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Parashot 30 de julio 2022

Parashot 30 de julio 2022

Judit 10–11, Juan 18–19 y Tehilim 109

Judit 10

  1. Acabada su plegaria al Elohim de Israel, y dichas todas estas palabras,

  2. Se levantó Judit del suelo, llamó a su sierva y bajando a la casa donde pasaba los sábados y solemnidades,

  3. Se quitó el sayal que vestía, se desnudó de sus vestidos de viudez, se baño toda, se ungió con perfumes exquisitos, se compuso la cabellera poniéndose una cinta, y se vistió los vestidos que vestía cuando era feliz, en vida de su marido Manasés.

  4. Se calzó las sandalias, se puso los collares, brazeletes y anillos, sus pendientes y todas sus joyas, y realzó su hermosura cuanto pudo, con ánimo de seducir los ojos de todos los hombres que la viesen.

  5. Luego dio a su sierva un odre de vino y un cántaro de aceite, llenó una alforja con harina de cebada, tortas de higos y panes puros, empaquetó las provisiones y se lo entregó igualmente a su sierva.

  6. Luego se dirigieron a la puerta de la ciudad, de Betulia, donde se encontraron con Ozías y con Jabrís y Jarmís, ancianos de la ciudad.

  7. Cuando vieron a Judit con el rostro transformado y mudada de vestidos, se quedaron maravillados de su extremada hermosura y le dijeron:

  8. «¡Que el Elohim de nuestros padres te haga alcanzar favor y dé cumplimiento a tus designios, para gloria de los hijos de Israel y exaltación de Jerusalén!»

  9. Ella adoró a Elohim y les dijo: «Mandad que me abran la puerta de la ciudad para que vaya a poner por obra los deseos de que me habéis hablado.» Ellos mandaron a los jóvenes que le abrieran, tal como lo pedía.

  10. Así lo hicieron ellos, y salió Judit con su sierva. Los hombres de la ciudad la siguieron con la mirada mientras descendía por la ladera, hasta que llegó al valle; y allí la perdieron de vista.

  11. Avanzaron ellas a derecho por el valle, hasta que le salió al encuentro una avanzada de los asirios

  12. Ellos la detuvieron y preguntaron: «¿Quién eres? ¿De dónde vienes? ¿A dónde vas?» Ella respondió: «Hija de hebreos soy y huyo de ellos, porque están a punto de ser devorados por vosotros.

  13. Vengo a presentarme ante Holofernes, jefe de vuestro ejército, para hablarle con sinceridad y mostrarle un camino por el que pueda pasar para adueñarse de toda la montaña, sin que perezca ninguno de sus hombres y sin que se pierda una sola vida».

  14. Oyéndola hablar aquellos hombres, y viendo la admirable hermosura de su rostro, le dijeron:

  15. «Has salvado tu vida con tu decisión de bajar a presentarte ante nuestro señor. Dirígete a su tienda, que algunos de los nuestros te acompañarán hasta ponerte en sus manos.

  16. Cuando estés en su presencia, no tengas miedo; anúnciale tus propósitos y él se portará bien contigo.»

  17. Y eligieron entre ellos cien hombres que le dieran escolta a ella y a su sierva y las llevaran hasta la tienda de Holofernes.

  18. Habiéndose corrido por todas las tiendas la noticia de su llegada, concurrió la gente del campamento, que hicieron corro en torno a ella, mientras esperaba, fuera de la tienda, que la anunciasen a Holofernes.

  19. Se quedaban admirados de su belleza y, por ella, admiraban a los israelitas, diciéndose unos a otros: «¿Quién puede menospreciar a un pueblo que tiene mujeres como ésta? ¡Sería un error dejar con vida a uno solo de ellos, porque los que quedaran, serían capaces de engañar a toda la tierra!»

