Parashot 9 de julio 2022
Judith 4–5, Juan 12–13 y Tehilim 106
Judith 4
1 Cuando los israelitas que vivían en Judea oyeron todo lo que Holofernes, el comandante en jefe del ejército del rey Nabucodonosor de Asiria, había hecho con las otras naciones, y cómo había saqueado y destruido todos sus templos, 2 se aterrorizaron al pensar lo que podía hacer con Jerusalén y con el templo del Adon su Elohim. 3 Hacía poco que habían vuelto del destierro, y no hacía mucho que todo el pueblo de Judea se había reunido y que habían sido consagrados de nuevo los utensilios, el altar y el templo que habían sido profanados. 4 Así que pusieron sobre aviso a toda la región de Samaria, y a Coná, Bet-horón, Ibleam, Jericó, Cobá, Hasor y el valle de Salem, 5 y se adelantaron a ocupar todas las cumbres de los montes altos; fortificaron con murallas las aldeas que había en aquellos lugares, consiguieron provisiones, y se prepararon para la guerra. Hacía poco que habían recogido las cosechas de sus campos. 6 Joaquín, que era entonces el sumo sacerdote y estaba en Jerusalén, escribió una carta a los habitantes de Betulia y de Betomestaim, frente a Esdrelón, delante de la llanura cerca de Dotán, 7 en la que les decía que ocuparan los lugares de subida a la región montañosa, por donde se entraba en Judea, pues por allí era fácil impedir el avance, ya que el paso era estrecho y sólo podían pasar dos personas a la vez. 8 Los israelitas hicieron lo que el sumo sacerdote Joaquín y los ancianos de todo el pueblo de Israel que vivían en Jerusalén les ordenaron.
9 Todos los israelitas clamaron con gran fervor a Elohim y se humillaron profundamente delante de él. 10 Los hombres, las mujeres, los niños, el ganado, todos los extranjeros que vivían allí, los jornaleros y los esclavos se vistieron con ropas ásperas. 11 Todos los israelitas que vivían en Jerusalén, hombres, mujeres y niños, se inclinaron ante el santuario en actitud de adoración, se echaron ceniza sobre las cabezas, y extendieron sus ropas ásperas delante del Adon. 12 También cubrieron con telas ásperas el altar, y a una voz clamaron con fervor al Elohim de Israel pidiéndole que no permitiera que, para alegría de los paganos, sus niños fueran arrebatados, sus mujeres raptadas, las ciudades de su patria destruidas, y el templo profanado y deshonrado. 13 Y el Adon escuchó sus gritos y tuvo en cuenta su aflicción. En toda Judea y en Jerusalén, el pueblo estuvo ayunando durante muchos días delante del templo del Adon todopoderoso. 14 El sumo sacerdote Joaquín y todos los sacerdotes, que servían en el templo, y los demás que oficiaban ante el Adon, iban vestidos con ropas ásperas mientras ofrecían el holocausto de todos los días, las oraciones y las ofrendas voluntarias del pueblo. 15 Con sus turbantes cubiertos de ceniza, insistentemente pedían al Adon que tuviera misericordia y compasión de todo el pueblo de Israel.
Judith 5
1 Cuando informaron a Holofernes, comandante en jefe del ejército asirio, de que los israelitas se habían preparado para la guerra y habían cerrado los pasos de la región montañosa, fortificando con murallas todas las cumbres de los montes altos, y que habían levantado barreras en las llanuras, 2 se puso terriblemente furioso. Llamó a todos los jefes de Moab, a los generales de Amón y a todos los gobernadores de la costa, 3 y les habló así: «Cananeos, díganme qué pueblo es ése que está establecido en las montañas, cuáles son las ciudades en que vive, qué tan fuerte es su ejército, en qué consisten su fuerza y su poder, cuál es el rey que los gobierna y que manda su ejército, 4 y por qué son ellos el único pueblo de occidente que no quiere salir a recibirme.»
