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Parashot 28 de septiembre 2024

Parashot 28 de septiembre 2024

Isaías 9-10, Lucas 8-9 y Tehilim 72

Isaías 9

  1. El pueblo que andaba a oscuras

  2. vio una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras, una luz brilló sobre ellos. Acrecentaste el regocijo, hiciste grande la alegría. Alegría por tu presencia, cual la alegría en la siega, como se regocijan repartiendo botín.

  3. Porque el yugo que les pesaba y la pinga de su hombro - la vara de su tirano - has roto, como el día de Madián.

  4. Porque toda bota que taconea con ruido, y el manto rebozado en sangre serán para la quema, pasto del fuego.

  5. Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre «Maravilla de Consejero», «Elohim Fuerte», «Siempre Abba», «Príncipe de Paz».

  6. Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia, Desde ahora y hasta siempre, el celo de Yahweh Sebaot hará eso.

  7. Una palabra ha proferido el Adon en Jacob, y ha caído en Israel.

  8. Sabedla, pueblo todo, Efraím y los habitantes de Samaría, los que con arrogancia y engreimiento dicen:

  9. «Los ladrillos han caído, pero de sillar edificaremos; los sicómoros fueron talados, pero por cedros los cambiaremos.»

  10. Pues bien, Yahweh ha dado ventaja a su adversario, Rasón, y azuzó a sus enemigos:

  11. Aram por delante y los filisteos por detrás, devoraron a Israel a boca llena. Con todo eso no se ha calmado su ira, y aún sigue su mano extendida.

  12. Pero el pueblo no se volvió hacia el que le castigaba, no buscaron a Yahweh Sebaot.

  13. Por eso ha cercenado Yahweh a Israel cabeza y cola, palmera y junco, en un mismo día.

  14. El anciano y honorable es la cabeza, y el profeta impostor es la cola.

  15. Los directores de este pueblo han resultado desviadores, y sus dirigidos, extraviados.

  16. Por eso, de sus jóvenes no se apiadará el Adon, con sus huérfanos y viudas no tendrá misericordia, pues todos son impíos y malvados, y toda boca profiere majadería Con todo eso no se ha calmado su ira, y aún sigue su mano extendida.

  17. Porque ha ardido como fuego la maldad, zarza y espino devora, y va a prender en las espesuras del bosque: ya se estiran en columna de humo.

  18. Por el arrebato de Yahweh la tierra ha sido quemada, y es el pueblo como pasto de fuego; nadie tiene piedad de su hermano,

  19. Corta a diestra y queda con hambre, come a siniestra y no se sacia; cada uno se come la carne de su brazo.

  20. Manasés devora a Efraím Efraím a Manasés, y ambos a una van contra Judá. Con todo eso no se ha calmado su ira, y aún sigue su mano extendida.

Isaías 10

  1. ¡Ay! los que decretan decretos inicuos, y los escribientes que escriben vejaciones,

  2. excluyendo del juicio a los débiles, atropellando el derecho de los míseros de mi pueblo, haciendo de las viudas su botín, y despojando a los huérfanos.

  3. Pues ¿qué haréis para el día de la cuenta y la devastación que de lontananza viene? ¿a quién acudiréis para pedir socorro? ¿dónde dejaréis vuestra gravedad?

  4. Con tal de no arrodillarse entre los prisioneros, entre los muertos caerían. Con todo eso no se ha calmado su ira, y aún sigue su mano extendida.

  5. ¡Ay, Asur, bastón de mi ira, vara que mi furor maneja!

  6. Contra gente impía voy a guiarlo, contra el pueblo de mi cólera voy a mandarlo, a saquear saqueo y pillar pillaje, y hacer que lo pateen como el lodo de las calles.

  7. Pero él no se lo figura así, ni su corazón así lo estima, sino que su intención es arrasar y exterminar gentes no pocas.

