Parashot 6 de julio 2024
Eclesiástico 36-37, Mateo 28, Marcos 1 y Tehilim 60
Eclesiástico 36
Ten piedad de nosotros, Elohim, dueño de todas las cosas, mira y siembra tu temor sobre todas las naciones.
Alza tu mano contra las naciones extranjeras, para que reconozcan tu señorío.
Como ante ellas te has mostrado santo con nosotros, así ante nosotros muéstrate grande con ellas.
Que te reconozcan, como nosotros hemos reconocido que no hay Elohim fuera de ti, Adon.
Renueva las señales, repite tus maravillas, glorifica tu mano y tu brazo derecho.
Despierta tu furor y derrama tu ira, extermina al adversario, aniquila al enemigo.
Acelera la hora, recuerda el juramento, y que se publiquen tus grandezas.
Que el fuego de la ira devore al que se escape, y los que hacen daño a tu pueblo hallen la perdición.
Aplasta la cabeza de los jefes enemigos, que dicen: «Nadie más que nosotros.»
Congrega todas las tribus de Jacob, dales su heredad como al principio.
Ten piedad, Adon, del pueblo llamado con tu nombre, de Israel, a quien igualaste con el primogénito.
Ten compasión de tu santa ciudad, de Jerusalén, lugar de tu reposo.
Llena a Sión de tu alabanza, y de tu gloria tu santuario.
Da testimonio a tus primeras criaturas, mantén las profecías dichas en tu nombre.
Da su recompensa a los que te aguardan, y que tus profetas queden acreditados.
Escucha, Adon, la súplica de tus siervos, según la bendición de Aarón sobre tu pueblo.
Y todos los de la tierra reconozcan que tú eres el Adon, el Elohim eterno.
Todo alimento traga el vientre, pero unos alimentos son mejores que otros.
El paladar distingue por el gusto la carne de caza, así el corazón inteligente las palabras mentirosas.
El corazón perverso da tristeza, pero el hombre de experiencia le da su merecido.
A cualquier marido acepta la mujer, pero unas hijas son mejores que otras.
La belleza de la mujer recrea la mirada, y el hombre la desea más que ninguna cosa.
Si en su lengua hay ternura y mansedumbre, su marido ya no es como los demás hombres.
El que adquiere una mujer, adquiere el comienzo de la fortuna, una ayuda semejante a él y columna de apoyo.
Donde no hay valla, la propiedad es saqueada, donde no hay mujer, gime un hombre a la deriva.
¿Quién se fiará del ladrón ágil que salta de ciudad en ciudad?
Así tampoco del hombre que no tiene nido y que se alberga donde la noche le sorprende.
Eclesiástico 37
Todo amigo dice: «También yo soy tu amigo», pero hay amigo que lo es sólo de nombre.
¿No es para uno una mortal tristeza un compañero o amigo trocado en enemigo?
¡Oh intención perversa! ¿de dónde saliste para cubrir la tierra de engaño?
El compañero disfruta en el contento del amigo, pero al tiempo de tribulación se volverá contra él.
El compañero compadece al amigo por interés, y cuando llega el combate embraza el escudo.
No te olvides de tu amigo en tu alma, ni pierdas su recuerdo cuando seas rico.
Todo consejero da consejos, pero hay quien aconseja en su interés.
Del consejero guarda tu alma, conoce primero qué necesita - porque en su propio interés dará consejo -, no sea que eche sobre ti la suerte,
y te diga: «Bueno es tu camino», quedándose enfrente para ver qué te sucede.
No te aconsejes del que te mira con desprecio, y de los que te envidian oculta tu consejo;
ni te aconsejes con mujer sobre su rival, con cobarde acerca la guerra, con negociante respecto del comercio, con comprador sobre la venta, con envidioso sobre la gratitud, con despiadado sobre la generosidad, con perezoso sobre cualquier trabajo, con temporero sobre el término de una obra, con siervo ocioso sobre un trabajo grande: no cuentes con éstos para ningún consejo.
Sino recurre siempre a un hombre piadoso, de quien sabes bien que guarda los mandamientos, cuya alma es según tu alma, y que, si caes, sufrirá contigo.
Y mantén firme el consejo de tu corazón, que nadie es para ti más fiel que él.
Pues el alma del hombre puede a veces advertir más que siete vigías sentados en lo alto para vigilar.
Y por encima de todo esto suplica al Altísimo, para que enderece tu camino en la verdad.
Principio de toda obra es la palabra, y antes de toda acción está el consejo.
Raíz de los pensamientos es el corazón, de él salen cuatro ramas:
bien y mal, vida y muerte, mas la que siempre los domina es la lengua.
Hay hombre diestro que adoctrina a muchos, y para sí mismo es un inútil.
Hay quien se hace el sabio en palabras y es aborrecido, y que acabará sin tener qué comer.
