Parashot 4 de enero 2025
Isaías 37-38, Juan 12-13 y Tehilim 86
Isaías 37
Cuando lo oyó el rey Ezequías desgarró sus vestidos, se cubrió de sayal y se fue a la Casa de Yahweh.
Envió a Elyaquim, mayordomo, a Sebná, secretario, y a los sacerdotes ancianos cubiertos de sayal donde el profeta Isaías, hijo de Amós.
Ellos le dijeron: «Así habla Ezequías: Este día es día de angustia, de castigo y de vergüenza. Los hijos están para salir del seno, pero no hay fuerza para dar a luz.
¿No habrá oído Yahweh tu Elohim las palabras del copero mayor al que ha enviado el rey de Asur, su señor, para insultar al Elohim vivo? ¿No castigará Yahweh tu Elohim las palabras que ha oído? Dirige una plegaria en favor del Resto que aún queda!»
Cuando los siervos del rey Ezequías llegaron donde Isaías,
éste les dijo: «Así diréis a vuestro señor: Esto dice Yahweh: No tengas miedo por las palabras que has oído, con las que me insultaron los criados del rey de Asur.
Voy a poner en él un espíritu, oirá una noticia y se volverá a su tierra, y en su tierra yo lo haré caer a espada.»
El copero mayor se volvió y encontró al rey de Asur atacando a Libná, pues había oído que había partido de Lakís,
porque había recibido esta noticia acerca de Tirhacá, rey de Kus: «Ha salido a guerrear contra ti.» Senaquerib volvió a enviar mensajeros para decir a Ezequías:
«Así hablaréis a Ezequías, rey de Judá: No te engañe tu Elohim en el que confías pensando: "No será entregada Jerusalén en manos del rey de Asur".
Bien has oído lo que los reyes de Asur han hecho a todos los países, entregándolos al anatema, ¡y tú te vas a librar!
¿Acaso los dioses de las naciones salvaron a aquellos que mis padres aniquilaron, a Gozán, a Jarán, a Résef, a los edenitas que estaban en Tel Basar?
¿Dónde está el rey de Jamat, el rey de Arpad, el rey de Laír, de Sefarváyim, de Hená y de Ivvá?»
Ezequías tomó la carta de manos de los mensajeros y la leyó. Luego subió a la Casa de Yahweh y Ezequías la desenrolló ante Yahweh.
Hizo Ezequías esta plegaria ante Yahweh:
«Yahweh Sebaot, Elohim de Israel, que estás sobre los Querubines, tú sólo eres Elohim en todos los reinos de la tierra, tú el que has hecho los cielos y la tierra.
«Tiende, Yahweh, tu oído y escucha; abre, Yahweh, tus ojos y mira. Oye las palabras con que Senaquerib ha enviado a insultar al Elohim vivo.
Es verdad, Yahweh, que los reyes de Asur han exterminado a todas las naciones y su territorio,
y han entregado sus dioses al fuego, porque ellos no son dioses, sino hechuras de mano de hombre, de madera y de piedra, y por eso han sido aniquilados.
Ahora, pues, Yahweh, Elohim nuestro, sálvanos de su mano, y sabrán todos los reinos de la tierra que sólo tú eres Elohim, Yahweh.»
Isaías, hijo de Amós, envió a decir a Ezequías: «Así dice Yahweh, Elohim de Israel, a quien has suplicado acerca de Senaquerib, rey de Asur.
Esta es la palabra que Yahweh pronuncia contra él: Ella te desprecia, ella te hace burla, la virgen hija de Sión. Mueve la cabeza a tus espaldas la hija de Jerusalén.
¿A quién has insultado y blasfemado? ¿Contra quién has alzado tu voz y levantas tus ojos altaneros? ¡Contra el Santo de Israel!
Por tus siervos insultas a Adonay y dices: "Con mis muchos carros subo a las cumbres de los montes, a las laderas del Líbano, derribo la altura de sus cedros, la flor de sus cipreses, alcanzo el postrer de sus refugios su jardín del bosque.
