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Parashot 8 de octubre 2022

Parashot 8 de octubre 2022

Ester 14–15, Hechos 17–18 y Tehilim 119

Ester 14

  1. Por su parte, la reina Ester se refugió en el Señor, presa de mortal angustia.

  2. Despojándose de sus magníficos vestidos, se vistió de angustia y duelo. En vez de exquisitos perfumes, echó sobre su cabeza ceniza y suciedad, humilló su cuerpo hasta el extremo, encubrió, con sus desordenados cabellos la gozosa belleza de su cuerpo,

  3. y suplicó al Señor, Yahweh de Israel, diciendo: «Mi Señor Yahweh nuestro, tú eres único. Ven en mi socorro, que estoy sola y no tengo socorro sino en ti,

  4. y mi vida está en peligro.

  5. Yo oí desde mi infancia, en mi tribu paterna, que tú, Señor, elegiste a Israel de entre todos los pueblos, y a nuestros padres de entre todos sus mayores para ser herencia tuya para siempre cumpliendo en su favor cuanto dijiste.

  6. Ahora hemos pecado en tu presencia y nos has entregado a nuestros enemigos

  7. porque hemos honrado a sus dioses. ¡Justo eres, Señor!

  8. Mas no se han contentado con nuestra amarga esclavitud, sino que han puesto sus manos en las manos de sus ídolos

  9. para borrar el decreto de tu boca y destruir tu heredad; para cerrar las bocas que te alaban y apagar la gloria de tu Casa y de tu altar;

  10. para abrir las bocas de las gentes en alabanza de sus dioses y admirar eternamente a un rey de carne.

  11. No entregues, Señor, tu cetro a los que son nada; que no se regocijen por nuestra caída, mas vuelve en contra de ellos sus deseos, y el primero que se alzó contra nosotros has que sirva de escarmiento.

  12. Acuérdate, Señor, y date a conocer en el día de nuestra aflicción; y dame a mí valor, rey de los dioses y señor de toda autoridad.

  13. Pon en mis labios palabras armoniosas cuando esté en presencia del león; vuelve el odio de su corazón contra el que nos combate para ruina suya y de los que piensan como él.

  14. Libranos con tus manos y acude en mi socorro, que estoy sola, y a nadie tengo, sino a ti, Señor.

  15. Tú que conoces todas las cosas, sabes que odio la gloria de los malos, que aborrezco el lecho incircunciso y el de todo extranjero.

  16. Tú sabes bien la necesidad en que me hallo, que me asquean los emblemas de grandeza que ciñen mi frente los días de gala como asquea el paño menstrual, y que no me los pongo en días de retiro.

  17. Que tu sierva no ha comido a la mesa de Amán, que no he tenido a honra los regios festines, ni bebido el vino de las libaciones.

  18. Que no tuvo tu sierva instante de alegría, desde su encumbramiento hasta el día de hoy, sino sólo en ti, Señor Yahweh de Abraham.

  19. Oh Adonay, que dominas a todos, oye el clamor de los desesperados, libranos del poder de los malvados y librame a mí de mi temor.

Ester 15

  1. «Acuérdate, le mandó a decir, de cuando eras pequeña y recibías el alimento de mi mano. Porque Amán, el segundo después del rey, ha sentenciado nuestra muerte.

  2. Ora al Señor, habla al rey en favor nuestro y libranos de la muerte.»

  3. Al tercer día, y una vez acabada su oración, se despojó de sus vestidos de orante y se revistió de reina.

  4. Recobrada su espléndida belleza, invocó a Yahweh, que vela sobre todos y los salva, y tomando a dos siervas,

  5. se apoyó blandamente en una de ellas,

  6. mientras la otra la seguía alzando el ruedo del vestido.

  7. Iba ella resplandeciente, en el apogeo de su belleza, con rostro alegre como de una enamorada, aunque su corazón estaba oprimido por la angustia.

  8. Franqueando todas las puertas, llegó hasta la presencia del rey; estaba el rey sentado en el trono real, revestido de las vestiduras de las ceremonias públicas, cubierto de oro y piedras preciosas y con aspecto verdaderamente impresionante.

