Parashot 8 de febrero 2025
Isaías 47-48, Hechos 1-2 y Tehilim 91
Isaías 47
Baja, siéntate en el polvo, virgen, hija de Babel! ¡Siéntate en tierra, destronada, hija de los caldeos! Ya no se te volverá a llamar la dulce, la exquisita.
Toma el molino y muele la harina. Despójate de tu velo, descubre la cola de tu vestido, desnuda tus piernas y vadea los ríos.
Descubre tu desnudez y se vean tus vergüenzas. Voy a vengarme y nadie intervendrá.
Nuestro redentor, cuyo nombre es Yahweh Sebaot, el Santo de Israel, dice:
Siéntate en silencio y entra en la tiniebla, hija de los caldeos, que ya no se te volverá a llamar señora de reinos.
Irritado estaba yo contra mi pueblo, había profanado mi heredad y en tus manos los había entregado; pero tú no tuviste piedad de ellos; hiciste caer pesadamente tu yugo sobre el anciano.
Tú decías: «Seré por siempre la señora eterna.» No has meditado esto en tu corazón no te has acordado de su fin.
Pero ahora, voluptuosa, escucha esto, tú que te sientas en seguro y te dices en tu corazón: «¡Yo, y nadie más! No seré viuda, ni sabré lo que es carecer de hijos.»
Estas dos desgracias vendrán sobre ti en un instante, en el mismo día. Carencia de hijos y viudez caerán súbitamente sobre ti, a pesar de tus numerosas hechicerías y del poder de tus muchos sortilegios.
Te sentías segura en tu maldad, te decías: «Nadie me ve.» Tu sabiduría y tu misma ciencia te han desviado. Dijiste en tu corazón: «¡Yo, y nadie más!»
Vendrá sobre ti una desgracia que no sabrás conjurar; caerá sobre ti un desastre que no podrás evitar. Vendrá sobre ti súbitamente una devastación que no sospechas.
¡Quédate, pues, con tus sortilegios y tus muchas hechicerías con que te fatigas desde tu juventud! ¿Te podrán servir de algo? ¿Acaso harás temblar?
Te has cansado de tus planes. Que se presenten, pues, y que te salven los que describen los cielos, los que observan las estrellas y hacen saber, en cada mes, lo que te sucederá.
Mira, ellos serán como tamo que el fuego quemará. No librarán sus vidas del poder de las llamas. No serán brasas para el pan ni llama ante la cual sentarse.
Eso serán para ti tus hechiceros por los que te has fatigado desde tu juventud. Cada uno errará por su camino, y no habrá quien te salve."
Isaías 48
Escucha esto, casa de Jacob, los que lleváis el nombre de Israel, los que habéis salido de las aguas de Judá. Los que juráis por el nombre de Yahweh, los que invocáis al Elohim de Israel, mas no según verdad y justicia.
Porque lleváis el nombre de la ciudad santa y os apoyáis en el Elohim de Israel, cuyo nombre es Yahweh Sebaot.
Yo anuncié desde hace tiempo las cosas pasadas, salieron de mi boca y las di a conocer; de pronto, las hice y se cumplieron.
Yo sabía que tú eres obstinado, que es tu cerviz una barra de hierro y tu frente de bronce.
Por eso te anuncié las cosas hace tiempo y antes que ocurrieran te las di a conocer, no sea que dijeras: «Las hizo mi ídolo, mi estatua, mi imagen fundida lo ordenó.»
Tú has oído todo esto, ¿no vas a admitirlo? Ahora te hago saber cosas nuevas, secretas, no sabidas,
que han sido creadas ahora, no hace tiempo, de las que hasta ahora nada oíste, para que no puedas decir: «Ya lo sabía.»
Ni las oíste ni las hiciste ni de antemano te fue abierto el oído, pues sé muy bien que tú eres pérfido y se te llama rebelde desde el seno materno.
Por amor de mi nombre retardé mi cólera, a causa de mi alabanza me contuve para no arrancarte.
Mira que te he apurado, y no había en ti plata, te he probado en el crisol de la desgracia.
Por mí, por mí, lo hago, pues ¿cómo mi nombre sería profanado? No cederé a otro mi gloria.
Escúchame, Jacob, Israel, a quien llamé: Yo soy, yo soy el primero y también soy el último.
Sí, es mi mano la que fundamentó la tierra y mi diestra la que extendió los cielos. Yo los llamo y todos se presentan.