  20. Salieron, pues, los de la escolta personal de Holofernes y todos sus servidores y la introdujeron en la tienda.

  21. Estaba Holofernes descansando en su lecho, bajo colgaduras de oro y púrpura recamadas de esmeraldas y piedras preciosas.

  22. Se la anunciaron y él salió hasta la entrada de la tienda, precedido de lámparas de plata.

  23. Cuando Judit llegó ante Holofernes y sus ministros, todos se maravillaron de la hermosura de su rostro. Cayó ella rostro en tierra y se postró ante él, pero los siervos la levantaron.

Judit 11

  1. Holofernes le dijo: «Ten confianza, mujer, no tengas miedo, porque yo ningún mal hago a quien se decide a servir a Nabucodonosor, rey de toda la tierra.

  2. Tampoco contra tu pueblo de la montaña habría alzado yo mi lanza, si ellos no me hubieran despreciado; pero ellos mismos lo han querido.

  3. Dime ahora por qué razón huyes de ellos y te pasas a nosotros. Desde luego, al venir aquí te has salvado. Ten confianza; vivirás esta noche y las restantes.

  4. Nadie te hará ningún mal; serás bien tratada, como se hace con los siervos de mi señor, el rey Nabucodonosor.»

  5. Respondió Judit: «Acoge las palabras de tu sierva, y que tu sierva pueda hablar en tu presencia. Ninguna falsedad diré esta noche a mi señor.

  6. Si te dignas seguir los consejos de tu sierva, Elohim actuará contigo hasta el fin y mi señor no fracasará en sus proyectos.

  7. ¡Viva Nabucodonosor, rey de toda la tierra y viva su poder que te ha enviado para poner en el recto camino a todo viviente!; porque gracias a ti no le sirven tan sólo los hombres, sino que, por medio de tu fuerza, hasta las fieras salvajes, los ganados y las aves del cielo viven para Nabucodonosor y para toda su casa.

  8. «Nosotros, en efecto, hemos oído hablar de tu sabiduría y de la prudencia de tu espíritu, y se dice por toda la tierra que tú eres el mejor en todo el reino, de profundos conocimientos y admirable como estratega.

  9. Por lo que se refiere al discurso que Ajior pronunció en tu Consejo, nosotros hemos oído sus mismas palabras, pues los hombres de Betulia le han salvado y él les refirió todo lo que te dijo.

  10. Acerca de esto, dueño y señor, no desestimes sus palabras; tenlas bien presentes, porque responden a la verdad. Pues muestra raza no recibe castigo ni la espada tiene poder sobre ellos, si no han pecado contra su Elohim.

  11. Pero precisamente para que mi señor no se vea rechazado y con las manos vacías, la muerte va a caer sobre sus cabezas. Han caído en un pecado con el que provocan la cólera de su Elohim cada vez que cometen tal desorden.

  12. En vista de que se les acaban los víveres y escasea el agua, han deliberado echar mano de sus ganados y están ya decididos a consumir todo aquello que su Elohim, por sus leyes, les ha prohibido comer.

  13. Han decidido, igualmente, consumir las primicias del trigo y el diezmo del vino y del aceite que habían reservado, porque están consagrados a los sacerdotes que están en la presencia de nuestro Elohim, en Jerusalén, y que ningún laico puede ni tan siquiera tocar con la mano.

  14. Han enviado mensajeros a Jerusalén (cuyos habitantes hacen estas mismas cosas) para recabar del Consejo de Ancianos los permisos.

  15. Y en cuanto les sea concedido y lo realicen, en ese mismo momento te serán entregados para su destrucción.

  16. Cuando yo, tu esclava, supe todo esto, huí de ellos. Mi Elohim me ha enviado para que yo haga contigo cosas de que se pasmará toda la tierra y todos cuantos las oigan.

  17. Porque tu esclava es piadosa y sirve noche y día al Elohim del Cielo. Ahora, mi señor, quisiera quedarme a tu lado. Tu sierva saldría por las noches hacia el barranco, para suplicar a mi Elohim y El me dirá cuándo han cometido su pecado.