  9. Alzando su rostro, resplandeciente de gloria, lanzó una mirada tan colmada de ira que la reina se desvaneció; perdió el color y apoyó la cabeza sobre la sierva que la precedía.

  10. Mudó entonces Adonay el corazón del rey en dulzura, angustiado se precipitó del trono y la tomó en sus brazos y en tanto ella se recobraba, le dirigía dulces palabras,

  11. diciendo: «¿Qué ocurre, Ester? Yo soy tu hermano, ten confianza.

  12. No morirás, pues mi mandato alcanza sólo al común de las gentes.

  13. Acércate.»

  14. Ella respondió: «Te he visto, señor, como a un ángel de Yahweh y mi corazón se turbó ante el temor de tu gloria.

  15. Porque eres admirable, señor, y tu rostro está lleno de dignidad.»

  16. Y al decir esto, se desmayó de nuevo.

  17. El rey se turbó, y todos sus cortesanos se esforzaron por reanimarla.

Hechos 17

  1. Atravesando Anfípolis y Apolonia llegaron a Tesalónica, donde los judíos tenían una sinagoga.

  2. Pablo, según su costumbre, se dirigió a ellos y durante tres sábados discutió con ellos basándose en las Escrituras,

  3. explicándolas y probando que Yeshúa tenía que padecer y resucitar de entre los muertos y que «este Yeshúa HaMashiaj, a quien yo os anuncio».

  4. Algunos de ellos se convencieron y se unieron a Pablo y Silas así como una gran multitud de los que adoraban a Yahweh y de griegos y no pocas de las mujeres principales.

  5. Pero los judíos, llenos de envidia, reunieron a gente maleante de la calle, armaron tumultos y alborotaron la ciudad. Se presentaron en casa de Jasón buscándolos para llevarlos ante el pueblo.

  6. Al no encontrarlos, arrastraron a Jasón y a algunos hermanos ante los magistrados de la ciudad gritando: «Esos que han revolucionado todo el mundo se han presentado también aquí,

  7. y Jasón les ha hospedado. Además todos ellos van contra los decretos del César y afirman que hay otro rey, Yeshúa»

  8. Al oír esto, el pueblo y los magistrados de la ciudad se alborotaron.

  9. Pero después de recibir una fianza de Jasón y de los demás, les dejaron ir.

  10. Inmediatamente, por la noche, los hermanos enviaron hacia Berea a Pablo y Silas. Ellos, al llegar allí, se fueron a la sinagoga de los judíos.

  11. Estos eran de un natural mejor que los de Tesalónica, y aceptaron la palabra de todo corazón. Diariamente examinaban las Escrituras para ver si las cosas eran así.

  12. Creyeron, pues, muchos de ellos y, entre los griegos, mujeres distinguidas y no pocos hombres.

  13. Pero cuando los judíos de Tesalónica se enteraron de que también en Berea había predicado Pablo la Palabra de Yahweh, fueron también allá, y agitaron y alborotaron a la gente.

  14. Los hermanos entonces hicieron marchar a toda prisa a Pablo hasta el mar; Silas y Timoteo se quedaron allí.

  15. Los que conducían a Pablo le llevaron hasta Atenas y se volvieron con una orden para Timoteo y Silas de que fueran donde él lo antes posible.

  16. Mientras Pablo les esperaba en Atenas, estaba interiormente indignado al ver la ciudad llena de ídolos.

  17. Discutía en la sinagoga con los judíos y con los que adoraban a Yahweh; y diariamente en el ágora con los que por allí se encontraban.

  18. Trababan también conversación con él algunos filósofos epicúreos y estoicos. Unos decían: «¿Qué querrá decir este charlatán?» Y otros: «Parece ser un predicador de divinidades extranjeras.» Porque anunciaba a Yeshúa y la resurrección.

