lo más, tres, y por turno; y que haya un intérprete.
Si no hay quien interprete, guárdese silencio en la asamblea; hable cada cual consigo mismo y con Elohim.
En cuanto a los profetas, hablen dos o tres, y los demás juzguen.
Si algún otro que está sentado tiene una revelación, cállese el primero.
Pues podéis profetizar todos por turno para que todos aprendan y sean exhortados.
Los espíritus de los profetas están sometidos a los profetas,
pues Yahweh no es un Elohim de confusión, sino de paz. Como en todas la kehilot de los santos,
las mujeres cállense en las asambleas; que no les está permitido tomar la palabra antes bien, estén sumisas como también la Ley lo dice.
Si quieren aprender algo, pregúntenlo a sus propios maridos en casa; pues es indecoroso que la mujer hable en la asamblea.
¿Acaso ha salido de vosotros la palabra de Elohim? O ¿solamente a vosotros ha llegado?
Si alguien se cree profeta o inspirado por el Ruaj, reconozca en lo que os escribo un mandato del Señor.
Si no lo conoce, tampoco él es conocido.
Por tanto, hermanos, aspirad al don de la profecía, y no estorbéis que se hable en lenguas.
Pero hágase todo con decoro y orden.
Tehilim 139
Del maestro de coro. De David. Salmo. Yahweh, tú me escrutas y conoces;
sabes cuándo me siento y cuándo me levanto, mi pensamiento calas desde lejos;
esté yo en camino o acostado, tú lo adviertes, familiares te son todas mis sendas.
Que no está aún en mi lengua la palabra, y ya tú, Yahweh, la conoces entera;
me aprietas por detrás y por delante, y tienes puesta sobre mí tu mano.
Ciencia es misteriosa para mí, harto alta, no puedo alcanzarla.
¿A dónde iré yo lejos de tu espíritu, a dónde de tu rostro podré huir?
Si hasta los cielos subo, allí estás tú, si en el seol me acuesto, allí te encuentras.
Si tomo las alas de la aurora, si voy a parar a lo último del mar,
también allí tu mano me conduce, tu diestra me aprehende.
Aunque diga: «¡Me cubra al menos la tiniebla, y la noche sea en torno a mí un ceñidor,
ni la misma tiniebla es tenebrosa para ti, y la noche es luminosa como el día.
Porque tú mis riñones has formado, me has tejido en el vientre de mi madre;
yo te doy gracias por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios son tus obras. Mi alma conocías cabalmente,
y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo formado en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra.
Mi embrión tus ojos lo veían; en tu libro están inscritos todos los días que han sido señalados, sin que aún exista uno solo de ellos.
Mas para mí ¡qué arduos son tus pensamientos, oh, Elohim, qué incontable su suma!
¡Son más, si los recuento, que la arena, y al terminar, todavía estoy contigo!
¡Ah, si al impío, oh Elohim, mataras, si los hombres sanguinarios se apartaran de mí!
Ellos que hablan de ti dolosamente, tus adversarios que se alzan en vano.
¿No odio, Yahweh, a quienes te odian? ¿No me asquean los que se alzan contra ti?
Con odio colmado los odio, son para mí enemigos.
Sóndame, oh Yahweh, mi corazón conoce, pruébame, conoce mis desvelos;
mira no haya en mí camino de dolor, y llévame por el camino eterno.