  18. Yo vendré a comunicártelo y entonces tú saldrás con todo tu ejército y ninguno de ellos podrá resistirte.

  19. Yo te guiaré por medio de Judea hasta llegar a Jerusalén y haré que te asientes en medio de ella. Tú los llevarás como rebaño sin pastor, y ni un perro ladrará contra ti. He tenido el presentimiento de todo esto; me ha sido anunciado y he sido enviada para comunicártelo.»

  20. Agradaron estas palabras a Holofernes y a todos sus servidores, que estaban admirados de su sabiduría, y dijeron:

  21. «De un cabo al otro del mundo, no hay mujer como ésta, de tanta hermosura en el rostro y tanta sensatez en las palabras.»

  22. Holofernes le dijo: «Bien ha hecho Elohim en enviarte por delante de tu pueblo, para que esté en nuestras manos el poder, y en manos de los que han despreciado a mi señor, la ruina.

  23. Por lo demás, eres tan bella de aspecto como prudente en tus palabras. Si haces lo que has prometido, tu Elohim será mi Elohim, vivirás en el palacio del rey Nabucodonosor y serás famosa en toda la tierra.»

Juan 18

  1. Dicho esto, pasó Yeshúa con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entraron él y sus discípulos.

  2. Pero también Judas, el que le entregaba, conocía el sitio, porque Yeshúa se había reunido allí muchas veces con sus discípulos.

  3. Judas, pues, llega allí con la cohorte y los guardias enviados por los sumos sacerdotes y fariseos, con linternas, antorchas y armas.

  4. Yeshúa, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta y les pregunta: «¿A quién buscáis?»

  5. Le contestaron: «A Yeshúa el Nazareno.» Díceles: «Yo soy.» Judas, el que le entregaba, estaba también con ellos.

  6. Cuando les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron en tierra.

  7. Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscáis?» Le contestaron: «A Yeshúa el Nazareno».

  8. Respondió Yeshúa: «Ya os he dicho que yo soy; así que si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.»

  9. Así se cumpliría lo que había dicho: «De los que me has dado, no he perdido a ninguno.»

  10. Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le cortó la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco.

  11. Yeshúa dijo a Pedro: «Vuelve la espada a la vaina. La copa que me ha dado el Padre, ¿no la voy a beber?»

  12. Entonces la cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Yeshúa, le ataron

  13. y le llevaron primero a casa de Anás, pues era suero de Caifás, el Sumo Sacerdote de aquel año.

  14. Caifás era el que aconsejó a los judíos que convenía que muriera un solo hombre por el pueblo.

  15. Seguían a Yeshúa Simón Pedro y otro discípulo. Este discípulo era conocido del Sumo Sacerdote y entró con Yeshúa en el atrio del Sumo Sacerdote,

  16. Mientras tanto Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro discípulo, el conocido del Sumo Sacerdote, habló a la portera e hizo pasar a Pedro.

  17. La muchacha portera dice a Pedro: «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?» Dice él: «No lo soy.»

  18. Los siervos y los guardias tenían unas brasas encendidas porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos calentándose.

  19. El Sumo Sacerdote interrogó a Yeshúa sobre sus discípulos y su doctrina.

  20. Yeshúa le respondió: «He hablado abiertamente ante todo el mundo; he enseñado siempre en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he hablado nada a ocultas.

  21. ¿Por qué me preguntas? Pregunta a los que me han oído lo que les he hablado; ellos saben lo que he dicho.»

  22. Apenas dijo esto, uno de los guardias que allí estaba, dio una bofetada a Yeshúa, diciendo: «¿Así contestas al Sumo Sacerdote?»

  23. Yeshúa le respondió: «Si he hablado mal, declara lo que está mal; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?»