  19. Le tomaron y le llevaron al Areópago; y le dijeron: «¿Podemos saber cuál es esa nueva doctrina que tú expones?

  20. Pues te oímos decir cosas extrañas y querríamos saber qué es lo que significan.»

  21. Todos los atenienses y los forasteros que allí residían en ninguna otra cosa pasaban el tiempo sino en decir u oír la última novedad.

  22. Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo: «Atenienses, veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la divinidad.

  23. Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en el que estaba grabada esta inscripción: «Al dios desconocido.» Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar.

  24. «El Poderoso que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por manos humanas,

  25. ni es servido por manos humanas, como si de algo estuviera necesitado, el que a todos da la vida, el aliento y todas las cosas.

  26. El creó, de un solo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra fijando los tiempos determinados y los límites del lugar donde habían de habitar,

  27. con el fin de que buscasen la divinidad, para ver si a tientas la buscaban y la hallaban; por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros;

  28. pues en él vivimos, nos movemos y existimos, como han dicho algunos de vosotros: “Porque somos también de su linaje.”

  29. «Si somos, pues, del linaje de Yahweh, no debemos pensar que la divinidad sea algo semejante al oro, la plata o la piedra, modelados por el arte y el ingenio humano.

  30. «Yahweh, pues, pasando por alto los tiempos de la ignorancia, anuncia ahora a los hombres que todos y en todas partes deben convertirse,

  31. porque ha fijado el día en que va a juzgar al mundo según justicia, por el hombre que ha destinado, dando a todos una garantía al resucitarlo de entre los muertos.»

  32. Al oír la resurrección de los muertos, unos se burlaron y otros dijeron: «Sobre esto ya te oiremos otra vez.»

  33. Así salió Pablo de en medio de ellos.

  34. Pero algunos hombres se adhirieron a él y creyeron, entre ellos Dionisio Areopagita, una mujer llamada Damaris y algunos otros con ellos.

Hechos 18

  1. Después de esto marchó de Atenas y llegó a Corinto.

  2. Se encontró con un judío llamado Aquila, originario del Ponto, que acababa de llegar de Italia, y con su mujer Priscila, por haber decretado Claudio que todos los judíos saliesen de Roma; se llegó a ellos

  3. y como era del mismo oficio, se quedó a vivir y a trabajar con ellos. El oficio de ellos era fabricar tiendas.

  4. Cada sábado en la sinagoga discutía, y se esforzaba por convencer a judíos y griegos.

  5. Cuando llegaron de Macedonia Silas y Timoteo, Pablo se dedicó enteramente a la Palabra, dando testimonio ante los judíos de que el mesias era Yeshúa.

  6. Como ellos se opusiesen y profiriesen blasfemias, sacudió sus vestidos y les dijo: «Vuestra sangre recaiga sobre vuestra cabeza; yo soy inocente y desde ahora me dirigiré a los gentiles.»

  7. Entonces se retiró de allí y entró en casa de un tal Justo, que adoraba a Yahweh, cuya casa estaba contigua a la sinagoga.

  8. Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y otros muchos corintios al oír a Pablo creyeron y recibieron el bautismo.

  9. El Señor dijo a Pablo durante la noche en una visión: «No tengas miedo, sigue hablando y no calles;

  10. porque yo estoy contigo y nadie te pondrá la mano encima para hacerte mal, pues tengo yo un pueblo numeroso en esta ciudad.»

  11. Y permaneció allí un año y seis meses, enseñando entre ellos la Palabra de Yahweh.

  12. Siendo Galión procónsul de Acaya se echaron los judíos de común acuerdo sobre Pablo y le condujeron ante el tribunal

  13. diciendo: «Este persuade a la gente para que adore a Yahweh de una manera contraria a la Ley.»

  14. Iba Pablo a abrir la boca cuando Galión dijo a los judíos: «Si se tratara de algún crimen o mala acción, yo os escucharía, judíos, con calma, como es razón.

  15. Pero como se trata de discusiones sobre palabras y nombres y cosas de vuestra Ley, allá vosotros. Yo no quiero ser juez en estos asuntos.»

  16. Y los echó del tribunal.

  17. Entonces todos ellos agarraron a Sóstenes, el jefe de la sinagoga, y se pusieron a golpearlo ante el tribunal sin que a Galión le diera esto ningún cuidado.

