Parashot 26 de abril 2025
Jeremías 3-4, Hechos 23-24 yTehilim 102
Jeremías 3
«Supongamos que despide un marido a su mujer; ella se va de su lado y es de otro hombre: ¿podrá volver a él? ¿no sería como una tierra manchada?» Pues bien, tú has fornicado con muchos compañeros, ¡y vas a volver a mí! - oráculo de Yahweh -.
Alza los ojos a los calveros y mira: ¿en dónde no fuiste gozada? A la vera de los caminos te sentabas para ellos, como el árabe en el desierto, y manchaste la tierra con tus fornicaciones y malicia.
Se suspendieron las lloviznas de otoño, y faltó lluvia tardía; pero tú tenías rostro de mujer descarada, rehusaste avergonzarte.
¿Es que entonces mismo no me llamabas: «Padre mío; el amigo de mi juventud eres tú?;
¿tendrá rencor para siempre?, ¿lo guardará hasta el fin?» Ahí tienes cómo has hablado; las maldades que hiciste las has colmado.
Yahweh me dijo en tiempos del rey Josías: ¿Has visto lo que hizo Israel, la apóstata? Andaba ella sobre cualquier monte elevado y bajo cualquier árbol frondoso, fornicando allí.
En vista de lo que había hecho, dije: «No vuelvas a mí.» Y no volvió. Vio esto su hermana Judá, la pérfida;
vio que a causa de todas las fornicaciones de Israel, la apóstata, yo la había despedido dándole su carta de divorcio; pero no hizo caso su hermana Judá, la pérfida, sino que fue y fornicó también ella,
tanto que por su liviandad en fornicar manchó la tierra, y fornicó con la piedra y con el leño.
A pesar de todo, su hermana Judá, la pérfida, no se volvió a mí de todo corazón, sino engañosamente - oráculo de Yahweh.
Y me dijo Yahweh: Más justa se ha manifestado Israel, la apóstata, que Judá, la pérfida.
Anda y pregona estas palabras al Norte y di: Vuelve, Israel apóstata, - oráculo de Yahweh -; no estará airado mi semblante contra vosotros, porque piadoso soy - oráculo de Yahweh - no guardo rencor para siempre.
Tan sólo reconoce tu culpa, pues contra Yahweh tu Elohim te rebelaste, frecuentaste a extranjeros bajo todo árbol frondoso, y mi voz no oísteis - oráculo de Yahweh -.
Volved, hijos apóstatas - oráculo de Yahweh - porque yo soy vuestro Señor. Os iré recogiendo uno a uno de cada ciudad, y por parejas de cada familia, y os traeré a Sión.
Os pondré pastores según mi corazón que os den pasto de conocimiento y prudencia.
Y luego, cuando seáis muchos y fructifiquéis en la tierra, en aquellos días - oráculo de Yahweh - no se hablará más del arca de la alianza de Yahweh, no vendrá en mientes, no se acordarán ni se ocuparán de ella, ni será reconstruida jamás.
En aquel tiempo llamarán a Jerusalén «Trono de Yahweh» y se incorporarán a ella todas las naciones en el nombre de Yahweh, en Jerusalén, sin seguir más la dureza de sus perversos corazones.
En aquellos días, andará la casa de Judá al par de Israel, y vendrán juntos desde tierras del norte a la tierra que di en herencia a vuestros padres.
Yo había dicho: «Sí, te tendré como a un hijo y te daré una tierra espléndida, flor de las heredades de las naciones.» Y añadí: «Padre me llamaréis y de mi seguimiento no os volveréis.»
Pues bien, como engaña una mujer a su compañero, así me ha engañado la casa de Israel, oráculo de Yahweh.
Voces sobre los calveros se oían: rogativas llorosas de los hijos de Israel, porque torcieron su camino, olvidaron a su Elohim Yahweh.
- Volved, hijos apóstatas; yo remediaré vuestras apostasías. - Aquí nos tienes de vuelta a ti, porque tú, Yahweh, eres nuestro Elohim.