Pues no se le dio la gracia que viene del Adom, porque estaba vacío de toda sabiduría.
Hay quien para sí mismo es sabio, y los frutos de su inteligencia son, según él, dignos de fe.
El varón sabio enseña a su pueblo, y los frutos de su inteligencia son dignos de fe.
El varón sabio es colmado de bendiciones, y le llaman feliz todos los que le ven.
La vida del hombre tiene días contados, mas los días de Israel no tienen número.
El sabio en su pueblo se gana la confianza, y su nombre vivirá por los siglos.
Hijo, en tu vida prueba tu alma, ve lo que es malo para ella y no se los des.
Pues no a todos les conviene todo, y no a todo el mundo le gusta lo mismo.
No seas insaciable de todo placer, y no te abalances sobre la comida,
porque en el exceso de alimento hay enfermedad, y la intemperancia acaba en cólicos.
Por intemperancia han muerto muchos, pero el que se vigila prolongará su vida.
Mateo 28
Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro.
De pronto se produjo un gran terremoto, pues el Angel del Adom bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella.
Su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve.
Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos.
El Angel se dirigió a las mujeres y les dijo: «Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a Yeshua, el Crucificado;
no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho. Venid, ved el lugar donde estaba.
Y ahora id enseguida a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis." Ya os lo he dicho.»
Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos.
En esto, Yeshua les salió al encuentro y les dijo: «¡Elohim os guarde!» Y ellas, acercándose, se asieron de sus pies y le adoraron.
Entonces les dice Yeshúa: «No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»
Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos sacerdotes todo lo que había pasado.
Estos, reunidos con los ancianos, celebraron consejo y dieron una buena suma de dinero a los soldados,
advirtiéndoles: «Decid: "Sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras nosotros dormíamos."
Y si la cosa llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos complicaciones.»
Ellos tomaron el dinero y procedieron según las instrucciones recibidas. Y se corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de hoy.
Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Yeshua les había indicado.
Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron.
Yeshúa se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.
Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.»
Marcos 1
Comienzo del Evangelio de Yeshúa Hijo de Elohim.
Conforme está escrito en Isaías el profeta: Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino.
Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Adom, enderezad sus sendas,
apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados.
Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.
Juan llevaba un vestido de pie de camello; y se alimentaba de langostas y miel silvestre.
Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias.
Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»
Y sucedió que por aquellos días vino Yeshúa desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.
En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él.
Y se oyó una voz que venía de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.»
A continuación, el Espíritu le empuja al desierto,
y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían.
Después que Juan fue entregado, marchó Yeshúa a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Elohim:
«El tiempo se ha cumplido y el Reino de Elohim está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.»
Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores.
Yeshúa les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres.»
Al instante, dejando las redes, le siguieron.
Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes;
y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.
Llegan a Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar.
Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar:
«¿Qué tenemos nosotros contigo, Yeshúa de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Elohim.»
Yeshúa, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él.»
Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él.
Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen.»
Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.
Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella.
Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.
Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados;
la ciudad entera estaba agolpada a la puerta.
Yeshúa curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración.
Simón y sus compañeros fueron en su busca;
al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan.»
El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.»
Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.
Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme.»
Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.»
Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio.
Le despidió al instante prohibiéndole severamente:
«Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.»
Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Yeshúa presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes.
Tehilim 60
Del maestro de coro. Según «El lirio del testimonio». A media voz. De David. Para enseñar.
Cuando luchó contra Aram de Naharáyim y Aram de Sobá, y Joab, de vuelta, derrotó a Edom, en el valle de la Sal: doce mil hombres.
Nos has rechazado, oh Elohim, nos has deshecho, estabas irritado, ¡oh, vuélvete a nosotros!
Has sacudido la tierra, la has hendido; sana sus grietas, pues se desmorona.
Hiciste ver a tu pueblo duras pruebas, nos diste a beber vino de vértigo.
Diste a los que le temen la señal para que pudiesen escapar del arco.
Para que tus amados salgan libres, ¡salva con tu diestra, respóndenos!
Ha hablado Elohim en su santuario: «Ya exulto, voy a repartir a Siquem, a medir el valle de Sukkot.
«Mío es Galaad, mío Manasés, Efraím, yelmo de mi cabeza, Judá, mi cetro,
«Moab, la vasija en que me lavo. Sobre Edom tiro mi sandalia. ¡Canta, pues, victoria contra mí, Filistea!»
¿Quién me conducirá hasta la plaza fuerte, quién me guiará hasta Edom?
¿No eres tú, oh Elohim, que nos has rechazado, y ya no sales, oh Elohim, con nuestras tropas?
Danos ayuda contra el adversario, que es vano el socorro del hombre.
¡Con Elohim hemos de hacer proezas, y él hollará a nuestros adversarios!