  18. Pablo se quedó allí todavía bastantes días; después se despidió de los hermanos y se embarcó rumbo a Siria; con él iban Priscila y Aquila. En Cencreas se había cortado el pelo porque tenía hecho un voto.

  19. Arribaron a Efeso y allí se separó de ellos. Entró en la sinagoga y se puso a discutir con los judíos.

  20. Le rogaron que se quedase allí más tiempo, pero no accedió,

  21. sino que se despidió diciéndoles: «Volveré a vosotros otra vez, si Yahweh quiere.» Y embarcándose marchó de Efeso.

  22. Desembarcó en Cesarea, subió a saludar a la Iglesia y después bajó a Antioquía.

  23. Después de pasar allí algún tiempo marchó a recorrer una tras otra las regiones de Galacia y Frigia para fortalecer a todos los discípulos.

  24. Un judío, llamado Apolo, originario de Alejandría, hombre elocuente, que dominaba las Escrituras, llegó a Efeso.

  25. Había sido instruido en el Camino del Señor y con fervor de espíritu hablaba y enseñaba con todo esmero lo referente a Yeshúa, aunque solamente conocía el bautismo de Juan.

  26. Este, pues, comenzó a hablar con valentía en la sinagoga. Al oírle Aquila y Priscila, le tomaron consigo y le expusieron más exactamente el Camino.

  27. Queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron a ello y escribieron a los discípulos para que le recibieran. Una vez allí fue de gran provecho, con el auxilio de la gracia, a los que habían creído;

  28. pues refutaba vigorosamente en público a los judíos, demostrando por las Escrituras que el mesias era Yeshúa.

Tehilim 119

1 Alef Dichosos los que van por camino perfecto, los que proceden en la ley de Yahweh.

2 Dichosos los que guardan sus dictámenes, los que le buscan de todo corazón,

3 y los que, sin cometer iniquidad, andan por sus caminos.

4 Tú tus ordenanzas promulgaste, para que sean guardadas cabalmente.

5 ¡Ojalá mis caminos se aseguren para observar tus preceptos!

6 Entonces no tendré vergüenza alguna al mirar a todos tus mandamientos.

7 Con rectitud de corazón te daré gracias, al aprender tus justos juicios.

8 Tus preceptos, los observaré, no me abandones tú del todo.

9 Bet. ¿Cómo el joven guardará puro su camino? Observando tu palabra.

10 De todo corazón ando buscándote, no me desvíes de tus mandamientos.

11 Dentro del corazón he guardado tu promesa, para no pecar contra ti.

12 Bendito tú, Yahweh, enséñame tus preceptos.

13 Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca.