¡Luego eran mentira los altos, la barahúnda de los montes! ¡Luego por Yahweh, nuestro Elohim, se salva Israel!
La Vergüenza se comió la laceria de nuestros padres desde nuestra mocedad: sus ovejas y vacas, sus hijos e hijas.
Acostémonos en nuestra vergüenza, y que nos cubra nuestra propia confusión, ya que contra Yahweh nuestro Elohim hemos pecado nosotros como nuestros padres desde nuestra mocedad hasta hoy, y no escuchamos la voz de Yahweh nuestro Elohim.
Jeremías 4
¡Si volvieras, Israel!, oráculo de Yahweh, ¡si a mí volvieras!, si quitaras tus Monstruos abominables, y de mí no huyeras!
Jurarías: «¡Por vida de Yahweh!» con verdad, con derecho y con justicia, y se bendecirían por él las naciones, y por él se alabarían.
Porque así dice Yahweh al hombre de Judá y a Jerusalén: - Cultivad el barbecho y no sembréis sobre cardos.
Circuncidaos para Yahweh y extirpad los prepucios de vuestros corazones, hombres de Judá y habitantes de Jerusalén; no sea que brote como fuego mi saña, y arda y no haya quien la apague, en vista de vuestras perversas acciones.
Avisad en Judá y que se oiga en Jerusalén. Tañed el cuerno por el país, pregonad a voz en grito: ¡Juntaos, vamos a las plazas fuertes!
¡Izad bandera hacia Sión! ¡Escapad, no os paréis! Porque yo traigo una calamidad del norte y un quebranto grande.
Se ha levantado el león de su cubil, y el devorador de naciones se ha puesto en marcha: salió de su lugar para dejar la tierra desolada. Tus ciudades quedarán arrasadas, sin habitantes.
Por ende, ceñíos de sayal, endechad y plañid: - «¡No; no se va de nosotros la ardiente ira de Yahweh!»
Sucederá aquel día - oráculo de Yahweh - que se perderá el ánimo del rey y el de los príncipes, se pasmarán los sacerdotes, y los profetas se espantarán.
Y yo digo: «¡Ay, Señor Yahweh! ¡Cómo embaucaste a este pueblo y a Jerusalén diciendo: "Paz tendréis", y ha penetrado la espada hasta el alma!»
En aquella sazón se dirá a este pueblo y a Jerusalén: - Un viento ardiente viene por el desierto, camino de la hija de mi pueblo, no para beldar, ni para limpiar.
Un viento lleno de amenazas viene de mi parte. Ahora me toca a mí alegar mis razones respecto a ellos.
Ved cómo se levanta cual las nubes, como un huracán sus carros, y ligeros más que águilas sus corceles. - ¡Ay de nosotros, estamos perdidos!
-Limpia de malicia tu corazón, Jerusalén, para que seas salva. ¿Hasta cuándo durarán en ti tus pensamientos torcidos?
Una voz avisa desde Dan y da la mala nueva desde la sierra de Efraím.
Pregonad: «¡Los gentiles! ¡Ya están aquí!»; hacedlo oír en Jerusalén. Los enemigos vienen de tierra lejana y dan voces contra las ciudades de Judá.
Como guardas de campo se han puesto frente a ella en torno, porque contra mí se rebelaron - oráculo de Yahweh -.
Tu proceder y fechorías te acarrearon esto; esto tu desgracia te ha penetrado hasta el corazón porque te rebelaste contra mí.
- ¡Mis entrañas, mis entrañas!, ¡me duelen las telas del corazón, se me salta el corazón del pecho! No callaré, porque mi alma ha oído sones de cuerno, el clamoreo del combate.
Se anuncia quebranto sobre quebranto, porque es saqueada toda la tierra. En un punto son saqueadas mis tiendas, y en un cerrar de ojos mis toldos.
¿Hasta cuándo veré enseñas, y oiré sones de cuerno?
-Es porque mi pueblo es necio: A mí no me conocen. Criaturas necias son, carecen de talento. Sabios son para lo malo, ignorantes para el bien.
