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Parashot 5 de noviembre 2022

Parashot 5 de noviembre 2022

I Macabeos 6–7, Hechos 25–26 y Tehilim 123

I Macabeos 6

  1. El rey Antíoco, en su recorrido por la región alta, tuvo noticia de que había una ciudad en Persia, llamada Elimaida, famosa por sus riquezas, su plata y su oro.

  2. Tenía un templo rico en extremo, donde se guardaban armaduras de oro, corazas y armas dejadas allí por Alejandro, hijo de Filipo, rey de Macedonia, que fue el primer rey de los griegos.

  3. Allá se fue con intención de tomar la ciudad y entrar a saco en ella. Pero no lo consiguió, porque los habitantes de la ciudad, al conocer sus propósitos,

  4. le ofrecieron resistencia armada, y tuvo que salir huyendo y marcharse de allí con gran tristeza para volverse a Babilonia.

  5. Todavía se hallaba en Persia, cuando llegó un mensajero anunciándole la derrota de las tropas enviadas a la tierra de Judá.

  6. Lisias, en primer lugar, había ido al frente de un poderoso ejército, pero había tenido que huir ante los judíos. Estos se habían crecido con las tropas y los muchos despojos tomados a los ejércitos vencidos.

  7. Habían destruido la Abominación levantada por él sobre el altar de Jerusalén. Habían rodeado de altas murallas como antes el santuario, así como a Bet Sur, ciudad del rey.

  8. Ante tales noticias, quedó el rey consternado, presa de intensa agitación, y cayó en cama enfermo de pesadumbre por no haberle salido las cosas como él quisiera.

  9. Muchos días permaneció allí, renovándosele sin cesar la profunda tristeza, hasta que sintió que se iba a morir.

  10. Hizo venir entonces a todos sus amigos y les dijo: «Huye el sueño de mis ojos y mi corazón desfallece de ansiedad.

  11. Me decía a mí mismo: ¿Por qué he llegado a este extremo de aflicción y me encuentro en tan gran tribulación, siendo así que he sido bueno y amado en mi gobierno?

  12. Pero ahora caigo en cuenta de los males que hice en Jerusalén, cuando me llevé los objetos de plata y oro que en ella había y envié gente para exterminar sin motivo a los habitantes de Judá.

  13. Reconozco que por esta causa me han sobrevenido los males presentes y muero de inmensa pesadumbre en tierra extraña.»

  14. Llamó luego a Filipo, uno de sus amigos, y le puso al frente de todo su reino.

  15. Le dio su diadema, sus vestidos y su anillo, encargándole que educara a su hijo Antíoco y le preparara para que fuese rey.

  16. Allí murió el rey Antíoco el año 149.

  17. Lisias, al saber la muerte del rey, puso en el trono a su hijo Antíoco, al que había educado desde niño, y le dio el sobrenombre de Eupátor.

  18. La guarnición de la Ciudadela tenía sitiado a Israel en el recinto del Lugar Santo; buscaba siempre ocasión de causarle mal y de ofrecer apoyo a los gentiles.

  19. Resuelto Judas a exterminarlos, convocó a todo el pueblo para sitiarles.

  20. El año 150, una vez reunidos, dieron comienzo al sitio de la Ciudadela y construyeron plataformas de tiro e ingenios de guerra.

  21. Pero algunos de los sitiados lograron romper el cerco y juntándoseles otros de entre los impíos de Israel,

  22. acudieron al rey para decirle: «¿Hasta cuándo vas a estar sin hacer justicia y sin vengar a nuestros hermanos?

  23. Nosotros aceptamos de buen grado servir a tu padre, seguir sus órdenes y obedecer sus edictos.

  24. Esta es la causa por la que nuestros conciudadanos se nos muestran hostiles. Han matado a cuantos de nosotros han caído en sus manos y nos han arrebatado nuestras haciendas.

  25. Pero no sólo han alzado su mano sobre nosotros, sino también sobre todos tus territorios.

  26. He aquí que hoy tienen puesto cerco a la Ciudadela de Jerusalén con intención de tomarla y han fortificado el santuario y Bet Sur.

  27. Si no te apresuras a atajarles, se atreverán a más, y ya te será imposible contenerles.»

  28. Al oírlo el rey, montó en cólera y convocó a todos sus amigos, capitanes del ejército y comandantes de la caballería.