5 Aquior, jefe de todos los amonitas, le respondió: «Si Su Excelencia pone atención a las palabras de éste su servidor, le contaré la verdad acerca de este pueblo que vive en esas montañas cercanas. No le diré ninguna mentira. 6 Ellos son descendientes de los caldeos. 7 Primeramente se establecieron en Mesopotamia, porque no quisieron seguir a los dioses de sus antepasados, que vivían en Caldea. 8 Abandonaron las tradiciones de sus antepasados y adoraron al Elohim del cielo, el Poderoso que ellos reconocen. Por eso los caldeos los expulsaron lejos de la vista de sus propios dioses, y ellos huyeron a Mesopotamia, donde vivieron mucho tiempo. 9 Pero su Poderoso les ordenó salir de aquel lugar e irse al país de Canaán, donde se establecieron y se hicieron sumamente ricos en oro, plata y ganado.
10 »Después hubo hambre en todo el país de Canaán, y ellos bajaron a Egipto y vivieron allí mientras hubo alimentos para ellos. Allá se multiplicaron enormemente, se convirtieron en una nación innumerable. 11 Entonces el rey de Egipto se volvió contra ellos, y los explotó y obligó a trabajar haciendo adobes. Y los humilló y los hizo esclavos. 12 Ellos clamaron a su Poderoso, y él castigó a todo el país de Egipto enviándole plagas incurables. Entonces los egipcios los expulsaron de su tierra. 13 Elohim secó el Mar Rojo para que pudieran pasar, 14 y los guió por el camino del Sinaí y de Cadés-barnea. Expulsaron a todos los que vivían en el desierto, 15 y luego se establecieron en el país de los amorreos. Eran tan fuertes que exterminaron a todos los habitantes de Hesbón. Pasaron el Jordán y ocuparon toda la región montañosa, 16 expulsaron de allí a los cananeos, a los ferezeos, a los jebuseos, a los de Siquem y a todos los gergeseos, y allí vivieron mucho tiempo.
17 »Mientras no pecaron contra Elohim, les fue bien; porque su Poderoso es un Elohim que aborrece la maldad. 18 Pero cuando se apartaron del camino que él les había señalado, sufrieron grandes destrucciones en muchas guerras y fueron llevados cautivos a tierra extraña. El templo de su Elohim fue arrasado, y sus ciudades cayeron en poder de los enemigos. 19 Pero ahora, habiéndose vuelto a su Elohim, han regresado de los lugares donde estaban dispersos y han tomado posesión de Jerusalén, donde está su santo templo, y se han establecido en la región montañosa, que estaba sin habitantes.
20 »Así pues, Excelencia, si este pueblo ha cometido alguna falta y ha pecado contra su Elohim, y si nosotros vemos que ellos han cometido alguna ofensa, podemos marchar a hacerles la guerra. 21 Pero si no hay maldad en este pueblo, Su Excelencia debe dejarlos en paz; de lo contrario, el Adon su Poderoso saldrá en defensa de ellos, y nosotros quedaremos en ridículo delante de todo el mundo.»
22 Cuando Aquior terminó de hablar, todos los que estaban alrededor de la tienda empezaron a protestar. Los oficiales de Holofernes, y toda la gente de la costa y de Moab, amenazaban con hacer pedazos a Aquior. 23 Decían: «Nosotros no tenemos miedo de los israelitas; son un pueblo sin poder e incapaz de dar una fuerte batalla. 24 ¡Avancemos, pues, comandante Holofernes! ¡Todo el ejército de Su Excelencia se tragará vivos a los israelitas!»
Juan 12
1 Seis días antes de pascua, vino Yeshúa a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. 2 Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. 3 Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Yeshúa, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. 4 Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: 5 ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? 6 Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. 7 Entonces Yeshúa dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. 8 Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis.