  24. Anás entonces le envió atado al Sumo Sacerdote Caifás.

  25. Estaba allí Simón Pedro calentándose y le dijeron: «¿No eres tú también de sus discípulos?» El lo negó diciendo: «No lo soy.»

  26. Uno de los siervos del Sumo Sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dice: «¿No te vi yo en el huerto con él?»

  27. Pedró volvió a negar, y al instante cantó un gallo.

  28. De la casa de Caifás llevan a Yeshúa al pretorio. Era de madrugada. Ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse y poder así comer la Pascua.

  29. Salió entonces Pilato fuera donde ellos y dijo: «¿Qué acusación traéis contra este hombre?»

  30. Ellos le respondieron: «Si éste no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado.»

  31. Pilato replicó: «Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra Ley.» Los judíos replicaron: «Nosotros no podemos dar muerte a nadie.»

  32. Así se cumpliría lo que había dicho Yeshúa cuando indicó de qué muerte iba a morir.

  33. Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Yeshúa y le dijo: «¿Eres tú el Rey de los judíos?»

  34. Respondió Yeshúa: «¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?»

  35. Pilato respondió: «¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?»

  36. Respondió Yeshúa: «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí.»

  37. Entonces Pilato le dijo: «¿Luego tú eres Rey?» Respondió Yeshúa: «Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para est he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.»

  38. Le dice Pilato: «¿Qué es la verdad?» Y, dicho esto, volvió a salir donde los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún delito en él.

  39. Pero es costumbre entre vosotros que os ponga en libertad a uno por la Pascua. ¿Queréis, pues, que os ponga en libertad al Rey de los judíos?»

  40. Ellos volvieron a gritar diciendo: «¡A ése, no; a Barrabás!» Barrabás era un salteador.

Juan 19

  1. Pilato entonces tomó a Yeshúa y mandó azotarle.

  2. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto de púrpura;

  3. Y acercándose a él le decían: «Salve, Rey de los judíos.» Y le daban bofetadas.

  4. Volvió a salir Pilato y les dijo: «Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en él.»

  5. Salió entonces Yeshúa fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Díceles Pilato: «Aquí tenéis al hombre.»

  6. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: «¡Crucifícalo, crucifícalo!» Les dice Pilato: «Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo ningún delito encuentro en él.»

  7. Los judíos le replicaron: «Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Elohim.»

  8. Cuando oyó Pilato estas palabras, se atemorizó aún más.

  9. Volvió a entrar en el pretorio y dijo a Yeshúa: «¿De dónde eres tú?» Pero Yeshúa no le dio respuesta.

  10. Dícele Pilato: «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?»

  11. Respondió Yeshúa: «No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba; por eso, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado.»

  12. Desde entonces Pilato trataba de librarle. Pero los judíos gritaron: «Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César.»

  13. Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Yeshúa y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gabbatá.

  14. Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Dice Pilato a los judíos: «Aquí tenéis a vuestro Rey.»

  15. Ellos gritaron: «¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!» Les dice Pilato: «¿A vuestro Rey voy a crucificar?» Replicaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que el César.»

  16. Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Yeshúa,

  17. y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota,

  18. y allí le crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado, y Yeshúa en medio.

  19. Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: «Yeshúa el Nazareno, el Rey de los judíos.»

  20. Esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido crucificado Yeshúa estaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo, latín y griego.

  21. Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas: “El Rey de los judíos”, sino: “Este ha dicho: Yo soy Rey de los judíos”.»

  22. Pilato respondió: «Lo que he escrito, lo he escrito.»

  23. Los soldados, después que crucificaron a Yeshúa, tomaron sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo.

  24. Por eso se dijeron: «No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca.» Para que se cumpliera la Escritura: Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica. Y esto es lo que hicieron los soldados.

  25. Junto a la cruz de Yeshúa estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena.

  26. Yeshúa, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»

  27. Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

  28. Después de esto, sabiendo Yeshúa que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: «Tengo sed.»

  29. Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca.