Yo he cavado y bebido en extranjeras aguas. Secaré bajo la planta de mis pies, todos los Nilos del Egipto."
¿Lo oyes bien? Desde antiguo lo tengo preparado; desde viejos días lo había planeado, ahora lo ejecuto. Tú has convertido en cúmulos de ruinas las fuertes ciudades.
Sus habitantes, de débiles manos, confusos y aterrados, son planta del campo, verdor de hierba, hierba de tejados, pasto quemado por el viento de Oriente.
Si te alzas o te sientas, si sales o entras, yo lo sé; (y que te alzas airado contra mí).
Pues que te alzas airado contra mí y tu arrogancia ha subido a mis oídos, voy a poner mi anillo en tus narices, mi brida en tu boca, y voy a devolverte por la ruta por la que has venido.
La señal será ésta: Este año se comerá lo que rebrote, lo que nazca de sí al año siguiente. Al año tercero sembrad y segad, plantad las viñas y comed su fruto.
El resto que se salve de la casa de Judá echará raíces por debajo y fruto en lo alto.
Pues saldrá un Resto de Jerusalén, y supervivientes del monte Sión; el celo de Yahweh Sebaot lo hará.
Por eso, así dice Yahweh del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, no lanzará flechas en ella, no le opondrá escudo, ni alzará en contra de ella empalizada.
Volverá por la ruta que ha traído. No entrará en esta ciudad, oráculo de Yahweh.
Yo protegeré a esta ciudad para salvarla, por quien soy y por mi siervo David.»
Aquella misma noche salió el Angel de Yahweh e hirió en el campamento asirio a ciento ochenta y cinco mil hombres; a la hora de despertarse, por la mañana, no había más que cadáveres.
Senaquerib, rey de Asiria, partió y, volviéndose, se quedó en Nínive.
Y sucedió que estando él postrado en el templo de su dios Nisrok, sus hijos Adrammélek y Saréser le mataron a espada y se pusieron a salvo en el país de Ararat. Su hijo Asarjaddón reinó en su lugar."
Isaías 38
"En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. El profeta Isaías, hijo de Amós, vino a decirle: «Así habla Yahweh: Haz testamento, porque muerto eres y no vivirás.»
Ezequías volvió su rostro a la pared y oró a Yahweh.
Dijo: «¡Ah, Yahweh! Dígnate recordar que yo he andado en tu presencia con fidelidad y corazón perfecto haciendo lo recto a tus ojos.» Y Ezequías lloró con abundantes lágrimas.
Entonces le fue dirigida a Isaías la palabra de Yahweh, diciendo:
«Vete y di a Ezequías: Así habla Yahweh, Elohim de tu padre David: He oído tu plegaria, he visto tus lágrimas y voy a curarte. Dentro de tres días subirás a la Casa de Yahweh. Añadiré quince años a tus días.
Te libraré a ti y a esta ciudad de la mano del rey de Asiria, y ampararé a esta ciudad.»
Isaías respondió: «Esta será para ti de parte de Yahweh, la señal de que Yahweh hará lo que ha dicho.
Mira, voy a hacer retroceder a la sombra diez gradas de las que ha descendido el sol por las gradas de Ajaz. Y desanduvo el sol diez gradas por las que había descendido.
Cántico de Ezequías, rey de Judá cuando estuvo enfermo y sanó de su mal:
Yo dije: A la mitad de mis días me voy; en las puertas del seol se me asigna un lugar para el resto de mis años.
Dije: No veré a Yahweh en la tierra de los vivos; no veré ya a ningún hombre de los que habitan el mundo.
Mi morada es arrancada, se me arrebata como tienda de pastor. Enrollo como tejedor mi vida, del hilo del tejido me cortaste. De la noche a la mañana acabas conmigo;
grité hasta la madrugada: Como león tritura todos mis huesos. De la noche a la mañana acabas conmigo.