  8. Pues dice: «¿No son mis jefes todos ellos reyes?

  9. ¿No es Kalnó como Karkemis? ¿No es Jamat como Arpad? ¿No es Samaría como Damasco?

  10. Como alcanzó mi mano a los reinos de los ídolos - cuyas estatuas eran más que las de Jerusalén y Samaría -

  11. como hice con Samaría y sus ídolos, ¿no haré asimismo con Jerusalén y sus simulacros?»

  12. Pues bien, cuando hubiere dado remate el Adon a todas sus empresas en el monte Sión y en Jerusalén, pasará revista al fruto del engreimiento del rey de Asur y al orgullo altivo de sus ojos.

  13. Porque dijo: «Con el poder de mi mano lo hice, y con mi sabiduría, porque soy inteligente, he borrado las fronteras de los pueblos, sus almacenes he saqueado, y he abatido como un fuerte a sus habitantes.

  14. Como un nido ha alcanzado mi mano la riqueza de los pueblos, y como se recogen huevos abandonados, he recogido yo toda la tierra, y no hubo quien aleteara ni abriera el pico ni piara.»

  15. ¿Acaso se jacta el hacha frente al que corta con ella? ¿o se tiene por más grande la sierra que el que la blande? ¡como si la vara moviera al que la levanta! ¡como si a quien no es madera el bastón alzara!

  16. Por eso enviará Yahweh Sebaot entre sus bien comidos, enflaquecimiento, y, debajo de su opulencia, encenderá un incendio como de fuego.

  17. La luz de Israel vendrá a ser fuego, y su Santo, llama; arderá y devorará su espino y su zarza en un solo día,

  18. y el esplendor de su bosque y de su vergel en alma y en cuerpo será consumido: será como el languidecer de un enfermo.

  19. Lo que quede de los árboles de su bosque será tan poco, que un niño los podrá contar.

  20. Aquel día no volverán ya el resto de Israel y los bien librados de la casa de Jacob a apoyarse en el que los hiere, sino que se apoyarán con firmeza en Yahweh.

  21. Un resto volverá, el resto de Jacob, al Elohim poderoso.

  22. Que aunque sea tu pueblo, Israel, como la arena del mar, sólo un resto de él volverá. Exterminio decidido, rebosante de justicia.

  23. Porque es un exterminio decidido lo que Yahweh Sebaot realizará en medio de toda la tierra.

  24. Por tanto, así dice el Señor Yahweh Sebaot: «No temas, pueblo mío que moras en Sión, a Asur que con la vara te da golpes y su bastón levanta contra ti (en el camino de Egipto).

  25. Porque un poquito más y se habrá consumado el furor, y mi ira los consumirá.»

  26. Despertará contra él Yahweh Sebaot un azote, como cuando la derrota de Madián en la peña de Horeb, o cuando levantó su bastón contra el mar en el camino de Egipto.

  27. Aquel día te quitará su carga de encima del hombro y su yugo de sobre tu cerviz será arrancado. Y el yugo será destruido (...)

  28. Vino sobre Ayyat, pasó por Migrón, en Mikmás pasó revista.

  29. Han pasado el Vado: «Haremos noche en Gueba.» Temblaba Ramá, Guibeá de Saúl huía.

  30. ¡Da gritos de júbilo, Bat Gallim, escucha Laisa! ¡Respóndele, Anatot!

  31. Se desbandó Madmená. Los habitantes de Guebim se han puesto a salvo.

  32. Hoy mismo en Nob haciendo alto menea su mano contra el Monte de la hija de Sión, la colina de Jerusalén.

  33. He aquí que el Señor Yahweh Sebaot sacude el ramaje con estrépito; las guías más altas están partidas y las elevadas van a caer.

  34. Golpeará las espesuras del bosque con el hierro, y por los golpes de un Poderoso, caerá.

Lucas 8

  1. Y sucedió a continuación que iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Elohim; le acompañaban los Doce,

  2. y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios,

  3. Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.