  29. Le llegaron tropas mercenarias de otros reinos y de la islas del mar.

  30. El número de sus fuerzas era de 10.000 infantes, 20.000 jinetes y 32 elefantes adiestrados para la guerra.

  31. Viniendo por Idumea, pusieron cerco a Bet Sur y la atacaron durante mucho tiempo, valiéndose de ingenios de guerra. Pero los sitiados, en salidas que hacían, se los quemaban y peleaban valerosamente.

  32. Entonces Judas partió de la Ciudadela y acampó en Bet Zacaría, frente al campamento real.

  33. El rey se levantó de madrugada y puso en marcha el ejército con todo su ímpetu por el camino de Bet Zacaría. Los ejércitos se dispusieron para entrar en batalla y se tocaron las trompetas.

  34. A los elefantes les habían mostrado zumo de uvas y moras para prepararlos al combate.

  35. Las bestias estaban repartidas entre las falanges. Mil hombres, con cota de malla y casco de bronce en la cabeza, se alineaban al lado de cada elefante. Además, con cada bestia iban quinientos jinetes escogidos,

  36. que estaban donde el animal estuviese y le acompañaban adonde fuese, sin apartarse de él.

  37. Cada elefante llevaba sobre sí, sujeta con cinchas, una torre fuerte de madera como defensa y tres guerreros que combatían desde ella, además del conductor.

  38. Al resto de la caballería el rey lo colocó a un lado y otro, en los flancos del ejército, con la misión de hostigar al enemigo y proteger las falanges.

  39. Cuando el sol dio sobre los escudos de oro y bronce, resplandecieron los montes a su fulgor y brillaron como antorchas encendidas.

  40. Una parte del ejército real se desplegó por las alturas de los montes, mientras algunos lo hicieron por el llano; y avanzaban con seguridad y buen orden.

  41. Se estremecían todos los que oían el griterío de aquella muchedumbre y el estruendo que levantaba al marchar y entrechocar las armas; era, en efecto, un ejército muy grande y fuerte.

  42. Judas y su ejército se adelantaron para entrar en batalla, y sucumbieron seiscientos hombres del ejército real.

  43. Eleazar, llamado Avarán, viendo una de las bestias que iba protegida de una coraza real y que aventajaba en corpulencia a todas las demás, creyó que el rey iba en ella,

  44. y se entregó por salvar a su pueblo y conseguir un nombre inmortal.

  45. Corrió audazmente hasta la bestia, metiéndose entre la falange, matando a derecha e izquierda y haciendo que los enemigos se apartaran de él a un lado y a otro;

  46. se deslizó debajo del elefante e hiriéndole por debajo, lo mató. Cayó a tierra el animal sobre él y allí murió Eleazar.

  47. Los judíos, al fin, viendo la potencia del reino y la impetuosidad de sus tropas, cedieron ante ellas.

  48. El ejército real subió a Jerusalén, al encuentro de los judíos, y el rey acampó contra Judea y contra el monte Sión.

  49. Hizo la paz con los de Bet Sur, que salieron de la ciudad al no tener allí víveres para sostener el sitio por ser año sabático para la tierra.

  50. El rey ocupó Bet Sur y dejó allí una guarnición para su defensa.

51 Muchos días estuvo sitiando el santuario. Levantó allí plataformas de tiro e ingenios de guerra, lanzallamas, catapultas, escorpiones de lanzar flechas y hondas.

52 Por su parte, los sitiados construyeron ingenios contra los ingenios de los otros y combatieron durante muchos días.

53 Pero no había víveres en los almacenes, porque aquel era año séptimo, y además los israelitas liberados de los gentiles y traídos a Judea habían consumido las últimas reservas.

54 Víctimas, pues, del hambre, dejaron unos pocos hombres en el Lugar Santo y los demás se dispersaron cada uno a su casa.

55 Se enteró Lisias de que Filipo, aquel a quien el rey Antíoco había confiado antes de morir la educación de su hijo Antíoco para el trono,

56 había vuelto de Persia y Media y con él las tropas que acompañaron al rey, y que trataba de hacerse con la dirección del gobierno.