14 En el camino de tus dictámenes me recreo más que en toda riqueza.

15 En tus ordenanzas quiero meditar y mirar a tus caminos.

16 En tus preceptos tengo mis delicias, no olvido tu palabra.

17 Guímel. Haz merced a tu siervo y viviré. y guardaré tu palabra.

18 Abre mis ojos para que contemple las maravillas de tu ley.

19 Un forastero soy sobre la tierra, tus mandamientos no me ocultes.

20 Mi alma se consume deseando tus juicios en todo tiempo.

21 Tú increpas a los soberbios, los malditos, que se desvían de tus mandamientos.

22 Echa lejos de mí oprobio y menosprecio, porque he guardado tus dictámenes.

23 Aunque los príncipes hablen en sesión contra mí, tu servidor medita en tus preceptos.

24 Tus dictámenes hacen mis delicias, mis consejeros, tus preceptos.

25 Dálet. Mi alma está pegada al polvo, hazme vivir conforme a tu palabra.

26 Mis caminos expuse, y tú me respondiste, enséñame tus preceptos.

27 Hazme entender el camino de tus ordenanzas, y meditaré en tus maravillas.

28 Se va en lágrimas mi alma por el tedio, sosténme conforme a tu palabra.

29 Aléjame del camino de mentira, y dame la gracia de tu ley,

30 He escogido el camino de la lealtad, a tus juicios me conformo.

31 A tus dictámenes me mantengo adherido, no me confundas, tú, Yahweh.

32 Corro por el camino de tus mandamientos, pues tú mi corazón dilatas.

33 He. Enséñame, Yahweh, el camino de tus preceptos, yo lo quiero guardar en recompensa.

34 Hazme entender, para guardar tu ley y observarla de todo corazón.

35 Llévame por la senda de tus mandamientos porque mi complacencia tengo en ella.

36 Inclina mi corazón hacia tus dictámenes, y no a ganancia injusta.

37 Aparta mis ojos de mirar vanidades, por tu palabra vivifícame.

38 Mantén a tu siervo tu promesa, que conduce a tu temor.

39 Aparta de mí el oprobio que me espanta, pues son buenos tus juicios.

40 Mira que deseo tus ordenanzas, hazme vivir por tu justicia.

41 Vau. ¡Llegue hasta mí tu amor, Yahweh, tu salvación, conforme a tu promesa!

42 Y daré respuesta al que me insulta, porque confio en tu palabra.

43 No quites de mi boca la palabra de verdad, porque espero en tus juicios.

44 Yo observaré sin descanso tu ley para siempre jamás.

45 Y andaré por camino anchuroso, porque tus ordenanzas voy buscando.

46 De tus dictámenes hablaré ante los reyes, y no tendré que avergonzarme.

47 Y me deleitaré en tus mandamientos, que amo mucho.

48 Tiendo mis manos hacia tus mandamientos, en tus preceptos medito.

49 Zain. Recuerda la palabra dada a tu servidor, de la que has hecho mi esperanza.

50 Este es mi consuelo en mi miseria: que tu promesa me da vida.

51 Los soberbios me insultan hasta el colmo, yo no me aparto de tu ley.

52 Me acuerdo de tus juicios de otro tiempo, oh Yahweh, y me consuelo.

53 Me arrebata el furor por los impíos que abandonan tu ley.

54 Tus preceptos son cantares para mí en mi mansión de forastero.

55 Me acuerdo por la noche de tu nombre, Yahweh, quiero guardar tu ley.

56 Esta es mi tarea: guardar tus ordenanzas.

57 Jet. Mi porción, Yahweh, he dicho, es guardar tus palabras.

58 Con todo el corazón busco tu favor, tenme piedad conforme a tu promesa.

59 He examinado mis caminos y quiero volver mis pies a tus dictámenes.

60 Me doy prisa y no me tardo en observar tus mandamientos.

61 Las redes de los impíos me aprisionan, yo no olvido tu ley.

62 Me levanto a medianoche a darte gracias por tus justos juicios.

63 Amigo soy de todos los que te temen y observan tus ordenanzas.

64 De tu amor, Yahweh, está la tierra llena, enséñame tus preceptos.

65 Tet. Has sido generoso con tu siervo, oh Yahweh, conforme a tu palabra.

66 Cordura y sabiduría enséñame, pues tengo fe en tus mandamientos.

67 Antes de ser humillado, me descarriaba, mas ahora observo tu promesa.

68 Tú, que eres bueno y bienhechor, enséñame tus preceptos.

69 Los soberbios me enredan con mentira, yo guardo tus ordenanzas de todo corazón.

70 Como de grasa su corazón está embotado. mas yo en tu ley tengo mis delicias.

71 Un bien para mí ser humillado, para que aprenda tus preceptos.

72 Un bien para mí la ley de tu boca, más que miles de oro y plata.

73 Yod. Tus manos me han hecho y me han formado, hazme entender, y aprenderé tus mandamientos.

74 Los que te temen me ven con alegría, porque espero en tu palabra.

75 Yo sé, Yahweh, que son justos tus juicios, que con lealtad me humillas tú.

76 Sea tu amor consuelo para mí, según tu promesa a tu servidor.

77 Me alcancen tus ternuras y viviré, porque tu ley es mi delicia.

78 Sean confundidos los soberbios que me afligen con mentira, yo en tus ordenanzas medito.

79 Vuélvanse hacia mí los que te temen, los que conocen tus dictámenes.

80 Sea mi corazón perfecto en tus preceptos, para que no sea confundido.

81 Kaf. En pos de tu salvación mi alma languidece, en tu palabra espero.

82 Languidecen mis ojos en pos de tu promesa diciendo: «¿Cuándo vas a consolarme?»

83 Aun hecho igual que un pellejo que se ahúma, de tus preceptos no me olvido.

84 ¿Cuántos serán los días de tu siervo? ¿cuándo harás justicia de mis perseguidores?

