Parashot 3 de febrero 2024
Sabiduría 11-12, Apocalipsis 6-7 y Tehilim 38
Sabiduría 11
Ella dirigió felizmente sus empresas por medio de un profeta santo.
Atravesaron un desierto deshabitado y fijaron sus tiendas en parajes inaccesibles;
hicieron frente a sus enemigos y rechazaron a sus adversarios.
Tuvieron sed y te invocaron: de una roca abrupta se les dio agua, de una piedra dura, remedio para su sed.
Lo mismo que fue para sus enemigos un castigo, fue para ellos en su apuro un beneficio.
En vez de la fuente perenne de un río enturbiado por una mezcla de sangre y barro
en pena de su decreto infanticida, diste a los tuyos inesperadamente un agua abundante,
mostrándoles por la sed que entonces sufrieron de qué modo habías castigado a sus adversarios.
Pues cuando sufrieron su prueba - si bien con misericordia corregidos - conocieron cómo los impíos, juzgados con cólera, eran torturados;
pues a ellos los habías probado como padre que amonesta, pero a los otros los habías castigado como rey severo que condena.
Tanto estando lejos como cerca, igualmente se consumían,
pues una doble tristeza se apoderó de ellos, y un lamento con el recuerdo del pasado:
porque, al oír que lo mismo que era su castigo, era para los otros un beneficio, reconocieron al Adon;
pues al que antes hicieron exponer y luego rechazaron con escarnio, al final de los acontecimientos le admiraron después de padecer una sed bien diferente de la de los justos.
Por sus locos e inicuos pensamientos por los que, extraviados, adoraban reptiles sin razón y bichos despreciables, les enviaste en castigo muchedumbre de animales sin razón,
para que aprendiesen que, por donde uno peca, por allí es castigado.
Pues bien podía tu mano omnipotente - ella que de informe materia había creado el mundo - enviar contra ellos muchedumbre de osos o audaces leones,
o bien fieras desconocidas, entonces creadas, llenas de furor, respirando aliento de fuego, lanzando humo hediondo o despidiendo de sus ojos terribles centellas,
capaces, no ya de aniquilarlos con sus ataques, sino de destruirlos con sólo su estremecedor aspecto.
Y aun sin esto, de un simple soplo podían sucumbir, perseguidos por la Justicia, aventados por el soplo de tu poder. Pero tú todo lo dispusiste con medida, número y peso.
Pues el actuar con inmenso poder siempre está en tu mano. ¿Quién se podrá oponer a la fuerza de tu brazo?
Como lo que basta a inclinar una balanza, es el mundo entero en tu presencia, como la gota de rocío que a la mañana baja sobre la tierra.
Te compadeces de todos porque todo lo puedes y disimulas los pecados de los hombres para que se arrepientan.
Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces, pues, si algo odiases, no lo habrías hecho.
Y ¿cómo habría permanecido algo si no hubieses querido? ¿Cómo se habría conservado lo que no hubieses llamado?
Mas tú con todas las cosas eres indulgente, porque son tuyas, Adon que amas la vida,
Sabiduría 12
pues tu espíritu incorruptible está en todas ellas.
Por eso mismo gradualmente castigas a los que caen; les amonestas recordándoles en qué pecan para que, apartándose del mal, crean en ti, Adon.
A los antiguos habitantes de tu tierra santa
los odiabas, porque cometían las más nefastas acciones, prácticas de hechicería, iniciaciones impías.
A estos despiadados asesinos de sus hijos, devoradores de entrañas en banquetes de carne humana y de sangre, a estos iniciados en bacanales,
padres asesinos de seres indefensos, habías querido destruirlos a manos de nuestros padres,
para que la tierra que te era la más apreciada de todas, recibiera una digna colonia de hijos de Elohim.
Pero aun con éstos, por ser hombres, te mostraste indulgente, y les enviaste avispas, como precursoras de tu ejército, que les fuesen poco a poco destruyendo.
No porque no pudieses en batalla campal entregar a los impíos en manos de los justos, o aniquilarlos de una vez con feroces fieras o con una palabra inexorable,
sino que les concedías, con un castigo gradual, una ocasión de arrepentirse; aun sabiendo que era su natural perverso, su malicia innata, y que jamás cambiaría su manera de pensar
por ser desde el comienzo una raza maldita. Tampoco por temor a nadie concedías la impunidad a sus pecados.