Miré a la tierra, y he aquí que era un caos; a los cielos, y faltaba su luz.
Miré a los montes, y estaban temblando, y todos los cerros trepidaban.
Miré, y he aquí que no había un alma, y todas las aves del cielo se habían volado.
Miré, y he aquí que el vergel era yermo, y todas las ciudades estaban arrasadas delante de Yahweh y del ardor de su ira.
Porque así dice Yahweh: Desolación se volverá toda la tierra, aunque no acabaré con ella.
Por eso ha de enlutarse la tierra, y se oscurecerán los cielos arriba; pues tengo resuelta mi decisión y no me pesará ni me volveré atrás de ella.
Al ruido de jinetes y flecheros huía toda la ciudad. Se metían por los bosques y trepaban por las peñas. Toda ciudad quedó abandonada, sin quedar en ellas habitantes.
Y tú, asolada, ¿qué vas a hacer? Aunque te vistas de grana, aunque te enjoyes con joyel de oro, aunque te pintes con polvos los ojos, en vano te hermoseas: te han rechazado tus amantes: ¡tu muerte es lo que buscan!
Y entonces oí una voz como de parturienta, gritos como de primeriza: era la voz de la hija de Sión, que gimiendo extendía sus palmas: «¡Ay, pobre de mí, que mi alma desfallece a manos de asesinos!»"
Hechos 23
Pablo miró fijamente al Sanedrín y dijo: «Hermanos, yo me he portado con entera buena conciencia ante Elohim, hasta este día.»
Pero el Sumo Sacerdote Ananías mandó a los que le asistían que le golpeasen en la boca.
Entonces Pablo le dijo: «¡Elohim te golpeará a ti, pared blanqueada! ¿Tú te sientas para juzgarme conforme la Ley y mandas, violando la Ley, que me golpeen?»
Pero los que estaban a su lado le dijeron: «¿Insultas al Sumo Sacerdote de Elohim?»
Pablo contestó: «No sabía, hermanos, que fuera el Sumo Sacerdote; pues está escrito: No injuriarás al jefe de tu pueblo.»
Pablo, dándose cuenta de que una parte eran saduceos y la otra fariseos, gritó en medio del Sanedrín: «Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos; por esperar la resurrección de los muertos se me juzga.»
Al decir él esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos y la asamblea se dividió.
Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; mientras que los fariseos profesan todo eso.
Se levantó, pues, un gran griterío. Se pusieron en pie algunos escribas del partido de los fariseos y se oponían diciendo: «Nosotros no hallamos nada malo en este hombre. ¿Y si acaso le habló algún espíritu o un ángel?»
Como el altercado iba creciendo, temió el tribuno que Pablo fuese despedazado por ellos y mandó a la tropa que bajase, que le arrancase de entre ellos y le llevase al cuartel.
A la noche siguiente se le apareció el Señor y le dijo: «¡Animo!, pues como has dado testimonio de mí en Jerusalén, así debes darlo también en Roma.»
Al amanecer, los judíos se confabularon y se comprometieron bajo anatema a no comer ni beber hasta que hubieran matado a Pablo.
Eran más de cuarenta los comprometidos en esta conjuración.
Estos, pues, se presentaron a los sumos sacerdotes y a los ancianos y le dijeron: «Bajo anatema nos hemos comprometido a no probar cosa alguna hasta que no hayamos dado muerte a Pablo.
Vosotros por vuestra parte, de acuerdo con el Sanedrín, indicad al tribuno que os lo baje donde vosotros, como si quisierais examinar más a fondo su caso; nosotros estamos dispuestos a matarle antes de que llegue.»
El hijo de la hermana de Pablo se enteró de la celada. Se presentó en el cuartel, entró y se lo contó a Pablo.
Pablo llamó a uno de los centuriones y le dijo: «Lleva a este joven donde el tribuno, pues tiene algo que contarle.»
El tomó y le presentó al tribuno diciéndole: «Pablo, el preso, me llamó y me rogó que te trajese este joven que tiene algo que decirte.»