85 Los soberbios han cavado fosas para mí en contra de tu ley.

86 Todos tus mandamientos son verdad, con mentira se me persigue, ¡ayúdame!

87 Poco falta para que me borren de la tierra, mas yo tus ordenanzas no abandono.

88 Según tu amor dame la vida, y guardaré el dictamen de tu boca.

89 Lámed. Para siempre, Yahweh, tu palabra, firme está en los cielos.

90 Por todas las edades tu verdad, tú fijaste la tierra, ella persiste.

91 Por tus juicios subsiste todo hasta este día, pues toda cosa es sierva tuya.

92 Si tu ley no hubiera sido mi delicia, ya habría perecido en mi miseria.

93 Jamás olvidaré tus ordenanzas, por ellas tú me das la vida.

94 Tuyo soy, sálvame, pues tus ordenanzas voy buscando.

95 Para perderme me acechan los impíos, yo estoy atento a tus dictámenes.

96 De todo lo perfecto he visto el límite: ¡Qué inmenso es tu mandamiento!

97 Mem. ¡Oh, cuánto amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.

98 Más sabio me haces que mis enemigos por tu mandamiento, que por siempre es mío.

99 Tengo más prudencia que todos mis maestros, porque mi meditación son tus dictámenes.

100 Poseo más cordura que los viejos, porque guardo tus ordenanzas.

101 Retraigo mis pasos de toda mala senda para guardar tu palabra.

102 De tus juicios no me aparto, porque me instruyes tú.

103 ¡Cuán dulce al paladar me es tu promesa, más que miel a mi boca!

104 Por tus ordenanzas cobro inteligencia, por eso odio toda senda de mentira.

105 Nun. Para mis pies antorcha es tu palabra, luz para mi sendero.

106 He jurado, y he de mantenerlo, guardar tus justos juicios.

107 Humillado en exceso estoy, Yahweh, dame la vida conforme a tu palabra.

108 Acepta los votos de mi boca, Yahweh, y enséñame tus juicios.

109 Mi alma está en mis manos sin cesar, mas no olvido tu ley.

110 Me tienden un lazo los impíos, mas yo no me desvío de tus ordenanzas.

111 Tus dictámenes son mi herencia por siempre, ellos son la alegría de mi corazón.

112 Inclino mi corazón a practicar tus preceptos, recompensa por siempre.

113 Sámek. Aborrezco la doblez y amo tu ley.

114 Mi refugio y mi escudo eres tú, yo espero en tu palabra.

115 ¡Apartaos de mí, malvados, quiero guardar los mandamientos de mi Adonay!