Pues ¿quién podría decirte: «¿Qué has hecho?» ¿Quién se opondría a tu sentencia? ¿Quién te citaría a juicio por destruir naciones por ti creadas? ¿Quién se alzaría contra ti como vengador de hombres inicuos?
Pues fuera de ti no hay un Elohim que de todas las cosas cuide, a quien tengas que dar cuenta de la justicia de tus juicios;
ni hay rey ni soberano que se te enfrente en favor de los que has castigado.
Sino que, como eres justo, con justicia administras el universo, y miras como extraño a tu poder condenar a quien no merece ser castigado.
Tu fuerza es el principio de tu justicia y tu señorío sobre todos los seres te hace indulgente con todos ellos
Ostentas tu fuerza a los que no creen en la plenitud de tu poder, y confundes la audacia de los que la conocen.
Dueño de tu fuerza, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia porque, con sólo quererlo, lo puedes todo.
Obrando así enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser amigo del hombre, y diste a tus hijos la buena esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.
Pues si a los enemigos de tus hijos, merecedores de la muerte, con tanto miramiento e indulgencia los castigaste dándoles tiempo y lugar para apartarse de la maldad,
¿con qué consideración no juzgaste a los hijos tuyos, a cuyos padres con juramentos y pactos tan buenas promesas hiciste?
Así pues, para aleccionarnos, a nuestros enemigos los flagelas con moderación, para que, al juzgar, tengamos en cuenta tu bondad y, al ser juzgados, esperemos tu misericordia.
Por tanto, también a los que inicuamente habían vivido una vida insensata les atormentaste con sus mismas abominaciones.
Demasiado, en verdad, se habían desviado por los caminos del error, teniendo por dioses a los más viles y despreciables, animales, dejándose engañar como pequeñuelos inconscientes.
Por eso, como a niños sin seso, les enviaste una irrisión de castigo.
Pero los que con una reprimenda irrisoria no se enmendaron, iban a experimentar un castigo digno de Elohim.
A la vista de los seres que les atormentaban y les indignaban, de aquellos seres que tenían por dioses y eran ahora su castigo, abrieron los ojos y reconocieron por el Elohim verdadero a aquel que antes se negaban a conocer. Por lo cual el supremo castigo descargó sobre ellos.
Apocalipsis 6
Y seguí viendo: Cuando el Cordero abrió el primero de los siete sellos, oí al primero de los cuatro Vivientes que decía con voz como de trueno: «Ven».
Miré y había un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; se le dio una corona, y salió como vencedor, y para seguir venciendo.
Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo Viviente que decía: «Ven».
Entonces salió otro caballo, rojo; al que lo montaba se le concedió quitar de la tierra la paz para que se degollaran unos a otros; se le dio una espada grande.
Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer Viviente que decía: «Ven». Miré entonces y había un caballo negro; el que lo montaba tenía en la mano una balanza,
y oí como una voz en medio de los cuatro Vivientes que decía: «Un litro de trigo por denario, tres litros de cebada por un denario. Pero no causes daño al aceite y al vino.»
Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto Viviente que decía: «Ven».
Miré entonces y había un caballo verdoso; el que lo montaba se llamaba Muerte, y el Hades le seguía. Se les dio poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con la espada, con el hambre, con la peste y con las fieras de la tierra.
Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los degollados a causa de la Palabra de Elohim y del testimonio que mantuvieron.
Se pusieron a gritar con fuerte voz: «¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin tomar venganza por nuestra sangre de los habitantes de la tierra?»
Entonces se le dio a cada uno un vestido blanco y se les dijo que esperasen todavía un poco, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos que iban a ser muertos como ellos.
Y seguí viendo. Cuando abrió el sexto sello, se produjo un violento terremoto; y el sol se puso negro como un paño de crin, y la luna toda como sangre,
y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera suelta sus higos verdes al ser sacudida por un viento fuerte;
y el cielo fue retirado como un libro que se enrolla, y todos los montes y las islas fueron removidos de sus asientos;
y los reyes de la tierra, los magnates, los tribunos, los ricos, los poderosos, y todos, esclavos o libres, se ocultaron en las cuevas y en las peñas de los montes.