  4. Habiéndose congregado mucha gente, y viniendo a él de todas las ciudades, dijo en parábola:

  5. «Salió un sembrador a sembrar su simiente; y al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada, y las aves del cielo se la comieron;

  6. otra cayó sobre piedra, y después de brotar, se secó, por no tener humedad;

  7. otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos, la ahogaron.

  8. Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado.» Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga.»

  9. Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola,

  10. y él dijo: «A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Elohim; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan.

  11. «La parábola quiere decir esto: La simiente es la Palabra de Elohim.

  12. Los de a lo largo del camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven.

  13. Los de sobre piedra son los que, al oír la Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba desisten.

  14. Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a madurez.

  15. Lo que en buena tierra, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia.

  16. «Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.

  17. Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto.

  18. Mirad, pues, cómo oís; porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará.»

  19. Se presentaron donde él su madre y sus hermanos, pero no podían llegar hasta él a causa de la gente.

  20. Le anunciaron: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte.»

  21. Pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Elohim y la cumplen.»

  22. Sucedió que cierto día subió a una barca con sus discípulos, y les dijo: «Pasemos a la otra orilla del lago.» Y se hicieron a la mar.

  23. Mientras ellos navegaban, se durmió. Se abatió sobre el lago una borrasca; se inundaba la barca y estaban en peligro.

  24. Entonces, acercándose, le despertaron, diciendo: «¡Maestro, Maestro, que perecemos!» El, habiéndose despertado, increpó al viento y al oleaje, que amainaron, y sobrevino la bonanza.

  25. Entonces les dijo: «¿Dónde está vuestra fe?» Ellos, llenos de temor, se decían entre sí maravillados: «Pues ¿quién es éste, que impera a los vientos y al agua, y le obedecen?»

  26. Arribaron a la región de los gerasenos, que está frente a Galilea.

  27. Al saltar a tierra, vino de la ciudad a su encuentro un hombre, poseído por los demonios, y que hacía mucho tiempo que no llevaba vestido, ni moraba en una casa, sino en los sepulcros.

  28. Al ver a Yeshúa, cayó ante él, gritando con gran voz: «¿Qué tengo yo contigo, Yeshúa, Hijo de Elohim Altísimo? Te suplico que no me atormentes.»

  29. Es que él había mandado al espíritu inmundo que saliera de aquel hombre; pues en muchas ocasiones se apoderaba de él; le sujetaban con cadenas y grillos para custodiarle, pero rompiendo las ligaduras era empujado por el demonio al desierto.

  30. Yeshúa le preguntó: «¿Cuál es tu nombre? «El contestó: «Legión»; porque habían entrado en él muchos demonios.

  31. Y le suplicaban que no les mandara irse al abismo.

  32. Había allí una gran piara de puercos que pacían en el monte; y le suplicaron que les permitiera entrar en ellos; y se lo permitió.

  33. Salieron los demonios de aquel hombre y entraron en los puercos; y la piara se arrojó al lago de lo alto del precipicio, y se ahogó.

  34. Viendo los porqueros lo que había pasado, huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas.

  35. Salieron, pues, a ver lo que había occurido y, llegando donde Yeshúa, encontraron al hombre del que habían salido los demonios, sentado, vestido y en su sano juicio, a los pies de Yeshúa; y se llenaron de temor.

  36. Los que lo habían visto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado.

  37. Entonces toda la gente del país de los gerasenos le rogaron que se alejara de ellos, porque estaban poseídos de gran temor. El, subiendo a la barca, regresó.

  38. El hombre de quien habían salido los demonios, le pedía estar con él; pero le despidió, diciendo:

  39. «Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Elohim ha hecho contigo.» Y fue por toda la ciudad proclamando todo lo que Yeshúa había hecho con él.