9 Gran multitud de los judíos supieron entonces que él estaba allí, y vinieron, no solamente por causa de Yeshúa, sino también para ver a Lázaro, a quien había resucitado de los muertos. 10 Pero los principales sacerdotes acordaron dar muerte también a Lázaro, 11 porque a causa de él muchos de los judíos se apartaban y creían en Yeshúa.
12 El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Yeshúa venía a Jerusalén, 13 tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! 14 Y halló Yeshúa un asnillo, y montó sobre él, como está escrito:
No temas, hija de Sion; He aquí tu Rey viene, montado sobre un pollino de asna.
Estas cosas no las entendieron sus discípulos al principio; pero cuando Yeshúa fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él, y de que se las habían hecho.
Y daba testimonio la gente que estaba con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos.
Por lo cual también había venido la gente a recibirle, porque había oído que él había hecho esta señal.
Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él.
20 Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. 21 Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Yeshúa. 22 Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Yeshúa. 23 Yeshúa les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. 24 De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. 25 El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. 26 Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.
27 Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. 28 Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez. 29 Y la multitud que estaba allí, y había oído la voz, decía que había sido un trueno. Otros decían: Un ángel le ha hablado. 30 Respondió Yeshúa y dijo: No ha venido esta voz por causa mía, sino por causa de vosotros. 31 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. 32 Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. 33 Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir. 34 Le respondió la gente: Nosotros hemos oído de la ley, que el Mesías permanece para siempre. ¿Cómo, pues, dices tú que es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del Hombre? 35 Entonces Yeshúa les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va. 36 Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz.
Estas cosas habló Yeshúa, y se fue y se ocultó de ellos. 37 Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; 38 para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo:
Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor?
39 Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: 40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los sane.
41 Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él. 42 Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. 43 Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Elohim.
44 Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; 45 y el que me ve, ve al que me envió. 46 Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. 47 Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. 48 El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. 49 Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. 50 Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho.
Juan 13
1 Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Yeshúa que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. 2 Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, 3 sabiendo Yeshúa que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Elohim, y a Elohim iba, 4 se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. 5 Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. 6 Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? 7 Respondió Yeshúa y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. 8 Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Yeshúa le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. 9 Le dijo Simón Pedro: Señor, no solo mis pies, sino también las manos y la cabeza. 10 Yeshúa le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. 11 Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos.
12 Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? 13 Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. 14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. 15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. 16 De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. 17 Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. 18 No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido; mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. 19 Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy. 20 De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.
21 Habiendo dicho Yeshúa esto, se conmovió en espíritu, y declaró y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. 22 Entonces los discípulos se miraban unos a otros, dudando de quién hablaba. 23 Y uno de sus discípulos, al cual Yeshúa amaba, estaba recostado al lado de Yeshúa. 24 A este, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien hablaba. 25 Él entonces, recostado cerca del pecho de Yeshúa, le dijo: Señor, ¿quién es? 26 Respondió Yeshúa: A quien yo diere el pan mojado, aquel es. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón. 27 Y después del bocado, Satanás entró en él. Entonces Yeshúa le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo más pronto. 28 Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué le dijo esto. 29 Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Yeshúa le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta; o que diese algo a los pobres. 30 Cuando él, pues, hubo tomado el bocado, luego salió; y era ya de noche.
31 Entonces, cuando hubo salido, dijo Yeshúa: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Elohim es glorificado en él. 32 Si Elohim es glorificado en él, Elohim también le glorificará en sí mismo, y en seguida le glorificará. 33 Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir. 34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. 35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.
36 Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Yeshúa le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después. 37 Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti. 38 Yeshúa le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces.
Tehilim 106
Aleluya. Alabad a Yahweh, porque él es bueno; porque para siempre es su misericordia.
¿Quién expresará las poderosas obras de Yahweh? ¿Quién contará sus alabanzas?
Dichosos los que guardan juicio, los que hacen justicia en todo tiempo.