Reuníos todos y escuchad: ¿Quién de entre ellos anunció estas cosas? «Mi amigo cumplirá mi deseo contra Babilonia y la raza de los caldeos.»
Yo mismo le he hablado, le he llamado, le he hecho que venga y triunfe en sus empresas.
Acercaos a mí y escuchad esto: Desde el principio no he hablado en oculto, desde que sucedió estoy yo allí. Y ahora el Señor Yahweh me envía con su Ruaj.
Así dice Yahweh, tu redentor, el Santo de Israel. Yo, Yahweh, tu Elohim, te instruyo en lo que es provechoso y te marco el camino por donde debes ir.
¡Si hubieras atendido a mis mandatos, tu dicha habría sido como un río y tu victoria como las olas del mar!
¡Tu raza sería como la arena los salidos de ti como sus granos! ¡Nunca habría sido arrancado ni borrado de mi presencia su nombre!
¡Salid de Babilonia! ¡Huid de los caldeos! ¡Anunciad con voz de júbilo, hacedlo saber, proclamad hasta el extremo de la tierra, decid: Yahweh ha rescatado a su siervo Jacob!
No padecieron sed en los sequedales a donde los llevó; hizo brotar para ellos agua de la roca. Rompió la roca y corrieron las aguas.
No hay paz para los malvados, dice Yahweh."
Hechos 1
El primer libro lo escribí, Teófilo, sobre todo lo que Yeshúa hizo y enseñó desde un principio
hasta el día en que, después de haber dado instrucciones por medio del Ruaj HaKodesh Santo a los apóstoles que había elegido, fue llevado al cielo.
A estos mismos, después de su pasión, se les presentó dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca de lo referente al Reino de Elohim.
Mientras estaba comiendo con ellos, les mandó que no se ausentasen de Jerusalén, sino que aguardasen la Promesa del Padre, «que oísteis de mí:
Que Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en el Ruaj HaKodesh Santo dentro de pocos días».
Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?»
El les contestó: «A vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad,
sino que recibiréis la fuerza del Ruaj HaKodesh Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.»
Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos.
Estando ellos mirando fijamente al cielo mientras se iba, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco
que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este que os ha sido llevado, este mismo Yeshúa, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo.»
Entonces se volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que dista poco de Jerusalén, el espacio de un camino sabático.
Y cuando llegaron subieron a la estancia superior, donde vivían, Pedro, Juan, Santiago y Andrés; Felipe y Tomás; Bartolomé y Mateo; Santiago de Alfeo, Simón el Zelotes y Judas de Santiago.
Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo Ruaj en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Yeshúa, y de sus hermanos.
Uno de aquellos días Pedro se puso en pie en medio de los hermanos - el número de los reunidos era de unos ciento veinte - y les dijo:
«Hermanos, era preciso que se cumpliera la Escritura en la que el Ruaj HaKodesh Santo, por boca de David, había hablado ya acerca de Judas, el que fue guía de los que prendieron a Yeshúa.
Porque él era uno de los nuestros y obtuvo un puesto en este ministerio.
Este, pues, compró un campo con el precio de su iniquidad, y cayendo de cabeza, se reventó por medio y se derramaron todas sus entrañas. -
Y esto fue conocido por todos los habitantes de Jerusalén de forma que el campo se llamó en su lengua Haqueldamá, es decir: "Campo de Sangre" -
Pues en el libro de los Salmos está escrito: Quede su majada desierta, y no haya quien habite en ella. Y también: Que otro reciba su cargo.
«Conviene, pues, que de entre los hombres que anduvieron con nosotros todo el tiempo que el Señor Yeshúa convivió con nosotros,
a partir del bautismo de Juan hasta el día en que nos fue llevado, uno de ellos sea constituido testigo con nosotros de su resurrección.»
Presentaron a dos: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías.
Entonces oraron así: «Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de estos dos has elegido,
para ocupar en el ministerio del apostolado el puesto del que Judas desertó para irse adonde le correspondía.»
Echaron suertes y la suerte cayó sobre Matías, que fue agregado al número de los doce apóstoles."
Hechos 2
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar.
De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban.
Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos;
quedaron todos llenos del Ruaj HaKodesh Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Ruaj les concedía expresarse.
Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo.
Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su propia lengua.
Estupefactos y admirados decían: «¿Es que no son galileos todos estos que están hablando?
Pues ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa?
Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia,
Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos,
judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Elohim.»