  40. Cuando regresó Yeshúa, le recibió la muchedumbre, pues todos le estaban esperando.

  41. Y he aquí que llegó un hombre, llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga, y cayendo a los pies de Yeshúa, le suplicaba entrara en su casa,

  42. porque tenía una sola hija, de unos doce años, que estaba muriéndose. Mientras iba, las gentes le ahogaban.

  43. Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que no había podido ser curada por nadie,

  44. se acercó por detrás y tocó la orla de su manto, y al punto se le paró el flujo de sangre.

  45. Yeshúa dijo: «¿Quién me ha tocado?» Como todos negasen, dijo Pedro: «Maestro, las gentes te aprietan y te oprimen.»

  46. Pero Yeshúa dijo: «Alguien me ha tocado, porque he sentido que una fuerza ha salido de mí.»

  47. Viéndose descubierta la mujer, se acercó temblorosa, y postrándose ante él, contó delante de todo el pueblo por qué razón le había tocado, y cómo al punto había sido curada.

  48. El le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz.»

  49. Estaba todavía hablando, cuando uno de casa del jefe de la sinagoga llega diciendo: «Tu hija está muerta. No molestes ya al Maestro.»

  50. Yeshúa, que lo oyó, le dijo: «No temas; solamente ten fe y se salvará.»

  51. Al llegar a la casa, no permitió entrar con él más que a Pedro, Juan y Santiago, al padre y a la madre de la niña.

  52. Todos la lloraban y se lamentaban, pero él dijo: «No lloréis, no ha muerto; está dormida.»

  53. Y se burlaban de él, pues sabían que estaba muerta.

  54. El, tomándola de la mano, dijo en voz alta: «Niña, levántate.»

  55. Retornó el Ruaj a ella, y al punto se levantó; y él mandó que le dieran a ella de comer.

  56. Sus padres quedaron estupefactos, y él les ordenó que a nadie dijeran lo que había pasado.

Lucas 9

  1. Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades;

  2. y los envió a proclamar el Reino de Elohim y a curar.

  3. Y les dijo: «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno.

  4. Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí.

  5. En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos.»

  6. Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes.

  7. Se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba, y estaba perplejo; porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos;

  8. otros, que Elías se había aparecido; y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado.

  9. Herodes dijo: «A Juan, le decapité yo. ¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?» Y buscaba verle.

  10. Cuando los apóstoles regresaron, le contaron cuanto habían hecho. Y él, tomándolos consigo, se retiró aparte, hacia una ciudad llamada Bestsaida.

  11. Pero las gentes lo supieron, y le siguieron; y él, acogiéndolas, les hablabla acerca del Reino de Elohim, y curaba a los que tenían necesidad de ser curados.

  12. Pero el día había comenzado a declinar, y acercándose los Doce, le dijeron: «Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado.»

  13. El les dijo: «Dadles vosotros de comer.» Pero ellos respondieron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente.»

  14. Pues había como 5.000 hombres. El dijo a sus discípulos: «Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta.»

  15. Lo hicieron así, e hicieron acomodarse a todos.

  16. Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente.

  17. Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos.

  18. Y sucedió que mientras él estaba orando a solas, se hallaban con él los discípulos y él les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»

  19. Ellos respondieron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había resucitado.»

  20. Les dijo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro le contestó: «El Yeshúa de Elohim.»

  21. Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie.

  22. Dijo: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día.»

  23. Decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.

  24. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará.

  25. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?

  26. Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras, de ése se avergonzará el Hijo del hombre, cuando venga en su gloria, en la de su Abba y en la de los santos ángeles.

  27. «Pues de verdad os digo que hay algunos, entre los aquí presentes, que no gustarán la muerte hasta que vean el Reino de Elohim.»

  28. Sucedió que unos ocho días después de estas palabras, tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar.

  29. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante,

  30. y he aquí que conversaban con él dos hombres, que eran Moisés y Elías;

  31. los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén.

  32. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.

  33. Y sucedió que, al separarse ellos de él, dijo Pedro a Yeshúa: «Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías», sin saber lo que decía.

  34. Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor.

