Parashot 27 de julio 2024
Eclesiástico 42-43, Marcos 6-7 y Tehilim 63
Eclesiástico 42
Pero de lo que sigue no te avergüences, y no peques por tener acepción de personas:
de la ley del Altísimo y de su alianza, del juicio que justifica a los impíos,
de contar con compañero de viaje, de dar la herencia a compañeros,
de la exactitud de balanzas y pesas, de obtener grandes y pequeñas ganancias,
de provecho en la venta a comerciantes, de la copiosa instrucción de los hijos, de ensangrentar las costillas de un mal siervo.
Con mujer mala es bueno usar el sello, y, donde hay muchas manos, echa la llave.
Lo que entregues, hazlo con cuenta y medida, el haber y el debe, sea todo por escrito.
No te avergüences de enseñar al tonto y al necio, y al viejo acabado juzgado como joven. Serás entonces de verdad educado, y estimado de todo viviente.
Una hija es para el padre un secreto desvelo, aleja el sueño la inquietud por ella. En su juventud, miedo a que se le pase la edad, si está casada, a que sea aborrecida.
Cuando virgen, no sea mancillada y en la casa paterna quede encinta. Cuando casada, a que sea infiel, cohabitando, a que sea estéril.
Sobre la hija desenvuelta refuerza la vigilancia, no sea que te haga la irrisión de tus enemigos, comidilla en la ciudad, corrillos en el pueblo, y ante el vulgo espeso te avergüence.
De ningún hombre te quedes mirando la belleza, y entre mujeres no te sientes.
Porque de los vestidos sale la polilla, y de la mujer la malicia femenina.
Vale más maldad de hombre que bondad de mujer, la mujer cubre de vergüenza y oprobio.
Voy a evocar las obras del Adon, lo que tengo visto contaré. Por las palabras del Adon fueron hechas sus obras, y la creación está sometida a su voluntad.
El sol mira a todo iluminándolo, de la gloria del Adon está llena su obra.
No son capaces los Santos del Adon de contar todas sus maravillas, que firmemente estableció el Adon omnipotente, para que en su gloria el universo subsistiera.
El sondea el abismo y el corazón humano, y sus secretos cálculos penetra. Pues el Altísimo todo saber conoce, y fija sus ojos en las señales de los tiempos.
Anuncia lo pasado y lo futuro, y descubre las huellas de las cosas secretas.
No se le escapa ningún pensamiento, ni una palabra se le oculta.
Las grandezas de su sabiduría las puso en orden, porque él es antes de la eternidad y por la eternidad; nada le ha sido añadido ni quitado, y de ningún consejero necesita.
¡Qué amables son todas sus obras!: como una centella hay que contemplarlas.
Todo esto vive y permanece eternamente, para cualquier menester todo obedece.
Todas las cosas de dos en dos, una frente a otra, y nada ha hecho deficiente.
Cada cosa afirma la excelencia de la otra, ¿quién se hartará de contemplar su gloria?
Eclesiástico 43
Orgullo de las alturas, firmamento de pureza, tal la vista del cielo en su espectáculo de gloria.
El sol apareciendo proclama a su salida: «¡Qué admirable la obra del Altísimo!»
En su mediodía reseca la tierra, ante su ardor, ¿quién puede resistir?
Se atiza el horno para obras de forja: tres veces más el sol que abrasa las montañas; vapores ardientes despide, ciega los ojos con el brillo de sus rayos.
Grande es el Señor que lo hizo, y a cuyo mandato emprende su rápida carrera.
También la luna: sale siempre a su hora, para marcar los tiempos, señal eterna.
De la luna procede la señal de las fiestas, astro que mengua, después del plenilunio.
Lleva el mes su nombre; crece ella maravillosamente cuando cambia, enseña del ejército celeste que brilla en el firmamento del cielo.
Hermosura del cielo es la gloria de las estrellas. orden radiante en las alturas del Señor.
Por las palabras del Adon están fijas según su orden. y no aflojan en su puesto de guardia.
Mira el arco iris y a su Hacedor bendice, ¡qué bonito en su esplendor!
Rodea el cielo con aureola de gloria, lo han tendido las manos del Altísimo.
Con su orden precipita la nieve, y fulmina los rayos según su decreto.
Por eso se abren sus cilleros, y vuelvan las nubes como pájaros.
Con su grandeza hace espesas las nubes, y se desmenuzan las piedras de granizo.
a su vista se conmueven los montes. A su voluntad sopla el viento del sur,
El bramido de su trueno insulta a la tierra, el huracán del norte y los ciclones.
Como pájaros que se posan esparce la nieve, que baja como langosta que salta al suelo. Admira el ojo la belleza de su blancura, y al verla caer se pasma el corazón.
El derrama también sobre la tierra la escarcha como sal, que al helarse se queda como pinchos de espinas.
El viento frío del norte sopla y se forma el hielo sobre el agua; sobre toda masa de agua se posa, y el agua se reviste como de coraza.
Devora los montes, quema el desierto, y consume como fuego el verdor.
Como remedio de todo llega presto la niebla, el rocío, después del viento ardiente, devuelve la alegría.
Según su designio domeña el abismo, y planta islas en él.
Los que surcan el mar hablan de sus peligros, y de lo que oyen nuestros oídos nos maravillamos.
Allí están las cosas raras y maravillosas, variedad de animales, especies de monstruos marinos.
Gracias a Elohim tiene éxito su mensajero, y por su palabra todo está en su sitio.