57 Entonces se apresuró a señalar la conveniencia de volverse, diciendo al rey, a los capitanes del ejército y a la tropa: «De día en día venimos a menos; las provisiones faltan; la plaza que asediamos está bien fortificada y los negocios del reino nos urgen.

58 Demos, pues, la mano a estos hombres, hagamos la paz con ellos y con toda su nación

59 y permitámosles vivir según sus costumbres tradicionales, pues irritados por habérselas abolido nosotros, se han portado de esta manera.»

60 El rey y los capitanes aprobaron la idea y el rey envió a proponer la paz a los sitiados. Estos la aceptaron

61 y el rey y los capitanes se la juraron. Con esta garantía salieron de la fortaleza

62 y el rey entró en el monte Sión. Pero al ver la fortaleza de aquel lugar, violó el juramento que había hecho y ordenó destruir la muralla que lo rodeaba.

63 Luego, a toda prisa, partió y volvió a Antioquía, donde encontró a Filipo dueño de la ciudad. Le atacó y se apoderó de la ciudad por la fuerza.

I Macabeos 7

  1. El año 151, Demetrio, hijo de Seleuco, salió de Roma y, con unos pocos hombres, arribó a una ciudad marítima donde se proclamó rey.

  2. Cuando se disponía a entrar en la residencia real de sus padres, el ejército apresó a Antíoco y a Lisias para llevarlos a su presencia.

  3. Al saberlo, dijo: «No quiero ver sus caras.»

  4. El ejército los mató y Demetrio se sentó en su trono real.

  5. Entonces todos los hombres sin ley e impíos de Israel acudieron a él, con Alcimo al frente, que pretendía el sumo sacerdocio.

  6. Ya en su presencia, acusaron al pueblo diciendo: «Judas y sus hermanos han hecho perecer a todos tus amigos y a nosotros nos han expulsado de nuestro país.

  7. Envía, pues, ahora una persona de tu confianza, que vaya y vea los estragos que en nosotros y en la provincia del rey han causado, y los castigue a ellos y a todos los que les apoyan.»

  8. El rey eligió a Báquides, uno de los amigos del rey, gobernador de Transeufratina, grande en el reino y fiel al rey.

  9. Le envió con el impío Alcimo, a quien concedió el sacerdocio, a tomar venganza de los israelitas.

  10. Partieron con un ejército numeroso y en llegando a la tierra de Judá, enviaron mensajeros a Judas y sus hermanos con falsas proposiciones de paz.

  11. Pero éstos no hicieron caso de sus palabras, porque vieron que habían venido con un ejército numeroso.

  12. No obstante, un grupo de escribas se reunió con Alcimo y Báquides, tratando de encontrar una solución justa.

  13. Los asideos eran los primeros entre los israelitas en pedirles la paz,

  14. pues decían: «Un sacerdote del linaje de Aarón ha venido con el ejército: no nos hará ningún mal.»

  15. Habló con ellos amistosamente y les aseguró bajo juramento: «No intentaremos haceros mal ni a vosotros ni a vuestros amigos.»

  16. Le creyeron, pero él prendió a sesenta de ellos y les hizo morir en un mismo día, según la palabra que estaba escrita:

  17. «Esparcieron la carne y la sangre de tus santos en torno a Jerusalén y no hubo quien les diese sepultura.»

  18. Con esto, el miedo hacia ellos y el espanto se apoderó del pueblo, que decía: «No hay en ellos verdad ni justicia, pues han violado el pacto y el juramento que habían jurado.»

  19. Báquides partió de Jerusalén y acampó en Bet Zet. De allí mandó a prender a muchos que habían desertado donde él y a algunos del pueblo, los mató y los arrojó en el pozo grande.

  20. Luego puso la provincia en manos de Alcimo, dejó con él tropas que le sostuvieran y se marchó adonde el rey.

  21. Alcimo luchó por el sumo sacerdocio.

  22. Se le unieron todos los perturbadores del pueblo, se hicieron dueños de la tierra de Judá y causaron graves males a Israel.

  23. Viendo Judas todo el daño que Alcimo y los suyos hacían a los hijos de Israel, mayor que el que habían causado los gentiles,

  24. salió a recorrer todo el territorio de Judea para tomar venganza de los desertores y no dejarles andar por la región.