El tribuno le tomó de la mano, le llevó aparte y le preguntó: «¿Qué es lo que tienes que contarme?»
- «Los judíos, contestó, se han concertado para pedirte que mañana bajes a Pablo al Sanedrín con el pretexto de hacer una indagación más a fondo sobre él.
Pero tú no les hagas caso, pues le preparan una celada más de cuarenta hombres de entre ellos, que se han comprometido bajo anatema a no comer ni beber hasta haberle dado muerte; y ahora están preparados, esperando tu asentimiento.»
El tribuno despidió al muchacho dándole esta recomendación: «No digas a nadie que me has denunciado estas cosas.»
Después llamó a dos centuriones y les dijo: «Tened preparados para la tercera hora de la noche doscientos soldados, para ir a Cesarea, setenta de caballería y doscientos lanceros.
Preparad también cabalgaduras para que monte Pablo; y llevadlo a salvo al procurador Félix.»
Y escribió una carta en estos términos:
«Claudio Lisias saluda al excelentísimo procurador Félix.»
Este hombre había sido apresado por los judíos y estaban a punto de matarlo cuando, al saber que era romano, acudí yo con la tropa y le libré de sus manos.
Queriendo averiguar el crimen de que le acusaban, le bajé a su Sanedrín.
Y hallé que le acusaban sobre cuestiones de su Ley, pero que no tenía ningún cargo digno de muerte o de prisión.
Pero habiéndome llegado el aviso de que se preparaba una celada contra este hombre, al punto te lo he mandado y he informado además a sus acusadores que formulen sus quejas contra él ante ti.»
Los soldados, conforme a lo que se les había ordenado, tomaron a Pablo y lo condujeron de noche a Antipátrida;
a la mañana siguiente dejaron que los de caballería se fueran con él y ellos se volvieron al cuartel.
Al llegar aquéllos a Cesarea, entregaron la carta al procurador y le presentaron también a Pablo.
Habiéndola leído, preguntó de qué provincia era y, al saber que era de Cilicia, le dijo:
«Te oiré cuando estén también presentes tus acusadores.» Y mandó custodiarle en el pretorio de Herodes."
Hechos 24
Cinco días después bajó el Sumo Sacerdote Ananías con algunos ancianos y un tal Tértulo, abogado, y presentaron ante el procurador acusación contra Pablo.
Citado Pablo, Tértulo dio principio a la acusación diciendo: «Gracias a ti gozamos de mucha paz y las mejoras realizadas por tu providencia en beneficio de esta nación,
en todo y siempre las reconocemos, excelentísimo Félix, con todo agradecimiento.
Pero para no molestarte más, te ruego que nos escuches un momento con tu característica clemencia.
Hemos encontrado esta peste de hombre que provoca altercados entre los judíos de toda la tierra y que es el jefe principal de la secta de los nazoreos.
Ha intentado además profanar el Templo, pero nosotros le apresamos.
Interrogándole, podrás tú llegar a conocer a fondo todas estas cosas de que le acusamos.»
Los judíos le apoyaron, afirmando que las cosas eran así.
Entonces el procurador concedió la palabra a Pablo y éste respondió: «Yo sé que desde hace muchos años vienes juzgando a esta nación; por eso con toda confianza voy a exponer mi defensa.
Tú mismo lo puedes comprobar: No hace más de doce días que yo subí a Jerusalén en peregrinación.
Y ni en el Templo, ni en las sinagogas ni por la ciudad me han encontrado discutiendo con nadie ni alborotando a la gente.
Ni pueden tampoco probarte las cosas de que ahora me acusan.
«En cambio te confieso que según el Camino, que ellos llaman secta, doy culto al Elohim de mis padres, creo en todo lo que se encuentra en la Ley y está escrito en los Profetas
y tengo en Elohim la misma esperanza que éstos tienen, de que habrá una resurrección, tanto de los justos como de los pecadores.
Por eso yo también me esfuerzo por tener constantemente una conciencia limpia ante Elohim y ante los hombres.