Muchos más podríamos decir y nunca acabaríamos; broche de mis palabras: «El lo es todo.»
¿Dónde hallar fuerza para glorificarle? ¡Que él es el Grande sobre todas sus obras!
Temible es el Adon, inmensamente grande, maravilloso su poderío.
Con vuestra alabanza ensalzad al Adon, cuanto podáis, que siempre estará más alto; y al ensalzarle redoblad vuestra fuerza, no os canséis, que nunca acabaréis.
¿Quién le ha visto para que pueda describirle? ¿quién puede engrandecerle tal como es?
Mayores que éstas quedan ocultas muchas cosas, que bien poco de sus obras hemos visto.
Porque el Adon lo hizo todo, y dio a los piadosos la sabiduría.
Marcos 6
Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen.
Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos?
¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?» Y se escandalizaban a causa de él.
Yeshúa les dijo: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio.»
Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos.
Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.
Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos.
Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja;
sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas.»
Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí.
Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos.»
Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran;
expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
Se enteró el rey Herodes, pues su nombre se había hecho célebre. Algunos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.»
Otros decían: «Es Elías»; otros: «Es un profeta como los demás profetas.»
Al enterarse Herodes, dijo: «Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado.»
Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado.
Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano.»
Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía,
pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto.
Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea.
Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré.»
Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino.»
Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?» Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista.»
Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.»
El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales.
Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel
y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre.
Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.
Los apóstoles se reunieron con Yeshúa y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado.
El, entonces, les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.» Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer.
Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario.
Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos.
Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.
Era ya una hora muy avanzada cuando se le acercaron sus discípulos y le dijeron: «El lugar está deshabitado y ya es hora avanzada.
Despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos del contorno a comprarse de comer.»
El les contestó: «Dadles vosotros de comer.» Ellos le dicen: «¿Vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?»
El les dice: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.» Después de haberse cerciorado, le dicen: «Cinco, y dos peces.»
Entonces les mandó que se acomodaran todos por grupos sobre la verde hierba.
Y se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta.
Y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los fueran sirviendo. También repartió entre todos los dos peces.
Comieron todos y se saciaron.
Y recogieron las sobras, doce canastos llenos y también lo de los peces.
Los que comieron los panes fueron 5.000 hombres.
Inmediatamente obligó a sus discípulos a subir a la barca y a ir por delante hacia Betsaida, mientras él despedía a la gente.
Después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar.
Al atardecer, estaba la barca en medio del mar y él, solo, en tierra.
Viendo que ellos se fatigaban remando, pues el viento les era contrario, a eso de la cuarta vigilia de la noche viene hacia ellos caminando sobre el mar y quería pasarles de largo.
Pero ellos viéndole caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar,
pues todos le habían visto y estaban turbados. Pero él, al instante, les habló, diciéndoles: «¡Animo!, que soy yo, no temáis.»
Subió entonces donde ellos a la barca, y amainó el viento, y quedaron en su interior completamente estupefactos,
pues no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada.
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron.
Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida,
recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que él estaba.
Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados.
Marcos 7
Se reúnen junto a él los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén.
Y al ver que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas,
- es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos,
y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas -.
Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: «¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?»
El les dijo: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres.
Dejando el precepto de Elohim, os aferráis a la tradición de los hombres.»
Les decía también: «¡Qué bien violáis el mandamiento de Elohim, para conservar vuestra tradición!
Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre y: el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte. Pero vosotros decís:
Si uno dice a su padre o a su madre: "Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro Korbán - es decir: ofrenda -",
ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre,
anulando así la Palabra de Elohim por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas.»
Llamó otra vez a la gente y les dijo: «Oídme todos y entended.
Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.
Quien tenga oídos para oír, que oiga.»
Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola.
El les dijo: «¿Conque también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle,
pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?» - así declaraba puros todos los alimentos -.
Y decía: «Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.
Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos,
adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez.
Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.»
Y partiendo de allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido,
sino que, en seguida, habiendo oído hablar de él una mujer, cuya hija estaba poseída de un espíritu inmundo, vino y se postró a sus pies.
Esta mujer era pagana, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio.
El le decía: «Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.»
Pero ella le respondió: «Sí, Adon; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños.»
El, entonces, le dijo: «Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija.»
Volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y que el demonio se había ido.
Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis.
Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él.
El, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua.
Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: «¡Abrete!»
Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente.
Yeshúa les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban.
Y se maravillaban sobremanera y decían «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»
Tehilim 63
Salmo. De David. Cuando estaba en el desierto de Judá.
Elohim, tú mi Elohim, yo te busco, sed de ti tiene mi alma, en pos de ti languidece mi carne, cual tierra seca, agotada, sin agua.
Como cuando en el santuario te veía, al contemplar tu poder y tu gloria,
pues tu amor es mejor que la vida, mis labios te glorificaban -,
así quiero en mi vida bendecirte, levantar mis manos en tu nombre;
como de grasa y médula se empapará mi alma, y alabará mi boca con labios jubilosos.
Cuando pienso en ti sobre mi lecho, en ti medito en mis vigilias,
porque tú eres mi socorro, y yo exulto a la sombra de tus alas;
mi alma se aprieta contra ti, tu diestra me sostiene.
Mas los que tratan de perder mi alma, ¡caigan en las honduras de la tierra!
¡Sean pasados al filo de la espada, sirvan de presa a los chacales!
Y el rey en Elohim se gozará, el que jura por él se gloriará, cuando sea cerrada la boca de los mentirosos.