  25. Al ver Alcimo que Judas y los suyos cobraban fuerza y que él no podía resistirles, se volvió donde el rey y les acusó de graves delitos.

  26. El rey envió a Nicanor, uno de sus generales más distinguidos y enemigo declarado de Israel, y le mandó exterminar al pueblo.

  27. Nicanor llegó a Jerusalén con un ejército numeroso y envió a Judas y sus hermanos un insidioso mensaje de paz diciéndoles:

  28. «No haya lucha entre vosotros y yo; iré a veros amistosamente con una pequeña escolta.»

  29. Fue pues, donde Judas y ambos se saludaron amistosamente, pero los enemigos estaban preparados para raptar a Judas.

  30. Al conocer que había venido a él con engaños, se atemorizó Judas y no quiso verle más.

  31. Viendo descubiertos sus planes, Nicanor salió a enfrentarse con Judas cerca de Cafarsalamá.

  32. Cayeron unos quinientos hombres del ejército de Nicanor y los demás huyeron a la Ciudad de David.

  33. Después de estos sucesos, subió Nicanor al monte Sión. Salieron del Lugar Santo sacerdotes y ancianos del pueblo para saludarle amistosamente y mostrarle el holocausto que se ofrecía por el rey.

  34. Pero él se burló de ellos, les escarneció, les mancilló y habló insolentemente.

  35. Colérico, les dijo con juramento: «Si esta vez no se me entrega Judas y su ejército en mis manos, cuando vuelva, hecha la paz, prenderé fuego a esta Casa.» Y salió lleno de furor.

  36. Entraron los sacerdotes y, de pie ante el altar y el santuario, exclamaron llorando:

  37. «Tú has elegido esta Casa para que en ella fuese invocado tu nombre y fuese casa de oración y súplica para tu pueblo;

  38. toma vengaza de este hombre y de su ejército y caigan bajo la espada. Acuérdate, de sus blasfemias y no les des tregua.»

  39. Nicanor partió de Jerusalén y acampó en Bet Jorón, donde se le unió un contingente de Siria.

  40. Judas acampó en Adasá con 3.000 hombres y oró diciendo:

  41. «Cuando los enviados del rey blasfemaron, salió tu ángel y mató a 185.000 de ellos;

  42. destruye también hoy este ejército ante nosotros y reconozcan los que queden que su jefe profirió palabras impías contra tu Lugar Santo; júzgale según su maldad.»

  43. El día trece del mes de Adar trabaron batalla los ejércitos y salió derrotado el de Nicanor. Nicanor cayó el primero en el combate,

  44. y su ejército, al verle caído, arrojó las armas y se dio a la fuga.

  45. Les estuvieron persiguiendo un día entero, desde Adasá hasta llegar a Gázara, dando aviso tras ellos con el sonido de las trompetas.

  46. Salió gente de todos los pueblos judíos del contorno y, envolviéndoles, les obligaron a volverse los unos sobre los otros. Todos cayeron a espada; no quedó ni uno de ellos.

  47. Tomaron los despojos y el botín; cortaron la cabeza de Nicanor y su mano derecha, aquella que había extendido insolentemente, y las llevaron para exponerlas a la vista de Jerusalén.

  48. El pueblo se llenó de gran alegría; celebraron aquel día como un gran día de regocijo

  49. y acordaron conmemorarlo cada año el trece de Adar.

  50. El país de Judá gozó de sosiego por algún tiempo.

Hechos 25

  1. Tres días después de haber llegado a la provincia, subió Festo de Cesarea a Jerusalén.

  2. Los sumos sacerdotes y los principales de los judíos le presentaron acusación contra Pablo e insistentemente

  3. le pedían una gracia contra él, que le hiciera trasladar a Jerusalén, mientras preparaban una celada para matarle en el camino.

  4. Pero Festo les contestó que Pablo debía estar custodiado en Cesarea, y que él mismo estaba para marchar allá inmediatamente.

  5. «Que bajen conmigo, les dijo, los que entre vosotros tienen autoridad y si este hombre es culpable en algo, formulen acusación contra él.»

  6. Después de pasar entre ellos no más de ocho o diez días, bajó a Cesarea y al día siguiente se sentó en el tribunal y mandó traer a Pablo.