  35. Y vino una voz desde la nube, que decía: «Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle.»

  36. Y cuando la voz hubo sonado, se encontró Yeshúa solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.

  37. Sucedió que al día siguiente, cuando bajaron del monte, le salió al encuentro mucha gente.

  38. En esto, un hombre de entre la gente empezó a gritar: «Maestro, te suplico que mires a mi hijo, porque es el único que tengo,

  39. y he aquí que un espíritu se apodera de él y de pronto empieza a dar gritos, le hace retorcerse echando espuma, y difícilmente se aparta de él, dejándole quebrantado.

  40. He pedido a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido.»

  41. Respondió Yeshúa: «¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros y habré de soportaros? ¡Trae acá a tu hijo!»

  42. Cuando se acercaba, el demonio le arrojó por tierra y le agitó violentamente; pero Jesús increpó al espíritu inmundo, curó al niño y lo devolvió a su padre;

  43. y todos quedaron atónitos ante la grandeza de Elohim. Estando todos maravillados por todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos:

  44. «Poned en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.»

  45. Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto.

  46. Se suscitó una discusión entre ellos sobre quién de ellos sería el mayor.

  47. Conociendo Yeshúa lo que pensaban en su corazón, tomó a un niño, le puso a su lado,

  48. y les dijo: «El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor.»

  49. Tomando Juan la palabra, dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros.»

  50. Pero Yeshúa le dijo: «No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros.»

  51. Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén,

  52. y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada;

  53. pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén.

  54. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?»

  55. Pero volviéndose, les reprendió;

  56. y se fueron a otro pueblo.

  57. Mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas.»

  58. Yeshúa le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»

  59. A otro dijo: «Sígueme.» El respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre.»

  60. Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Elohim.»

  61. También otro le dijo: «Te seguiré, Adon; pero déjame antes despedirme de los de mi casa.»

  62. Le dijo Yeshúa: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Elohim.»

Tehilim 72

  1. De Salomón. Oh Elohim, da al rey tu juicio, al hijo de rey tu justicia:

  2. que con justicia gobierne a tu pueblo, con equidad a tus humildes.

  3. Traigan los montes paz al pueblo, y justicia los collados.

  4. El hará justicia a los humildes del pueblo, salvará a los hijos de los pobres, y aplastará al opresor.

  5. Durará tanto como el sol, como la luna de edad en edad;

  6. caerá como la lluvia en el retoño, como el rocío que humedece la tierra.

  7. En sus días florecerá la justicia, y dilatada paz hasta que no haya luna;

  8. dominará de mar a mar, desde el Río hasta los confines de la tierra.

  9. Ante él se doblará la Bestia, sus enemigos morderán el polvo;

  10. los reyes de Tarsis y las islas traerán tributo. Los reyes de Sabá y de Seba pagarán impuestos;

  11. todos los reyes se postrarán ante él, le servirán todas las naciones.

  12. Porque él librará al pobre suplicante, al desdichado y al que nadie ampara;

  13. se apiadará del débil y del pobre, el alma de los pobres salvará.

  14. De la opresión, de la violencia, rescatará su ruaj, su sangre será preciosa ante sus ojos;

  15. (y mientras viva se le dará el oro de Sabá). Sin cesar se rogará por él, todo el día se le bendecirá.

  16. Habrá en la tierra abundancia de trigo, en la cima de los montes ondeará como el Líbano al despertar sus frutos y sus flores, como la hierba de la tierra.

  17. ¡Sea su nombre bendito para siempre, que dure tanto como el sol! ¡En él se bendigan todas las familias de la tierra, dichoso le llamen todas las naciones!

  18. ¡Bendito sea Yahweh, Elohim de Israel, el único que hace maravillas!

  19. ¡Bendito sea su nombre glorioso para siempre, toda la tierra se llene de su gloria! ¡Amén! ¡Amén!

  20. Fin de las oraciones de David, hijo de Jesé.