Acuérdate de mí, oh Yahweh, según tu benevolencia para con tu pueblo; visítame con tu salvación,
Para que yo vea el bien de tus escogidos, para que me goce en la alegría de tu nación, y me gloríe con tu heredad.
Pecamos nosotros, como nuestros padres; hicimos iniquidad, hicimos impiedad.
Nuestros padres en Egipto no entendieron tus maravillas; no se acordaron de la muchedumbre de tus misericordias, sino que se rebelaron junto al mar, el Mar Rojo.
Pero él los salvó por amor de su nombre, para hacer notorio su poder.
Reprendió al Mar Rojo y lo secó, y les hizo ir por el abismo como por un desierto.
Los salvó de mano del enemigo, y los rescató de mano del adversario.
Cubrieron las aguas a sus enemigos; no quedó ni uno de ellos.
Entonces creyeron a sus palabras y cantaron su alabanza.
Bien pronto olvidaron sus obras; no esperaron su consejo.
Se entregaron a un deseo desordenado en el desierto; y tentaron a Elohim en la soledad.
Y él les dio lo que pidieron; mas envió mortandad sobre ellos.
Tuvieron envidia de Moisés en el campamento, y contra Aarón, el santo de Yahweh.
Entonces se abrió la tierra y tragó a Datán, y cubrió la compañía de Abiram.
Y se encendió fuego en su junta; la llama quemó a los impíos.
Hicieron becerro en Horeb, se postraron ante una imagen de fundición.
Así cambiaron su gloria por la imagen de un buey que come hierba.
Olvidaron al Elohim de su salvación, que había hecho grandezas en Egipto,
Maravillas en la tierra de Cam, cosas formidables sobre el Mar Rojo.
Y trató de destruirlos, de no haberse interpuesto Moisés su escogido delante de él, a fin de apartar su indignación para que no los destruyese.
Pero aborrecieron la tierra deseable; no creyeron a su palabra,
Antes murmuraron en sus tiendas, y no oyeron la voz de Yahweh.
Por tanto, alzó su mano contra ellos para abatirlos en el desierto,
Y humillar su pueblo entre las naciones, y esparcirlos por las tierras.
Se unieron asimismo a Baal-peor, y comieron los sacrificios de los muertos.
Provocaron la ira de Elohim con sus obras, y se desarrolló la mortandad entre ellos.
Entonces se levantó Finees e hizo juicio, y se detuvo la plaga;
Y le fue contado por justicia de generación en generación para siempre.
También le irritaron en las aguas de Meriba; Y le fue mal a Moisés por causa de ellos
Porque hicieron rebelar a su espíritu, y habló precipitadamente con sus labios.
No destruyeron a los pueblos que Yahweh les dijo;
Antes se mezclaron con las naciones, y aprendieron sus obras,
Y sirvieron a sus ídolos, los cuales fueron causa de su ruina.
Sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios,
Y derramaron la sangre inocente, la sangre de sus hijos y de sus hijas, que ofrecieron en sacrificio a los ídolos de Canaán, y la tierra fue contaminada con sangre.
Se contaminaron así con sus obras, Y se prostituyeron con sus hechos.
Se encendió, por tanto, el furor de Yahweh sobre su pueblo, y abominó su heredad;
Los entregó en poder de las naciones, y se enseñorearon de ellos los que les aborrecían.
Sus enemigos los oprimieron, y fueron quebrantados debajo de su mano.
Muchas veces los libró; mas ellos se rebelaron contra su consejo, y fueron humillados por su maldad.
Con todo, él miraba cuando estaban en angustia, y oía su clamor;
Y se acordaba de su pacto con ellos, y se arrepentía conforme a la muchedumbre de sus misericordias.
Hizo asimismo que tuviesen de ellos misericordia todos los que los tenían cautivos.
Sálvanos, Yahweh Elohim nuestro, y recógenos de entre las naciones, para que alabemos tu santo nombre, para que nos gloriemos en tus alabanzas.
Bendito Yahweh Elohim de Israel.