116 Sosténme conforme a tu promesa, y viviré, no defraudes mi esperanza.

117 Sé tú mi apoyo, y seré salvo, y sin cesar tendré a la vista tus preceptos.

118 Tú deshaces a todos los que se desvían de tus preceptos, mentira es su astucia.

119 Tienes por escoria a todos los impíos de la tierra, por eso amo yo tus dictámenes.

120 Por tu terror tiembla mi carne, de tus juicios tengo miedo.

121 Ain. Juicio y justicia he practicado, a mis opresores no me entregues.

122 Sé fiador de tu siervo para el bien, no me opriman los soberbios.

123 En pos de tu salvación languidecen mis ojos, tras tu promesa de justicia.

124 Según tu amor trata a tu siervo, enséñame tus preceptos.

125 Yo soy tu servidor, hazme entender, y aprenderé tus dictámenes.

126 Ya es hora de actuar, Yahweh, se ha violado tu ley.

127 Por eso amo yo tus mandamientos más que el oro, más que el oro fino.

128 Por eso me guío por todas tus ordenanzas y odio toda senda de mentira.

129 Pe. Maravillas son tus dictámenes, por eso mi alma los guarda.

130 Al abrirse, tus palabras iluminan dando inteligencia a los sencillos.

131 Abro mi boca franca, y hondo aspiro, que estoy ansioso de tus mandamientos.

132 Vuélvete a mí y tenme piedad, como es justo para los que aman tu nombre.

133 Mis pasos asegura en tu promesa, que no me domine ningún mal.

134 Rescátame de la opresión del hombre, y tus ordenanzas guardaré.

135 Haz que brille tu faz para tu siervo, y enséñame tus preceptos.

136 Mis ojos destilan ríos de lágrimas, porque tu ley no se guarda.

137 Sade. ¡Justo eres tú, Yahweh, y rectitud tus juicios!

138 Con justicia impones tus dictámenes, con colmada verdad.

139 Mi celo me consume, porque mis adversarios olvidan tus palabras.

140 Acendrada en extremo es tu promesa, tu servidor la ama.

141 Pequeño soy y despreciado, mas no olvido tus ordenanzas.

142 Justicia eterna es tu justicia, verdad tu ley.

143 Angustia y opresión me han alcanzado, tus mandamientos hacen mis delicias.

144 Justicia eterna tus dictámenes, hazme entender para que viva.

145 Qof. Invoco con todo el corazón, respóndeme, Yahweh, y guardaré tus preceptos.

146 Yo te invoco, sálvame, y guardaré tus dictámenes.

147 Me adelanto a la aurora y pido auxilio, en tu palabra espero.

148 Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche, a fin de meditar en tu promesa.

149 Por tu amor, Yahweh, escucha mi voz, por tus juicios, vivifícame.

150 Se acercan a la infamia los que me persiguen, se alejan de tu ley.

151 Tú estás cerca, Yahweh, todos tus mandamientos son verdad.

152 De tus dictámenes sé desde hace tiempo que para siempre los fundaste.

153 Res Mira mi aflicción y líbrame, porque tu ley no olvido.

154 Aboga por mi causa tú, rescátame, dame la vida conforme a tu promesa.

155 Lejos de los impíos la salvación, pues no van buscando tus preceptos.

156 Muchas son tus ternuras, Yahwý8eh, por tus juicios, vivifícame.

157 Numerosos mis perseguidores y adversarios, yo no me aparto de tus dictámenes.

158 He visto a los traidores, me disgusta que no guarden tu promesa.

159 Mira que amo tus ordenanzas, Yahweh, dame la vida por tu amor.

160 Es verdad el principio de tu palabra, por siempre, todos tus justos juicios.

161 Sin. Príncipes me persiguen sin razón, mas mi corazón teme tus palabras.

162 Me regocijo en tu promesa como quien halla un gran botín.

163 La mentira detesto y abomino, amo tu ley.

164 Siete veces al día te alabo por tus justos juicios.

165 Mucha es la paz de los que aman tu ley, no hay tropiezo para ellos.

166 Espero tu salvación, Yahweh, tus mandamientos cumplo.

167 Mi alma guarda tus dictámenes, mucho los amo.

168 Guardo tus ordenanzas y dictámenes que ante ti están todos mis caminos.

169 Tau. Mi grito llegue hasta tu faz, Yahweh, por tu palabra dame inteligencia.

170 Mi súplica llegue ante tu rostro, por tu promesa líbrame.

171 Mis labios proclaman tu alabanza, pues tú me enseñas tus preceptos.

172 Mi lengua repita tu promesa, pues todos tus mandamientos son justicia.

173 Venga tu mano en mi socorro, porque tus ordenanzas he escogido.

174 Anhelo tu salvación, Yahweh, tu ley hace mis delicias.

175 Viva mi alma para alabarte, y ayúdenme tus juicios.

176 Me he descarriado como oveja perdida: ven en busca de tu siervo. No, no me olvido de tus mandamientos.