Como grulla, como golondrina chirrío, zureo como paloma. Se consumen mis ojos de mirar hacia arriba. Yahweh, estoy oprimido, sal por mí.
¿Qué diré? ¿De qué le hablaré, cuando él mismo lo ha hecho? Caminaré todos mis años en la amargura de mi alma.
El Señor está con ellos, viven y todo lo que hay en ellos es vida de su espíritu. Tú me curarás, me darás la vida.
Entonces mi amargura se trocará en bienestar, pues tú preservaste mi alma de la fosa de la nada, porque te echaste a la espalda todos mis pecados.
Que el Seol no te alaba ni la Muerte te glorifica, ni los que bajan al pozo esperan en tu fidelidad.
El que vive, el que vive, ése te alaba, como yo ahora. El padre enseña a los hijos tu fidelidad.
Yahweh, sálvame, y mis canciones cantaremos todos los días de nuestra vida junto a la Casa de Yahweh.
Isaías dijo: «Traed una masa de higos, aplicadla sobre la úlcera y sanará.»
Ezequías dijo: «¿Cuál será la señal de que subiré a la Casa de Yahweh?»"
Juan 12
Seis días antes de la Pascua, Yeshúa se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Yeshúa había resucitado de entre los muertos.
Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.
Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Yeshúa y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume.
Dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar:
«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?»
Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella.
Yeshúa dijo: «Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura.
Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre tendréis.»
Gran número de judíos supieron que Yeshúa estaba allí y fueron, no sólo por Yeshúa, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos.
Los sumos sacerdotes decidieron dar muerte también a Lázaro,
porque a causa de él muchos judíos se les iban y creían en Yeshúa.
Al día siguiente, al enterarse la numerosa muchedumbre que había llegado para la fiesta, de que Yeshúa se dirigía a Jerusalén,
tomaron ramas de palmera y salieron a su encuentro gritando: «¡ Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, y el Rey de Israel!»
Yeshúa, habiendo encontrado un borriquillo, se montó en él, según está escrito:
No temas, hija de Sión; mira que viene tu Rey montado en un pollino de asna.
Esto no lo comprendieron sus discípulos de momento; pero cuando Yeshúa fue glorificado, cayeron en la cuenta de que esto estaba escrito sobre él, y que era lo que le habían hecho.
La gente que estaba con él cuando llamó a Lázaro de la tumba y le resucitó de entre los muertos, daba testimonio.
Por eso también salió la gente a su encuentro, porque habían oído que él había realizado aquella señal.
Entonces los fariseos se dijeron entre sí: «¿Veis cómo no adelantáis nada?, todo el mundo se ha ido tras él.»
Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta.
Estos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Yeshúa.»
Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Yeshúa.
Yeshúa les respondió: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre.
En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto.
El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna.
Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.
Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!
Padre, glorifica tu Nombre.» Vino entonces una voz del cielo: «Le he glorificado y de nuevo le glorificaré.»
La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel.»
Yeshúa respondió: «No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros.
Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera.
Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí.»
Decía esto para significar de qué muerte iba a morir.
La gente le respondió: «Nosotros sabemos por la Ley que el Cristo permanece para siempre. ¿Cómo dices tú que es preciso que el Hijo del hombre sea levantado? ¿Quién es ese Hijo del hombre?»
Yeshúa les dijo: «Todavía, por un poco de tiempo, está la luz entre vosotros. Caminad mientras tenéis la luz, para que no os sorprendan las tinieblas; el que camina en tinieblas, no sabe a dónde va.
Mientras tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz.» Dicho esto, se marchó Yeshúa y se ocultó de ellos.
Aunque había realizado tan grandes señales delante de ellos, no creían en él;
para que se cumpliera el oráculo pronunciado por el profeta Isaías: Señor, ¿quién dio crédito a nuestras palabras? Y el brazo del Señor, ¿a quién se le reveló?
No podían creer, porque también había dicho Isaías:
Ha cegado sus ojos, ha endurecido su corazón; para que no vean con los ojos, ni comprendan con su corazón, ni se conviertan, ni yo los sane.