Y dicen a los montes y las peñas: «Caed sobre nosotros y ocultadnos de la vista del que está sentado en el trono y de la cólera del Cordero.
Porque ha llegado el Gran Día de su cólera y ¿quién podrá sostenerse?»
Apocalipsis 7
Después de esto, vi a cuatro Angeles de pie en los cuatro extremos de la tierra, que sujetaban los cuatro vientos de la tierra, para que no soplara el viento ni sobre la tierra ni sobre el mar ni sobre ningún árbol.
Luego vi a otro Angel que subía del Oriente y tenía el sello de Elohim vivo; y gritó con fuerte voz a los cuatro Angeles a quienes se había encomendado causar daño a la tierra y al mar:
«No causéis daño ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Elohim.»
Y oí el número de los marcados con el sello: 144.000 sellados, de todas las tribus de los hijos de Israel.
De la tribu de Judá 12.000 sellados; de la tribu de Rubén 12.000; de la tribu de Gad 12.000;
de la tribu de Aser 12.000; de la tribu de Neftalí 12.000; de la tribu de Manasés 12.000;
de la tribu de Simeón 12.000; de la tribu de Leví 12.000; de la tribu de Isacar 12.000;
de la tribu de Zabulón 12.000; de la tribu de José 12.000; de la tribu de Benjamín 12.000 sellados.
Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.
Y gritan con fuerte voz: «La salvación es de nuestro Elohim, que está sentado en el trono, y del Cordero.»
Y todos los Angeles que estaban en pie alrededor del trono de los Ancianos y de los cuatro Vivientes, se postraron delante del trono, rostro en tierra, y adoraron a Elohim
diciendo: «Amén. Alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza, a nuestro Elohim por los siglos de los siglos. Amén.»
Uno de los Ancianos tomó la palabra y me dijo: «Esos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han venido?»
Yo le respondí: «Adom mío, tú lo sabrás.» Me respondió: «Esos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero.
Por esto están delante del trono de Elohim, dándole culto día y noche en su Santuario; y el que está sentado en el trono extenderá su tienda sobre ellos.
Ya no tendrán hambre ni sed; ya nos les molestará el sol ni bochorno alguno.
Porque el Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a los manantiales de las aguas de la vida. Y Elohim enjugará toda lágrima de sus ojos.»
Tehilim 38
Salmo De David. En memoria.
Yahweh, no me corrijas en tu enojo, en tu furor no me castigues.
Pues en mí se han clavado tus saetas, ha caído tu mano sobre mí;
nada intacto en mi carne por tu enojo, nada sano en mis huesos debido a mi pecado.
Mis culpas sobrepasan mi cabeza, como un peso harto grave para mí;
mis llagas son hedor y putridez, debido a mi locura;
encorvado, abatido totalmente, sombrío ando todo el día.
Están mis lomos túmidos de fiebre, nada hay sano ya en mi carne;
entumecido, molido totalmente, me hace rugir la convulsión del corazón.
Adon, todo mi anhelo ante tus ojos, mi gemido no se te oculta a ti.
Me traquetea el corazón, las fuerzas me abandonan, y la luz misma de mis ojos me falta.
Mis amigos y compañeros se partan de mi llaga, mis allegados a distancia se quedan;
y tienden lazos los que buscan mi alma, los que traman mi mal hablan de ruina, y todo el día andan urdiendo fraudes.
Mas yo como un sordo soy, no oigo, como un mudo que no abre la boca;
sí, soy como un hombre que no oye, ni tiene réplica en sus labios.
Que en ti, Yahweh, yo espero, tú reponderás, Adon, Elohim mío.
He dicho: «! No se rían de mí, no me dominen cuando mi pie resbale!».
Y ahora ya estoy a punto de caída, mi tormento sin cesar está ante mí.
Sí, mi culpa confieso, acongojado estoy por mi pecado.
Aumentan mis enemigos sin razón, muchos son los que sin causa me odian,
los que me devuelven mal por bien y me acusan cuando yo el bien busco.
¡No me abandones, tú, Yahweh, Elohim mío, no estés lejos de mí! [23]Date prisa a auxiliarme, oh Adon, mi salvación!