«Al cabo de muchos años he venido a traer limosnas a los de mi nación y a presentar ofrendas.
Y me encontraron realizando estas ofrendas en el Templo después de haberme purificado, y no entre tumulto de gente.
Y fueron algunos judíos de Asia... - que son los que debieran presentarse ante ti y acusarme si es que tienen algo contra mí;
o si no, que digan estos mismos qué crimen hallaron en mí cuando comparecí ante el Sanedrín,
a no ser este solo grito que yo lancé estando en medio de ellos: "Yo soy juzgado hoy por vosotros a causa de la resurrección de los muertos.»
Félix, que estaba bien informado en lo referente al Camino, les dio largas diciendo: «Cuando baje el tribuno Lisias decidiré vuestro asunto.»
Y ordenó al centurión que custodiase a Pablo, que le dejase tener alguna libertad y que no impidiese a ninguno de los suyos el asistirle.
Después de unos días vino Félix con su esposa Drusila, que era judía; mandó traer a Pablo y le estuvo escuchando acerca de la fe en Mashiaj Yeshúa.
Y al hablarle Pablo de la justicia, del dominio propio y del juicio futuro, Félix, aterrorizado, le interrumpió: «Por ahora puedes marcharte; cuando encuentre oportunidad te haré llamar.»
Esperaba al mismo tiempo Félix que Pablo le diese dinero; por eso frecuentemente le mandaba a buscar y conversaba con él.
Pasados dos años Félix recibió como sucesor a Porcio Festo; y queriendo congraciarse con los judíos, dejó a Pablo prisionero."
Tehilim 102
Yahweh, escucha mi oración, llegue hasta ti mi grito;
no ocultes lejos de mí tu rostro el día de mi angustia; tiende hacia mí tu oído, ¡el día en que te invoco, presto, respóndeme!
Pues mis días en humo se disipan, mis huesos arden lo mismo que un brasero;
trillado como el heno, mi corazón se seca, y me olvido de comer mi pan;
ante la voz de mis sollozos, mi piel a mis huesos se ha pegado.
Me parezco al búho del yermo, igual que la lechuza de las ruinas;
insomne estoy y gimo cual solitario pájaro en tejado;
me insultan todo el día mis enemigos, los que me alababan maldicen por mi nombre.
El pan que como es la ceniza, mi bebida mezclo con mis lágrimas,
ante tu cólera y tu enojo, pues tú me alzaste y después me has tirado:
mis días son como la sombra que declina, y yo me seco como el heno.
Mas tú, Yahweh, permaneces para siempre, y tu memoria de edad en edad.
Tú te alzarás, compadecido de Sión, pues es ya tiempo de apiadarte de ella, ha llegado la hora;
que están tus siervos encariñados de sus piedras y se compadecen de sus ruinas.
Y temerán las naciones el nombre de Yahweh, y todos los reyes de la tierra tu gloria;
cuando Yahweh reconstruya a Sión, y aparezca en su gloria,
volverá su rostro a la oración del despojado, su oración no despreciará.
Se escribirá esto para la edad futura, y en pueblo renovado alabará a Yahweh:
que se ha inclinado Yahweh desde su altura santa, desde los cielos ha mirado a la tierra,
para oír el suspiro del cautivo, para librar a los hijos de la muerte.
Para pregonar en Sión el nombre de Yahweh, y su alabanza en Jerusalén,
cuando a una se congreguen los pueblos, y los reinos para servir a Yahweh.
El ha enervado mi fuerza en el camino, ha abreviado mis días.
Digo: ¡Elohim mío, en la mitad de mis días no me lleves! ¡De edad en edad duran tus años!
Desde antiguo, fundaste tú la tierra, y los cielos son la obra de tus manos;
ellos perecen, mas tú quedas, todos ellos como la ropa se desgastan, como un vestido los mudas tú, y se mudan.
Pero tú siempre el mismo, no tienen fin tus años.
Los hijos de tus siervos tendrán una morada, y su estirpe ante ti subsistirá.