  7. Así que éste se presentó le rodearon los judíos que habían bajado de Jerusalén, presentando contra él muchas y graves acusaciones, que no podían probar.

  8. Pablo se defendía diciendo: «Yo no he cometido falta alguna ni contra la Ley de los judíos ni contra el Templo ni contra el César.»

  9. Pero Festo, queriendo congraciarse con los judíos, preguntó a Pablo: «¿Quieres subir a Jerusalén y ser allí juzgado de estas cosas en mi presencia?»

  10. Pablo contestó: «Estoy ante el tribunal del César, que es donde debo ser juzgado. A los judíos no les he hecho ningún mal, como tú muy bien sabes.

  11. Si, pues, soy reo de algún delito o he cometido algún crimen que merezca la muerte, no rehúso morir; pero si en eso de que éstos me acusan no hay ningún fundamento, nadie puede entregarme a ellos; apelo al César.»

  12. Entonces Festo deliberó con el Consejo y respondió: «Has apelado al César, al César irás.»

  13. Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice vinieron a Cesarea y fueron a saludar a Festo.

  14. Como pasaran allí bastantes días, Festo expuso al rey el caso de Pablo: «Hay aquí un hombre, le dijo, que Félix dejó prisionero.

  15. Estando yo en Jerusalén presentaron contra él acusación los sumos sacerdotes y los ancianos de los judíos, pidiendo contra él sentencia condenatoria.

  16. Yo les respondí que no es costumbre de los romanos entregar a un hombre antes de que el acusado tenga ante sí a los acusadores y se le dé la posibilidad de defenderse de la acusación.

  17. Ellos vinieron aquí juntamente conmigo, y sin dilación me senté al día siguiente en el tribunal y mandé traer al hombre.

  18. Los acusadores comparecieron ante él, pero no presentaron ninguna acusación de los crímenes que yo sospechaba;

  19. solamente tenían contra él unas discusiones sobre su propia religión y sobre un tal Yeshúa, ya muerto, de quien Pablo afirma que vive.

  20. Yo estaba perplejo sobre estas cuestiones y le propuse si quería ir a Jerusalén y ser allí juzgado de estas cosas.

  21. Pero como Pablo interpuso apelación de que su caso se reservase a la decisión del Augusto, mandé que se le custodiara hasta remitirle al César.»

  22. Agripa dijo a Festo: «Querría yo también oír a ese hombre.» — «Mañana, dijo, le oirás.»

  23. Al día siguiente vinieron Agripa y Berenice con gran ostentación y entraron en la sala de audiencia, junto con los tribunos y los personajes de más categoría de la ciudad. A una orden de Festo, trajeron a Pablo.

  24. Festo dijo: «Rey Agripa y todos los aquí presentes; aquí veis a este hombre, contra quien toda la multitud de los judíos vinieron donde mí tanto en Jerusalén como aquí, gritando que no debía vivir ya más.

  25. Yo comprendí que no había hecho nada digno de muerte; pero como él ha apelado al Augusto, he decidido enviarle.

  26. No sé en concreto qué escribir al Señor sobre él; por eso le he presentado ante vosotros, y sobre todo ante ti, rey Agripa, para saber, después del interrogatorio, lo que he de escribir.

  27. Pues me parece absurdo enviar un preso sin indicar las acusaciones formuladas contra él.»

Hechos 26

  1. Agripa dijo a Pablo: «Se te permite hablar en tu favor.» Entonces Pablo extendió su mano y empezó su defensa:

  2. «Me considero feliz, rey Agripa, al tener que defenderme hoy ante ti de todas las cosas de que me acusan los judíos,

  3. principalmente porque tú conoces todas las costumbres y cuestiones de los judíos. Por eso te pido que me escuches pacientemente.

  4. «Todos los judíos conocen mi vida desde mi juventud, desde cuando estuve en el seno de mi nación, en Jerusalén.

  5. Ellos me conocen de mucho tiempo atrás y si quieren pueden testificar que yo he vivido como fariseo conforme a la secta más estricta de nuestra religión.