Todos estaban estupefactos y perplejos y se decían unos a otros: «¿Qué significa esto?»
Otros en cambio decían riéndose: «¡Están llenos de mosto!»
Entonces Pedro, presentándose con los Once, levantó su voz y les dijo: «Judíos y habitantes todos de Jerusalén: Que os quede esto bien claro y prestad atención a mis palabras:
No están éstos borrachos, como vosotros suponéis, pues es la hora tercia del día,
sino que es lo que dijo el profeta:
Sucederá en los últimos días, dice Elohim: Derramaré mi Ruaj sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños.
Y yo sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Ruaj .
Haré prodigios arriba en el cielo y señales abajo en la tierra.
El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes de que llegue el Día grande del Señor.
Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.
«Israelitas, escuchad estas palabras: A Yeshúa, el Nazoreo, hombre acreditado por Elohim entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Elohim hizo por su medio entre vosotros, como vosotros mismos sabéis,
a éste, que fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Elohim, vosotros le matasteis clavándole en la cruz por mano de los impíos;
a éste, pues, Elohim le resucitó librándole de los dolores del Hades, pues no era posible que quedase bajo su dominio;
porque dice de él David: Veía constantemente al Señor delante de mí, puesto que está a mi derecha, para que no vacile.
Por eso se ha alegrado mi corazón y se ha alborozado mi lengua, y hasta mi carne reposará en la esperanza
de que no abandonarás mi alma en el Hades ni permitirás que tu santo experimente la corrupción.
Me has hecho conocer caminos de vida, me llenarás de gozo con tu rostro.
«Hermanos, permitidme que os diga con toda libertad cómo el patriarca David murió y fue sepultado y su tumba permanece entre nosotros hasta el presente.
Pero como él era profeta y sabía que Elohim le había asegurado con juramento que se sentaría en su trono un descendiente de su sangre,
vio a lo lejos y habló de la resurrección de Cristo, que ni fue abandonado en el Hades ni su carne experimentó la corrupción.
A este Yeshúa Elohim le resucitó; de lo cual todos nosotros somos testigos.
Y exaltado por la diestra de Elohim, ha recibido del Padre el Ruaj HaKodesh Santo prometido y ha derramado lo que vosotros veis y oís.
Pues David no subió a los cielos y sin embargo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra
hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies.
«Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Elohim ha constituido Señor y Mesías a este Yeshúa a quien vosotros habéis crucificado.»
Al oír esto, dijeron con el corazón compungido a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué hemos de hacer, hermanos?»
Pedro les contestó: «Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Ruaj HaKodesh Santo;
pues la Promesa es para vosotros y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos, para cuantos llame el Señor Elohim nuestro.»
Con otras muchas palabras les conjuraba y les exhortaba: «Salvaos de esta generación perversa.»
Los que acogieron su Palabra fueron bautizados. Aquel día se les unieron unas 3.000 almas.
Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones.
El temor se apoderaba de todos, pues los apóstoles realizaban muchos prodigios y señales.
Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común;
vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno.
Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo Ruaj , partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón.
Alababan a Elohim y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar."
Tehilim 91
El que mora en el secreto de Elyón pasa la noche a la sombra de Sadday,
diciendo a Yahweh: «¡Mi refugio y fortaleza, mi Elohim, en quien confío!»
Que él te libra de la red del cazador, de la peste funesta;
con sus plumas te cubre, y bajo sus alas tienes un refugio: escudo y armadura es su verdad.
No temerás el terror de la noche, ni la saeta que de día vuela,
ni la peste que avanza en las tinieblas, ni el azote que devasta a mediodía.
Aunque a tu lado caigan mil y diez mil a tu diestra, a ti no ha de alcanzarte.
Basta con que mires con tus ojos, verás el galardón de los impíos,
tú que dices: «¡Mi refugio es Yahweh!», y tomas a Elyón por defensa.
No ha de alcanzarte el mal, ni la plaga se acercará a tu tienda;
que él dará orden sobre ti a sus ángeles de guardarte en todos tus caminos.
Te llevarán ellos en sus manos, para que en piedra no tropiece tu pie;
pisarás sobre el león y la víbora, hollarás al leoncillo y al dragón.
Pues él se abraza a mí, yo he de librarle; le exaltaré, pues conoce mi nombre.
Me llamará y le responderé; estaré a su lado en la desgracia, le libraré y le glorificaré.
Hartura le daré de largos días, y haré que vea mi salvación.