  30. Cuando tomó Yeshúa el vinagre, dijo: «Todo está cumplido.» E inclinando la cabeza entregó el espíritu.

  31. Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado — porque aquel sábado era muy solemne — rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran.

  32. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él.

  33. Pero al llegar a Yeshúa, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas,

  34. sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua.

  35. El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis.

  36. Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: No se le quebrará hueso alguno.

  37. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.

  38. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Yeshúa, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Yeshúa. Pilato se lo concedió. Fueron, pues, y retiraron su cuerpo.

  39. Fue también Nicodemo — aquel que anteriormente había ido a verle de noche — con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras.

  40. Tomaron el cuerpo de Yeshúa y lo envolvieron en vendas con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar.

  41. En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que nadie todavía había sido depositado.

  42. Allí, pues, porque era el día de la Preparación de los judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron a Yeshúa.

Tehilim 109

  1. Del maestro de coro. De David. Salmo. ¡Oh Elohim de mi alabanza, no te quedes mudo!

  2. Boca de impío, boca de engaño, se abren contra mí. Me hablan con lengua de mentira,

  3. Con palabras de odio me envuelven, me atacan sin razón.

  4. En pago de mi amor, se me acusa, y yo soy sólo oración;

  5. Se me devuelve mal por bien y odio por mi amor:

  6. «¡Suscita a un impío contra él, y que un fiscal esté a su diestra;

  7. Que en el juicio resulte culpable, y su oración sea tenida por pecado!

  8. «¡Sean pocos sus días, que otro ocupe su cargo;

  9. Queden sus hijos huérfanos y viuda su mujer!

  10. «¡Anden sus hijos errantes, mendigando, y sean expulsados de sus ruinas;

  11. El acreedor le atrape todo lo que tiene, y saqueen su fruto los extraños!

  12. «¡Ni uno solo tenga con él amor, nadie se compadezca de sus huérfanos,

  13. Sea dada al exterminio su posteridad, en una generación sea borrado su nombre!

  14. «¡Sea ante Yahweh recordada la culpa de sus padres, el pecado de su madre no se borre;

  15. Estén ante Yahweh constantemente, y él cercene de la tierra su memoria!»

  16. Porque él no se acordó de actuar con amor: persiguió al pobre, al desdichado, y al de abatido corazón para matarle;

  17. Amó la maldición: sobre él recaiga, no quiso bendición: que de él se aleje.

  18. Se vistió de maldición como de un manto: ¡que penetre en su seno como agua, igual que aceite dentro de sus huesos!

  19. ¡Séale cual vestido que le cubra, como cinto que la ciña siempre!

  20. ¡Tal sea de parte de Yahweh la paga de mis acusadores, de los que dicen mal contra mi alma!

  21. ¡Y tú, Señor Yahweh, actúa por mí en gracia de tu nombre, porque tu amor es bueno, líbrame!,

  22. Porque soy pobre y desdichado, y tengo dentro herido el corazón;

  23. Cual sombra que declina me voy yendo, me han sacudido igual que a la langosta.

  24. Por tanto ayuno se doblan mis rodillas, falta de aceite mi carne ha enflaquecido;

  25. Me he hecho el insulto de ellos, me ven y menean su cabeza.

  26. ¡Ayúdame, Yahweh, Elohim mío, sálvame por tu amor!

  27. ¡Sepan ellos que tu mano es ésta, que tú, Yahweh, lo has hecho!

  28. ¡Maldigan ellos, pero tú bendice, los que me atacan sean confundidos y tu siervo se alegre!

  29. ¡Los que me acusan queden vestidos de ignominia, como en un manto en su vergüenza envueltos!

  30. ¡Copiosas gracias a Yahweh en mi boca, entre la multitud le alabaré:

  31. porque él se pone a la diestra del pobre para salvar su alma de sus jueces!