  6. Y si ahora estoy aquí procesado es por la esperanza que tengo en la Promesa hecha por Adonay a nuestros padres,

  7. cuyo cumplimiento están esperando nuestras doce tribus en el culto que asiduamente, noche y día, rinden a Yahweh. Por esta esperanza, oh rey, soy acusado por los judíos.

  8. ¿Por qué tenéis vosotros por increíble que Yahweh resucite a los muertos?

  9. «Yo, pues, me había creído obligado a combatir con todos los medios el nombre de Yeshúa, el Nazoreo.

  10. Así lo hice en Jerusalén y, con poderes recibidos de los sumos sacerdotes, yo mismo encerré a muchos santos en las cárceles; y cuando se les condenaba a muerte, yo contribuía con mi voto.

  11. Frecuentemente recorría todas las sinagogas y a fuerza de castigos les obligaba a blasfemar y, rebosando furor contra ellos, los perseguía hasta en las ciudades extranjeras.

  12. «En este empeño iba hacia Damasco con plenos poderes y comisión de los sumos sacerdotes;

  13. y al medio día, yendo de camino vi, oh rey, una luz venida del cielo, más resplandeciente que el sol, que me envolvió a mí y a mis compañeros en su resplandor.

  14. Caímos todos a tierra y yo oí una voz que me decía en lengua hebrea: “Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues? Te es duro dar coces contra el aguijón.”

  15. Yo respondí: “¿Quién eres, Señor?” Y me dijo el Señor: “Yo soy Yeshúa a quien tú persigues.

  16. Pero levántate, y ponte en pie; pues me he aparecido a ti para constituirte servidor y testigo tanto de las cosas que de mí has visto como de las que te manifestaré.

  17. Yo te libraré de tu pueblo y de los gentiles, a los cuales yo te envío,

  18. para que les abras los ojos; para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Yahweh; y para que reciban el perdón de los pecados y una parte en la herencia entre los santificados, mediante la fe en mí.”

  19. «Así pues, rey Agripa, no fui desobediente a la visión celestial,

  20. sino que primero a los habitantes de Damasco, después a los de Jerusalén y por todo el país de Judea y también a los gentiles he predicado que se convirtieran y que se volvieran a Yahweh haciendo obras dignas de conversión.

  21. Por esto los judíos, habiéndome prendido en el Templo, intentaban darme muerte.

  22. Con el auxilio de Adonay hasta el presente me he mantenido firme dando testimonio a pequeños y grandes sin decir cosa que esté fuera de lo que los profetas y el mismo Moisés dijeron que había de suceder:

  23. que Yeshúa había de padecer y que, después de resucitar el primero de entre los muertos, anunciaría la luz al pueblo y a los gentiles.»

  24. Mientras estaba él diciendo esto en su defensa, Festo le interrumpió gritándole: «Estás loco, Pablo; las muchas letras te hacen perder la cabeza.»

  25. Pablo contestó: «No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo cosas verdaderas y sensatas.

  26. Bien enterado está de estas cosas el rey, ante quien hablo con confianza; no creo que se le oculte nada, pues no han pasado en un rincón.

  27. ¿Crees, rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees.»

  28. Agripa contestó a Pablo: «Por poco, con tus argumentos, haces de mí un cristiano.»

  29. Y Pablo replicó: «Quiera Yahweh que por poco o por mucho, no solamente tú, sino todos los que me escuchan hoy, llegaran a ser tales como yo soy, a excepción de estas cadenas.»

  30. El rey, el procurador, Berenice y los que con ellos estaban sentados se levantaron,

  31. y mientras se retiraban iban diciéndose unos a otros: «Este hombre no ha hecho nada digno de muerte o de prisión.»

  32. Agripa dijo a Festo: «Podía ser puesto en libertad este hombre si no hubiera apelado al César.»

Tehilim 123

  1. Canción de las subidas. A ti levanto mis ojos, tú que habitas en el cielo;

  2. míralos, como los ojos de los siervos en la mano de sus amos. Como los ojos de la sierva en la mano de su señora, así nuestros ojos en Yahweh nuestro Adonay, hasta que se apiade de nosotros.

  3. ¡Ten piedad de nosotros, Yahweh, ten piedad de nosotros, que estamos saturados de desprecio!

  4. ¡Nuestra alma está por demás saturada del sarcasmo de los satisfechos, (¡El desprecio es para los soberbios!)