Isaías dijo esto porque vio su gloria y habló de él.
Sin embargo, aun entre los magistrados, muchos creyeron en él; pero, por los fariseos, no lo confesaban, para no ser excluidos de la sinagoga,
porque prefirieron la gloria de los hombres a la gloria de Elohim.
Yeshúa gritó y dijo: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado;
y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado.
Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas.
Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo.
El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día;
porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar,
y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí.»"
Juan 13
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Yeshúa que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle,
sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Elohim y a Elohim volvía,
se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó.
Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.
Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?»
Yeshúa le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde.»
Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás.» Yeshúa le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo.»
Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza.»
Yeshúa le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis limpios todos.»
Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?
Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy.
Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.
Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros.
«En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía.
«Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís.
No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: El que come mi pan ha alzado contra mí su talón.
«Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy.
En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado.»
Cuando dijo estas palabras, Yeshúa se turbó en su interior y declaró: «En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará.»
Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba.
Uno de sus discípulos, el que Yeshúa amaba, estaba a la mesa al lado de Yeshúa.
Simón Pedro le hace una seña y le dice: «Pregúntale de quién está hablando.»
El, recostándose sobre el pecho de Yeshúa, le dice: «Señor, ¿quién es?»
Le responde Yeshúa: «Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar.» Y, mojando el bocado, le toma y se lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote.
Y entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Yeshúa le dice: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto.»
Pero ninguno de los comensales entendió por qué se lo decía.
Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaban que Yeshúa quería decirle: «Compra lo que nos hace falta para la fiesta», o que diera algo a los pobres.
En cuanto tomó Judas el bocado, salió. Era de noche.
Cuando salió, dice Yeshúa: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Elohim ha sido glorificado en él.
Si Elohim ha sido glorificado en él, Elohim también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto.»
«Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis, y, lo mismo que les dije a los judíos, que adonde yo voy, vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros.
Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros.
En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.»
Simón Pedro le dice: «Señor, ¿a dónde vas?» Yeshúa le respondió: «Adonde yo voy no puedes seguirme ahora; me seguirás más tarde.»
Pedro le dice: «¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti.»
Le responde Yeshúa: «¿Que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes que tú me hayas negado tres veces.»"
Tehilim 86
Tiende tu oído, Yahweh, respóndeme, que soy desventurado y pobre,
guarda mi alma, porque yo te amo, salva a tu siervo que confía en ti. Tú eres mi Elohim,
tenme piedad, Señor, pues a ti clamo todo el día;
recrea el alma de tu siervo, cuando hacia ti, Señor, levanto mi alma.
Pues tú eres, Señor, bueno, indulgente, rico en amor para todos los que te invocan;
Yahweh, presta oído a mi plegaria, atiende a la voz de mis súplicas.
En el día de mi angustia yo te invoco, pues tú me has de responder;
entre los dioses, ninguno como tú, Señor, ni obras como las tuyas.
Vendrán todas las naciones a postrarse ante ti, y a dar, Señor, gloria a tu nombre;
pues tú eres grande y obras maravillas, tú, Elohim, y sólo tú.
Enséñame tus caminos Yahweh, para que yo camine en tu verdad, concentra mi corazón en el temor de tu nombre.
Gracias te doy de todo corazón, Señor Elohim mío, daré gloria a tu nombre por siempre,
pues grande es tu amor para conmigo, tú has librado mi alma del fondo del seol.
Oh Elohim, los orgullosos se han alzado contra mí, una turba de violentos anda buscando mi alma, y no te tienen a ti delante de sus ojos.
Mas tú, Señor, Elohim clemente y compasivo, tardo a la cólera, lleno de amor y de verdad,
¡vuélvete a mí, tenme compasión! Da tu fuerza a tu siervo, salva al hijo de tu sierva.
Haz conmigo un signo de bondad: Que los que me odian vean, avergonzados, que tú, Yahweh, me ayudas y consuelas."

